José de San Martín, la independencia y el error de Alfredo Cornejo

José de San Martín, la independencia y el error de Alfredo Cornejo

Mariano Saravia, escritor, historiador y magister en Relaciones Internacionales analiza el proceso de independización de Argentina y evalúa como, cuando menos, irrespetuosa la postura del actual diputado nacional Alfredo Cornejo respecto de San Martín y nuestro país.

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Finalmente, aquel 9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán declaraba la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo que luego sería la Argentina.

Fueron fundamentales los dos delegados por Mendoza, Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza, encargados de presionar en el Congreso para cumplir la estrategia política del gobernador de Mendoza, José de San Martín.

Es que San Martín está preparando el Ejército de Los Andes para cruzar la cordillera. No sólo quiere liberar Chile por su conciencia continental y de Patria Grande, sino que además, si no cruzaba él con su ejército, lo harían en sentido contrario los realistas y el proceso político argentino se vería frustrado con una vuelta del antiguo régimen, como había pasado en el mismo Chile, pero también en la Gran Colombia. 

Pero en ese contexto, para San Martín es muy importante llegar a Chile como general de un estado independiente y no como líder de una banda de rebeldes. Por eso le exigía a Godoy Cruz que lograra que el Congreso de Tucumán declarara la independencia. Y de ahí su famosa frase: “Es más fácil que soplar y hacer botella”.

En ese proceso independentista hubo muchos sacrificios, mucha sangre, muchos hombres y mujeres que dieron sus vidas y sus muertes. Un pueblo en armas. Y nadie lo sabe mejor que el pueblo mendocino, corazón de aquel espíritu libre que forjó la independencia de nuestra Patria.

Por eso, no hay que jugar con la palabra independencia, ni faltarle el respeto al sacrificio de tantos y tantas, como viene haciendo el diputado nacional Alfredo Cornejo, desde hace un par de semanas con sus arengas independentistas para Mendoza. 

Sería gracioso si no fuera tan serio y tan grave, aunque hay algo seguro, del ridículo no se vuelve, Cornejo.

Los conceptos de soberanía, de independencia y el derecho de autodeterminación de los pueblos son centrales en la política internacional. Hay que ser serios, leer un poquitito nomás Cornejo, antes de hablar y decir cualquier cosa. 

No es lo mismo Nación que Estado, como no es lo mismo legitimidad que legalidad. Podríamos refutar las barbaridades de Cornejo desde argumentos legales, pero prefiero apelar a la legitimidad y a la idea de pueblo-nación. 

Un pueblo puede querer separarse del Estado al que pertenece por varios motivos: 

-Por desigualdad. Cuando el Estado trata a los integrantes de ese pueblo discriminatoriamente, sobre todo negándoles derechos fundamentales y tratándolos como ciudadanos de segunda. Fue el caso del pueblo argelino, que libró una larga guerra de independencia contra Francia. O el de la India, donde el Mahatma Gandhi al principio luchaba por la igualdad de los indios como ciudadanos del Imperio Británico, y luego directamente por la independencia de su país. 

-Por inseguridad. Cuando el Estado persigue, encarcela y hasta mata a los integrantes de ese pueblo y ellos sienten que ya no están seguros en ese Estado. Es lo que sucedió con algunas ex repúblicas soviéticas pero sobre todo en la ex Yugoslavia, donde bosnios, croatas y eslovenos empezaron a sentirse amenazados. Es lo que hoy pasa con los kurdos perseguidos por el Estado terrorista de Turquía o los palestinos por Israel. 

-Por sentimientos nacionales. Porque la nacionalidad es algo muy distinto a la pertenencia a un Estado, es subjetiva y no se puede imponer a la fuerza. Es lo que aún hoy sucede en Irlanda del Norte, en Escocia y en menor medida en Gales, cuya gente no se siente llamada a seguir compartiendo un destino común con sus históricos opresores, los ingleses. O lo que también sucede con catalanes, vascos y gallegos con respecto a Irlanda. En América latina nomás, tenemos ejemplos de colonialismo típico del siglo XIX en pleno siglo XXI: la Guayana francesa y Puerto Rico, colonia estadounidense. 

Pero ninguna de estas situaciones se dan en Mendoza. Los mendocinos no son argentinos de segunda, tienen todos los derechos que tienen el resto de los ciudadanos.

Los mendocinos no se sienten amenazados por la Argentina, no hay persecuciones étnicas ni raciales por ser mendocinos.

Y los mendocinos no tienen un espíritu nacionalista históricamente distinto al de sentirse argentinos. Muy por el contrario, me animaría que Mendoza está en el corazón del sentimiento de argentinidad, por lo que contamos al principio de esta nota sobre la importancia de San Martín y sus delegados al Congreso de Tucumán, de hace 204 años. 

Por todo eso, Cornejo, deje de faltarle el respeto a San Martín, a Godoy Cruz, a Maza, y a todos y todas las mendocinas y argentinas. A la Patria. 

Mariano Saravia

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