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Crimen de Luján: "Patricia sufría un calvario"

Patricia Garnica, la mujer que el jueves mató de dos cuchillazos a su pareja, amamanta al hijo de ambos en la celda donde está presa. En esta entrevista exclusiva, su abogado cuenta detalles del caso.
Garnica Los defensores de Garnica dicen que la mujer vivía un calvario.
Garnica Los defensores de Garnica dicen que la mujer "vivía un calvario".

Patricia Garnica (33) mató a su pareja Cristian Vergara (38) con un cuchillo tipo Tramontina a las diez de la mañana del jueves. El hombre intentó desplazarse unos 50 metros pero se desplomó. Tenía un puntazo en el abdomen y otro en la zona del corazón.

Hasta ahí lo que se sabe. Lo demás todavía es terreno de conjetura; al menos, hasta que se conozcan los pormenores de la pelea que originó todo. La Fiscalía ya acusó a Patricia por homicidio agravado por el vínculo, lo que podría significar una condena a prisión perpetua. Sin embargo, uno de los abogados que defiende a la mujer, Emiliano Marlia, tiene otro punto de vista y lo compartió en esta charla exclusiva con MDZ.

"Ella trabaja como empleada doméstica y era la que traía dinero a la casa. Pero cuando llegaba, era golpeada y maltratada. Incluso los vecinos recuerdan que hace cuatro meses vieron que Cristian la había molido a piñas. Tenía un ojo morado; era un calvario. Y ella no denunciaba por miedo, como es frecuente en estos casos", contó el letrado.

Patricia tiene dos hijas de otra pareja y un niño, Santiago, de un año y medio, que es hijo de ella y de Cristian. Si bien la madre aún no ha vuelto a ver a las nenas, la Comisaría 11 -donde está detenida- permite un régimen de visitas para que pueda darle la teta al bebé.

"Está muy afectada, con sentimientos contradictorios", relató Marlia, quien también anticipó que pedirá la prisión domiciliaria.

¿Y qué dice ella?

En la mañana de este viernes, las familias de Garnica -la mujer- y la de Vergara -el muerto- se trenzaron en la comisaría. Hubo insultos y reproches. Una versión en miniatura de la controversia que atraviesa al barrio

Si por un lado están los que justifican lo que hizo Patricia, otros declaran que pocos días atrás la habían visto persiguiendo a su pareja con un cuchillo. La noche previa a la muerte también escucharon gritos. "Yo la vi de casualidad. Tenía la cara como una pelota", comentó a este diario un vecino que prefirió no dar su nombre.

Tucumán 82, el lugar donde se produjo la tragedia. Foto: MDZ.

Muchos no quieren hablar. Temen represalias por parte de los Vergara, que -a juzgar por las primeras pesquisas- no tienen buena fama. "De hecho, un policía nos contó que la mañana en que mataron a Cristian, entre la gente que se acercó a insultar a Patricia, había un sujeto con orden de captura, así que a él también se lo llevaron", comentó Marlia.

La postura de la defensa es que Garnica reaccionó en un contexto de violencia de género. "Ya están constatadas lesiones en brazos, muñeca, cara y mentón de ella", informaron sus abogados. "Patricia repite que el hombre le pegaba frecuentemente, sobre todo cuando volvía de los boliches. La gente del entorno también confirma que él tomaba alcohol y drogas. Por lo menos un testigo dijo que Cristian consumía cocaína".

Garnica y Vergara en una foto de otras épocas.

Al corazón

El cuchillo que usó Garnica para matar a su marido era liso, sin "sierra", con una hoja de unos 12 centímetros. Extensión suficiente para ingresar por el tórax, atravesar el pulmón izquierdo y alcanzar la zona cardíaca. En los próximos días los peritos deberán aclarar si los puntazos fueron desde arriba o desde abajo, lo que permitirá despejar hipótesis sobre cómo se desarrolló la supuesta pelea.

Con todo, el fiscal Flavio D´amore no parece dispuesto a considerar atenuantes. Eligió encuadrar la causa bajo la figura de homicidio agravado por el vínculo, alegando que la agresora tenía una relación e incluso un hijo con Vergara. Enfrente, los letrados Emiliano Marlia, Juan Cruz Chapuy y Franco Migliavacca se inclinan por la teoría de la legítima defensa.

Por ahora, la mujer sigue detenida. Cada tanto le llevan a la celda al pequeño Santiago, el hijo que tuvo con el hombre fallecido. Quizá ella le canta canciones de cuna, o simplemente lo mira en silencio.