Entrevista a Mariana Enríquez: el horror de despertar en 2020

Entrevista a Mariana Enríquez: el horror de despertar en 2020

La autora, referente del terror a nivel internacional, tendrá a su cargo la apertura de la Feria del Libro de Mendoza, que comienza el martes. En charla con este diario, compartió su visión de la literatura y también del futuro. "La incertidumbre argentina se parece a una maldición", definió.

Facundo García

Facundo García

En un recodo de este año desquiciado, Mariana Enríquez escribió que tenía miedo de volverse loca. “No sería la primera vez”, anotó, antes de aclarar que lo que la preocupaba todavía más es que le pasara lo mismo a todo el mundo. Pero ya es primavera aquí en el Sur, y las cosas -lejos de estar bien- parecen algo menos sombrías que en pleno invierno, cuando el frío rumiaba solo por las calles desiertas.

Hoy el clima es otro, y casi a modo de posible balance Enríquez estará a cargo de la apertura de la Feria del Libro de Mendoza, en un encuentro virtual sobre La distopía real en el que la acompañará Gastón Ortiz Bandes.

Vale la pena verlos, porque Enríquez, aquella muchacha “de mirada negra y pelos electrizados”, es una persona inolvidable. Por su visión por momentos deforme y lúgubre del universo, pero también por su humor y porque quienes han trabajado con ella saben que es una de las mejores compañeras de laburo que se puedan tener.

Enríquez llega a la feria en la cima de su vitalidad, con una novela de más de 600 páginas que acaba de ganar el Premio Herralde y con una identidad creativa marcada por líneas nítidas como tajos sobre la carne viva.

—Tu obra combina tonos del horror anglosajón con temas de la realidad nuestra. Podría conjeturarse, además, que este mix ocurre en forma deliberada: esa primera parte de lo que podríamos llamar un “programa para el terror argentino” parece haberse completado, sobre todo a partir de Nuestra parte de noche. ¿Para dónde apuntar de acá en adelante? ¿Hacia qué horizontes mirás como autora?

—Sí, esa fue mi manera de encarar un terror pensado desde lo local, un terror sudamericano digamos, pero que siga los tópicos del género –que se codificó en la tradición anglosajona- solo que traducidos. No sé bien para donde apuntar: no creo que los escritoras tengamos muchos temas o, en todo caso, creo que tenemos obsesiones, pocas, y las tematizamos. Yo creo que el género tiene posibilidades infinitas y grados y formas de manipularlo. No me veo lejos del fantástico y del horror,
veremos de qué manera.

"Ahora estoy mejor, pero el principio de la pandemia fue como un fogonazo de hiperrealidad"

—Los cuatro bloques de Nuestra parte de noche parecen resumir esas obsesiones que mencionás. No solo las de ahora, sino las de siempre. Imagino que tras haberte volcado de esa forma en el libro viene una etapa de transición, una especie de vacío que uno vuelve a llenar con cosas, lecturas, músicas, etc. Uno le da de comer a esa bestia interna y luego la bestia ruge, y sigue escribiendo, ¿no?. ¿Con qué estás alimentando a tu bestia hoy?

—Me planteé el tiempo después de Nuestra parte de noche como un tiempo de no escribir ficción, sí de leer y de a lo mejor explorar otras cosas –puntualmente por ejemplo, colaboré con un amigo ilustrador con textos para sus dibujos y estoy ampliando los relatos de viajes de Alguien camina sobre tu tumba. Al principio me dediqué a viajar lo que pude y a leer y a explorar intereses diversos. Después la novela ganó el Herralde y empezó la pandemia y fue como si me apagaran la luz en el cuarto de la imaginación. No podía leer ni escribir, que al final es la misma cosa, porque exige tu participación activa completando lo que el autor propone. Ahora estoy mejor pero al principio fue como un fogonazo de hiperrealidad. Así que empecé a alimentar a la bestia de vuelta, sobre todo contenta con poder volver a leer ficción –ahora mismo mucho género y clásicos tipo Toni Morrison o TS Eliot y autores contemporáneos que me encanta leer- y pensando mucho en las crisis. Las crisis económicas argentinas, cómo cambian tu subjetividad, como esa incertidumbre perpetua también es una forma del miedo y también es violenta. No digo que vaya a escribir por ahí, pero me di cuenta que eso me interesa mucho, esos periodos repetitivos en nuestra historia, casi una maldición.

Enríquez ha investigado sobre magia negra, satanismo, zombies y política.

Cómo bailar en el Apocalipsis

La autora será la encargada de inaugurar la Feria del Libro mendocina, que este año será virtual y estará centrada en las mujeres escritoras. También abrirá el segmento de Mesas Temáticas, como se señaló más arriba. Los encuentros se desarrollarán entre el 10 y el 15 de noviembre, con figuras latinoamericanas, nacionales y locales. 

La plataforma en la que se concretarán los eventos es www.feriadellibromendoza.com, donde además de Mariana los asistentes podrán ponerse en contacto, entre otros, con Hernán Casciari, Claudia Piñeiro, Camila Sosa Villada, Esther Díaz, Selva Almada, Daniel Jiménez y el chileno Alejandro Zambra.

En suma, una propuesta mutante para tiempos de grandes mutaciones. La pandemia y sus paisajes han alterado lo verosímil: eso, combinado con la potencia que adquirió el feminismo y -en contraste- las volutas paranoide/fascistas que surgen como géisers, terminan de delinear un campo en el que la Literatura seguirá siendo indispensable

—En tus obras los varones tienen un rol interesante. Es como si hubiera cierta ternura ante nuestras torpezas. A diferencia de los patriarcas de antes, tus personajes desconfían de su propia herencia, se enferman del corazón, en ocasiones no saben ni quiénes son. Y frente a eso las mujeres “se ponen a resolver cosas”, sin aspavientos pero sí con lo que podríamos llamar amor. ¿Esa perspectiva es una búsqueda intencional, o pensás que tiene más que ver con que te salpica el clima de época? ¿Reflexionás sobre asuntos de género cuando escribís?

—Reflexiono sobre cuestiones de género en la vida y sospecho que eso se traslada a la literatura. No quiero escribir grandes villanos. Me parece una forma de perpetuar, por otros medios, ese lugar terrible de poner a los varones en el sitio de la violencia y la omnipotencia. Prefiero escribir sobre otras masculinidades, que también conozco, y que son menos estereotipadas y más cercanas. Volví a escribir una novela con protagonistas hombres en Nuestra parte de noche y lo disfruté mucho, me encantó
inventar esas subjetividades de varones rotos, débiles, mucho más normales que los superhombres de la ficción. Y la cuestión de que no sean monolíticamente heterosexuales también es importante. No son cosas que fuerzo para que estén presentes en el texto, creo que, como siempre me pasa en literatura, es lo que me gusta.

—Una vez Alberto Laiseca dijo que lo ponía feliz no haber nacido en el futuro. “Dentro de poco, tipos como yo no van a existir. No estará permitido”, anticipó. A propósito de esto pensaba recién en los lectores atentos y también en vos como autora, que has sido capaz de descartar 300 páginas de una novela solo porque estabas buscando las palabras justas. ¿Sentís que en el futuro nos van a empalar a todos -lectores y escritores- como si fuéramos unos bichos raros, o la sociedad pegará la vuelta y volverá a estas prácticas que hoy son casi clandestinas?

—No, nadie va a empalar a nadie. Historias se contaron siempre y todo el mundo siempre quiso contarlas lo mejor posible. El otro día Alejandro Zambra me dio un ejemplo maravilloso: me decía que lo asombraba cómo aprendía a ser un narrador su hijo, que contó su primer chiste. El nene descubrió, primero, que tenía que contarlo bien para que sea gracioso y que, segundo, no podía volver a contarlo dos veces. Solo con un chiste: y es una gran lección literaria. Saber cómo y encontrar la voz propia, y
buscar un público. Es nuestra naturaleza, leemos y escribimos más allá de los dispositivos.

  • Mariana Enríquez nació en 1973 en Buenos Aires. Estudió Periodismo y Comunicación Social, pero muy pronto combinó esa formación con experiencias como el rock y los viajes al fin de la noche. Cuando era casi una adolescente publicó Bajar es lo peor, y luego vinieron Cómo desaparecer completamente y Este es el mar; más las colecciones de cuentos Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego. Siguieron la nouvelle Chicos que vuelven, los relatos de viajes Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios, el perfil La hermana menor. Un retrato de Silvina Ocampo y el libro ilustrado Ese verano a oscuras. Su libro Las cosas que perdimos en el fuego fue traducido a 22 idiomas y recibió el premio Ciutat de Barcelona a mejor obra en lengua castellana. En noviembre de 2019 su novela Nuestra parte de noche recibió el Premio Herralde. Hace poco salió El otro lado. Retratos, fetichismos, confesiones, una antología de su obra periodística curada por Leila Guerriero.
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