"Anticonsejos" para un home office verdaderamente eficiente y productivo
Trabajar desde casa tiene su lógica propia, y con el orden correcto hasta puede llegar a ser más productivo que el trabajo en la oficina.
A continuación, cinco consejos atípicos para sacarle el máximo provecho al trabajo en casa:
Conocer tus horarios productivos
Algo que ayuda enormemente a potenciar la eficiencia de una jornada laboral es conocer nuestros “horarios productivos”, es decir, los momentos del día en los que tenemos mejor y mayor concentración. De este modo podemos organizar las tareas diarias para que las más “pesadas” queden para los momentos en que mejor funcionemos.
Por ejemplo, yo no soy una persona matutina, por lo que suelo usar las mañanas para tareas más sencillas: contestar mails, subir contenido a redes, ordenar la logística del día. Luego, entre las 12 y las 15 llega mi “horario pico”, en el que aprovecho para hacer las tareas “duras”. Y aunque no lo crean, no sólo alcanzo a hacerlas en esas horas, sino que muchas veces hasta me sobra tiempo. El motivo es sencillo: en lugar de obligarme a seguir un horario impuesto desde afuera, respeto el “horario” productivo de mi cabeza y lo aprovecho al máximo.
Flexibilidad
La clave para saber llevar el home office es la flexibilidad. Sí: aunque todos los artículos recomienden armar una agenda, delimitar horarios y estructurar el día, la mejor estrategia para hacer home office es ser flexibles. ¿Por qué? Porque cuando trabajamos desde casa no estamos en un entorno propiamente laboral, por lo que las distracciones y los imprevistos suelen ser comunes (y aún más durante una cuarentena, en la que muchos están en casa con familia/otras personas).
Por esto, es fundamental mantener una mentalidad flexible y tratar de adaptarse a los imponderables, sin que eso desordene o rompa todos los esquemas. A menos que haya un deadline muy urgente, es clave saber cuándo ceder y darnos un respiro.
Muchas horas no equivalen a mucho trabajo
Una de las máximas que guían mi día a día profesional es: “Si tengo que trabajar todo el día es porque no estoy trabajando bien”. Este es un punto que no puedo enfatizar lo suficiente: trabajar muchas horas no es equivalente a trabajar mucho (y muchos menos a trabajar bien). La eficiencia es clave: les sorprendería todo lo que se puede lograr en dos o tres horas de trabajo bien aprovechadas. Por lo que, si vienen de trabajos en oficina, traten de abandonar la lógica de las ocho horas laborales. Trabajando con eficiencia y de forma inteligente (y sin la obligación de marcar tarjeta), probablemente logren los mismos resultados en mucho menos tiempo.
No molestar
Otra máxima que respeto a rajatabla es: “Si es urgente, me van a llamar”. Suena obvia, sí, pero los celulares se han vuelto el enemigo número uno de la concentración y la productividad, por lo que saber administrarlos es clave. Un consejo fácil de aplicar y que es de gran ayuda es usar el modo “no molestar” del teléfono. La mayoría permite configurar esta función a los gustos de cada uno, por lo que recomiendo dejar activadas únicamente las llamadas y silenciar todas las otras notificaciones. Esto nos da la tranquilidad de que si pasa algo verdaderamente urgente nos vamos a enterar, a la vez que limita al mínimo las distracciones.
Poner horario de finalización
Esto es importante tanto para jefes como para empleados: pongan un horario de finalización y respétenlo. Esto no sólo ayuda a darle una sensación de normalidad al día laboral, sino que es fundamental para preservar la salud mental. Aplica también a mensajes y mails: nada laboral debería ser enviado ni recibido después de las 19.00 horas.