La historia del asesinato del joven infiltrado en un grupo parapolicial

La historia del asesinato del joven infiltrado en un grupo parapolicial

Hijo de un importante abogado y banquero relacionado con la curia católica de La Plata, Enrique Rodríguez Rossi militaba a mediados de los '70 en una organización de izquierda y gracias a sus vinculaciones sociales, se infiltró en un grupo de ultraderecha que actuaba con total impunidad.

Redacción MDZ

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Hijo de un importante abogado y banquero relacionado con la curia católica de La Plata, Enrique Rodríguez Rossi era un joven que a mediados de la década de 1970 tenía sus ideas en las antípodas del entorno donde había crecido. Militante en una organización de izquierda y gracias a sus vinculaciones sociales, se infiltró en un grupo parapolicial de ultraderecha que actuaba con total impunidad. Pero en abril de 1975 lo descubrieron, lo secuestraron y lo asesinaron.

"Voy a salir, tengo un amigo enfermo", le dijo Enrique a su madre después de colgar el teléfono que había sonado a las 3 de la madrugada del 11 de abril de 1975 en la elegante casa de la calle 4 N° 117 1/2, en la zona norte de la capital bonaerense. Virginia Laura, la madre, recordaría después que la conversación había sido breve y que su hijo de 22 años, estudiante de Derecho en la Universidad Nacional de La Plata, en ningún momento había nombrado a su interlocutor.

El joven se vistió rápidamente, se subió al auto de la familia, un Dodge1500 celeste acerado patente B-980375 que estaba guardado, y partió con rumbo desconocido. Nadie lo volvería a ver con vida, recuerda una crónica publicada hoy en el portal Infobae.

La edición del 12 de abril de 1975 del diario El Día de La Plata, llevó una vez más como título de tapa una muerte. “Un estudiante fue muerto a balazos por terroristas” y la bajada de tapa explicaba: “Se trata de Enrique Rodríguez Rossi, hijo del ex titular del Banco Popular que también fue asesinado meses atrás por desconocidos. El joven apareció acribillado dentro de un auto entre Villa Elisa y Punta Lara”.

Aunque la manera de actuar de los asesinos coincidía con la de la Triple A o con la del grupo de tareas de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) que operaban en la zona amparados por el gobierno bonaerense de Victorio Calabró, la policía y el Ejército, los platenses más informados hicieron foco en otro lado al buscarle una explicación al asesinato: Enrique Rodríguez Rossi provenía de una tradicional familia ligada a la derecha católica, con estrechos vínculos con el arzobispo de La Plata, Antonio Plaza.

Su padre, el abogado Ernesto Rodríguez Rossi, había sido una de las cabezas visibles del Banco Popular, cuyo principal accionista en las sombras había sido el arzobispo. La entidad financiera quebró en la década de los ’60, dejando un tendal de ahorristas estafados y Rodríguez Rossi padre -quien solía jactarse de su amistad con el dictador Juan Carlos Onganía- había sido asesinado el 18 de agosto de 1974, en confusas circunstancias.

Por relaciones familiares y por su educación en un tradicional colegio de La Plata, Enrique Rodríguez Rossi había compartido su adolescencia con algunos de los futuros integrantes de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), surgida en la ciudad de las diagonales con la dirección ideológica del profesor de literatura y latinista Carlos Disandro, a quien conocía personalmente.

A través de su padre también tenía trato cercano con monseñor Plaza, que parecía apreciarlo.

Esos vínculos infantiles y juveniles lo llevaron de manera casi natural a participar de las reuniones privadas donde Plaza y Disandro bajaban línea a un grupo de entusiastas jóvenes de ultraderecha que se creían llamados a defender la tradición occidental y cristiana de la sociedad argentina de los virulentos ataques a que la sometían el comunismo ateo y la sinarquía internacional.

Cuando terminó el colegio secundario, Enrique decidió estudiar Derecho, como su padre, pero rompiendo con la tradición familiar -que lo hubiera llevado a la Universidad Católica-, se inscribió en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata, un centro sensible de ebullición política a principios de la década de los ’70.

Allí, sin que su familia ni sus antiguos amigos lo supieran, se acercó a los Grupos Revolucionarios de Base (GRB), agrupación universitaria de las FAL 22 (Fuerzas Argentinas de Liberación 22 de Agosto) donde empezó a militar, aunque sin mostrarlo públicamente. A pesar de ello, siguió asistiendo a las reuniones de la CNU, que ya había empezado a operar como grupo de tareas parapolicial, y al poco tiempo se ofreció como espía dentro de la organización ultraderechista, con el objetivo de pasar información,

Sin embargo, cada vez más su situación dentro de la CNU se complicaba y los GBR demoraban en su decisión de pasarlo a la clandestinidad, lo que lo dejó en serio riesgo. Al salir de su casa la madrugada del 11 de abril de 1975, Enrique Rodríguez Rossi se dirigió en auto a una cita en un lugar que nunca pudo establecerse. Allí se encontró con varios integrantes del grupo de tareas de la CNU al mando del Indio Castillo. Lo secuestraron y se lo llevaron en su propio auto.

Antes de ser asesinado en el camino que une a Villa Elisa con el balneario de Punta Lara (uno de los lugares preferidos por el grupo de tareas de la CNU para fusilar a sus víctimas) Enrique Rodríguez Rossi fue conducido por la patota al estudio que había pertenecido a su padre, en diagonal 73 entre 48 y 49, donde presumiblemente fue torturado para que diera información sobre sus contactos con las FAL 22. Al día siguiente, la policía encontró la puerta del estudio abierta con una barreta.

“Alrededor de las 8.30 de ayer, un automovilista que ocasionalmente se dirigía de Punta Lara a Villa Elisa por el camino que une esas dos poblaciones, detuvo la marcha al observar, detenido a un costado sobre la banquina derecha, un automóvil Dodge 1500. El vehículo presentaba múltiples perforaciones de bala en la carrocería y los vidrios delanteros deshechos por los impactos. Al acercarse, la referida persona comprobó que en el asiento delantero, caído hacia el lado izquierdo, yacía el cuerpo acribillado de una persona joven. Repuesto de la sorprendente y trágica revelación, el hombre regresó a Punta Lara y se apresuró a informar a las autoridades policiales del lugar sobre lo ocurrido”, describió el diario platense El Día.

El muerto era Enrique Rodríguez Rossi y alrededor del auto se encontraron más de cincuenta cápsulas servidas de pistolas calibre .45 y 9 milímetros.

Leé en este enlace la crónica histórica completa.

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