Mdz en la calle: Postales de cuarentena a medias en tiempos de pandemia

Mdz en la calle: Postales de cuarentena a medias en tiempos de pandemia

Este fin de semana, recorrimos calles y rutas de Mendoza para informar sobre el estado de situación, ante la confirmación de casos de coronavirus Covid-19 en la provincia. Aquí te lo contamos en primera persona, mientras vos, como corresponde, te quedás en casa.

Ulises Naranjo

Ulises Naranjo

Son las mismas mañanas de otoño y los mismos carolinos y acequias con roedores, las mismas calles conocidas, los almacenes con sus dueños que conocen la dieta de cada familia del barrio, sin embargo, se estima en estos paisajes una percepción de carácter planetario.

Nuestros barrios también lo saben: una breve forma de vida ha condicionado toda forma de vida aquí, en Mendoza, pero del mismo modo en Cartagena, en Ontario, Triana, Abiyán, Adelaida, Kioto o Wuhan. 

La cuarentena en Mendoza se respeta, digamos, bastante: si por momentos vemos demasiada gente en la calle, es porque todos están comprando algo, haciendo colas higiénicas en carnicerías y farmacias, especialmente, pero también en supermercados y licorerías, verdulerías y almacenes de ramos generales. Evidentemente, somos seres básicos que cambiamos gestión de la supervivencia por consumo bienes y servicios. 

Tal vez aprendamos algo de todo esto. Como pocas veces en la historia de la humanidad, el planeta goza de una conciencia colectiva que lo determina. Todos, completamente todos los seres humanos estamos unidos bajo un mismo condicionamiento: el coronavirus Covid-19 y su codiciosa y violenta manera de relacionarse.

Salgo a recorrer Luján y algo de Godoy Cruz, en mi bicicleta, para informar sobre el estado de la cuarentena. En la provincia, si nos alejamos un poco del kilómetro 0, aparecen, tal vez, lo que pueda ser considerado como ciertas particularidades propias del alejamiento de los centros más poblados.

Por un lado, los controles son menos determinados por la vigilancia policial y más decididos por los propios habitantes, involucrados de manera activa con la prevención ante posibles contagios. Se observa menos cantidad de gente. Podríamos decir que hay considerablemente menos gente, pero que sigue habiendo mucha gente, considerando el escenario.

- Y, sí... sigue habiendo mucha gente, parece que no entendemos... 

La frase pertenece a un empleado de estación de servicio, pero la repetirán un par de almaceneros con barbijos, alguna empleada municipal manguera en mano y los policías de pie en ciertos cruces de calle populosos. 

La Policía de Mendoza ha determinado puntos fijos de control. El más cerrado y riguroso es el que está sobre ruta Panamericana, en la rotonda frente al Parque Benegas y el Walmart. Allí son detenidos todos los vehículos y los conductores deben dar explicaciones, aunque cierto es que basta con decir “voy a comprar comida” o “voy a la farmacia”.

Otros puntos están ubicados al pie de los Caracoles de Chacras, pares de agentes frente a supermercados o en algunas esquinas de la calle Roque Sáenz Peña de Luján.

Se nota que los hombres, con menos paciencia que las mujeres, son los encargados de salir a la calle a hacer las compras. Y que los abuelos salen más temprano con sus bolsas ecológicas y que casi, casi, no hay niños en las calles.

Así, pues, puede que veamos gente de más en las calles, pero, en todos los casos, dirán lo mismo: “Estamos comprando algo”. No hay, en ningún caso, falta de provisión de productos y, en las farmacias, hay de todo, menos alcohol en gel y barbijos. Y los paracetamoles se venden de a una caja por persona.

En algunas barriadas más humildes, como la que está frente al Deserte, atrás de la nueva YPF de la Panamericana, hay más gente en las calles. Si bien los almacenes atienden ahora desde la puerta, la gente se agolpa en las puertas con mayor cuidado, pero no con el debido cuidado. E incluso se ven más niños afuera, quizás porque en estos barrios –a diferencia de Chacras, por ejemplo– la vida diaria transcurre más en el “afuera”.

Ahora, es normal ver a dependientes con barbijos, incluso a policías –algunos se quejan de que no les dieron guantes y barbijos y debieron pagárselos–.

El panorama, entonces, es de menos gente en la calle. No parece que estemos frente a un pandemia, sino, más bien, frente a un día feriado, a las 9 de la mañana, con mucha gente durmiendo, pero varios haciendo cola en la carnicería, como vimos ayer, esperando su turno para comprarse el asadito que ningún virus mundial habrá de impedir. 

Ulises Naranjo

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