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Cerraron por la crisis el jardín Duende Fló: "Nos vemos obligados a ponerle fin"

Luego de 34 años educando y acompañando a los niños tuvieron que cerrar sus puertas. En la nota Cristina Bieschke, su fundadora, cuenta cómo han sido estos meses y cómo fue tomar esta drástica decisión.
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Duende Fló supo ser uno de los jardines de niños más renombrados de Mendoza, por sus salas pasaron miles de niños que hoy llevan en su memoria recuerdos, canciones y aprendizajes. Sin embargo, hoy es una de los tantos proyectos que deben dejar de funcionar debido a la dura crisis económica que se atraviesa por los meses sin actividad por las restricciones en la pandemia.

“Con una profunda tristeza y a raíz del irreversible daño económico que nos ha ocasionado esta pandemia de COVID-19, nos vemos obligados a cerrar las puertas de nuestro Jardín, después de 34 años de funcionamiento  ininterrumpido”, informa el comunicado publicado en las redes sociales de Duende Fló.

Más de tres décadas junto a miles de familias mendocinas, apostando a la educación, el arte y el acompañamiento pedagógico. Hoy tristemente los delantales se cuelgan, las canciones ya no se escucharan al pasar por la vereda del jardín y el Duende dice adiós.

“Durante todo ese tiempo (...) sostuvimos nuestro proyecto a través de las continuas crisis que se vivieron en nuestro país. Como muchos ya saben, las actuales circunstancias no hicieron más que empeorar un escenario complicado, que ya estábamos atravesando”, agregan en el texto.

La historia de este Duende

Todo comenzó en 1987 cuando, después de algunas experiencias como maestra en escuelas públicas y privadas, Cristina Bieschke sintió que había que poner atención a la etapa de la infancia previa al ingreso a la escolaridad. 

Cuenta Cristina que en esa época las guarderías tenían sólo una función asistencial, “no había mucha valoración de la huella indeleble que queda en los primeros años de vida, que son la oportunidad de acompañar a los niños para que construyan hábitos perdurables y modelos convivenciales indestructibles”. La propuesta la inició con 2 compañera, pero fue Cristina quien quedó como referente del jardín y se desempeñó como directora pedagógica.

En 1992 se incorporó Daniel Allaria, marido en la actualidad de Cristina, “él enriqueció el proyecto, especialmente en lo que consideré desde el comienzo como una de las mejores herramientas para transmitir valores y aprendizajes: la música y el arte en general”. Esto fue lo que marcó la identidad de la propuesta. En promedio pasaron más de 3000 niños y sus familias por Duende Fló

Pantallas y encuentros virtuales, cómo se adaptaron al contexto

Durante la pandemia tuvieron que adecuarse a lo virtual “cosa que personalmente me costó mucho, porque siempre fui una detractora de las pantallas en estas primeras edades”, expresa Cristina y agrega “se transformó  en la única forma de vínculo con los niños, aún con los bebés". 

Nada reemplaza el vínculo que se genera en el día a día, en el abrazo, la mirada y el estar presente físicamente; sin embargo, todo el equipo (maestras, auxiliares y profesores de talleres) lograron mantener el contacto con los niños y sus  familias a través actividades y videos diarios y un encuentro musical semanal para niños y flias.

Una difícil decisión 

“A causa del aislamiento obligatorio y aún con la dificultad que significa la virtualidad en estas primeras edades, hemos sostenido  nuestra tarea desde marzo hasta este momento, esperando alguna señal esperanzadora”, explican en el comunicado desde Duende Fló y agregan que sin otro remedio “a esta altura de los acontecimientos y evaluando las proyecciones epidemiológicas y económicas a futuro, nos vemos obligados a ponerle fin a tantos años de trabajo”.

Desde sus inicios el único ingreso que recibió el jardín fue el de las cuotas de las familias, no contaban con subsidios. Fue en este tiempo de pandemia, que recibieron la ayuda de las ATP (Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción) en forma irregular, no para todo el personal y tampoco fue suficientes para cubrir al menos los sueldos.

Por otro lado comenzaron a experimentar una baja constante en el número de niños inscriptos y numerosos pedidos de reducción en las cuotas, debido a que las familias también vieron afectada su economía. “A todo esto se sumó el pago de los alquileres  de las dos casas donde funcionaba Duende Fló, Afip, servicios, seguros”. Cristina cuenta afligida que resultó “imposible sostener por cuatro meses toda esa estructura, con una deuda irremontable y sin perspectivas de volver a la actividad”. 

Los mensajes de agradecimiento y de acompañamiento se multiplicaron en las redes sociales. "Mis hijos pasaron momentos muy felices junto a Uds, aún cuando uno es adolescente y el otro un adulto recuerdan con mucho cariño su paso por el duende", escribe Marcela. A este mensaje se suma el de Cari "que tristeza inmensa, ya que fue la segunda casa y la segunda familia de mi hija".

Desde el jardín cuentan que sin lugar a dudas se extrañará el contacto diario con los niños, verlos crecer, el contacto con las familias y los compañeros, “no pasará mucho tiempo antes de que busquemos otras maneras de seguir aportando y acompañando a los niños y sus familias”. 

Su tarea nace desde la vocación y pasión por lo que hacen por eso Cristina Bieschke no duda en afirmar “aunque este formato de Duende Fló hoy termina, pueden contar (las familias) con nosotros , siempre. De algún modo se va a producir el reencuentro”.