Barrio Castro: la realidad detrás de los testeos masivos
Días atrás dio positivo de coronavirus un paciente que había estado en contacto con vecinos del Barrio Castro de Guaymallén. A partir de ese dato, las autoridades iniciaron un operativo que abordó a 339 personas -21 fueron hisopadas- para conocer la situación epidemiológica de la población. Ninguno de los test dio positivo.
Ni un solo enfermo de Covid-19. El balance cerró la aparición del barrio Castro en el foco de la opinión pública mendocina. Hasta que venga el próximo suceso policial, allí o en el cercano Carril Urquiza. Sin embargo, los que viven en la zona saben que en sus casas hay mucho más que pobreza y temor.
Hay, por ejemplo, personas que trabajan en el servicio doméstico: esta semana se encontraron de la noche a la mañana con que eran señaladas como posibles "infectadas", lo cual afectó su ya mermada actividad laboral. Y hay niños, que juegan y quieren ir a la escuela. De hecho, el 50% de la población del barrio tiene menos de 19 años.
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Al conversar con ellos uno se entera de varias cosas. Por ejemplo, que prefieren que no se diga "villa" o "asentamiento" sino barrio popular. Así lo explica Gastón "Willy" Donato (47), del Movimiento La Dignidad, que es una de las tres organizaciones sociales que hace pie en esas esquinas. Las otras son el Movimiento Evita y Tendiendo Puentes, a quienes se les suma la Iglesia Católica.
"Hace meses que pedimos que nos envíen kits con jabones y elementos de limpieza"
Donato confirma que el Castro tiene necesidades básicas insatisfechas, lo que lo ubica en una situación desfavorable frente a la pandemia. "Siempre tenemos problemas con el agua, y desde hace por lo menos dos meses solicitamos al Gobierno que nos entregue kits de higiene, con jabones y material de limpieza, porque a muchas personas sencillamente no les alcanza para comprar esos productos".
"Ya no queremos ser negados"
Posar la mirada sobre alguno de los más de 200 barrios populares que hay en Mendoza implica un esfuerzo de empatía. Especialmente para quienes habitan en áreas céntricas. Actos cotidianos, como lavarse las manos, se convierten en un incordio. Lograr esa proeza dependerá del lote que uno ocupe y las conexiones cercanas, que suelen estar cruzadas o sin presión.
"Queremos ser reconocidos. Tenemos aquí nuestras raíces..."
"Willy" Donato continúa describiendo: "Nos gustaría poder lavarnos las manos con naturalidad. Cumplir el aislamiento en las casas es otro tema, porque hay hacinamiento; y el acceso a los servicios es irregular. No hay cloacas ni abrigos, y los empleos que tiene la gente son casi todos informales".
El referente cuenta, además, que la actitud de muchos barrios aledaños es más bien de rechazo. Frente a la emergencia de complejos privados que se reproducen por los cuatro puntos cardinales, el Castro es una presencia "incómoda". "Y nosotros estamos hartos de esa negación. Existimos. Pedimos que se urbanice el barrio, somos gente que tiene raíces aquí", resalta. 
Salud y desconfianza
Esta vez no hubo contagios. Para evitar futuros dolores de cabeza, los habitantes del Castro están reclamando que se arme un comité sanitario permanente con ayuda oficial. "Eso nos permitiría armar cuadrillas de vecinos que concienticen y desinfecten", analiza Donato.
"Algunos ven ambulancias o patrullas y las asocian con la violencia..."
Agrega que la formación de ese comité permitiría familiarizarse con los mecanismos de protección. En general, los locales no tienen quejas respecto al modo en que hizo el operativo el Ministerio de Desarrollo Social y Deportes junto con la Municipalidad de Guaymallén; aunque no pueden negar que el contacto es tan esporádico que al ver a esos vehículos y esas personas "nuevas" más de uno sintió temor.
"Al notar la presencia de médicos o policías, por su experiencia cotidiana, algunos temen que eso implique algún tipo de violencia", resume Willy.
El testeo masivo pasó. ¿Y ahora?
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