Cerebro y habilidades: la práctica hace al monje

Cerebro y habilidades: la práctica hace al monje

¿Se han preguntado qué ocurre en nuestro cerebro cuando aprendemos una habilidad nueva? Sigan leyendo, se los contamos.&nbsp;<br>

“El pescar con caña requiere paciencia y maña”, reza un antiguo refrán. Y es así, porque el aprendizaje de una habilidad nueva, sea una manualidad, un instrumento, un deporte, un idioma, implica no solamente voluntad y motivación, sino práctica, perseverancia y tiempo, y práctica, perseverancia y tiempo.

Tratando de buscar una analogía, pienso en cómo es el trazado de rutas. Sintéticamente: en el territorio elegido, se prepara la zona, se abre camino, se vuelca el material y uno ya puede circular. Es un proceso, con lo cual, requiere tiempo para materializarse.

¿Recuerda el lector cómo fue su aprendizaje de la lectoescritura? Yo sí, sentarme a repetir hileras de letras, sílabas y palabras una y otra vez. ¿Y cómo aprendimos a manejar? Repasando infinitas veces la sucesión de pasos, hasta que se automatizó la cadena de movimientos.

Pero, ¿qué pasa en nuestro cerebro cuando aprendemos una nueva destreza? Se sabe que este órgano se modifica al generar nuevas sinapsis que acompañen y garanticen esta adquisición. Sin embargo, aún continúa siendo un misterio cuáles son los mecanismos subyacentes que garantizan esa evolución.

Seguramente han notado que, al principio, aprender una habilidad diferente nos cuesta mucho. Esto es porque la secuencia de acciones encadenadas es nueva para nosotros, entonces, nuestro cerebro debe crear esos patrones, activando y vinculando áreas a través de sinapsis. Una vez que esa “ruta” se estableció, la repetición y la práctica la fortalecerán, entonces, “voilá” tenemos un nuevo circuito neuronal que cambió la fisonomía de nuestro cerebro.

Investigadores de las Universidades de Pittsbourgh y Carnegie Mellon realizaron un estudio en conjunto publicado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos. Descubrieron qué ocurre en el cerebro que hace que evolucionemos desde novatos a expertos en alguna tarea: con el aprendizaje a largo plazo, surgen patrones nuevos de actividad neuronal que sustentan una relación causal entre ellos y nuevas habilidades conductuales.

La conclusión es que nuestro sistema nervioso ostenta una cualidad sorprendente: modificarse constantemente, en función de garantizar nuestra adaptación a las exigencias del medio.

Mientras más aprendamos, mayor cantidad de trazados neuronales. Este hecho garantiza que nuestro cerebro esté entrenado y ágil.

Desde ya, esta capacidad es extremadamente alentadora para aquellas personas que han sufrido daño cerebral, porque permite crear nuevos circuitos neuronales que posibiliten reemplazar la función alterada y mejorar la calidad de vida. Esto es lo que conocemos en neurociencias como neuroplasticidad.

Es cierto que aprender competencias requiere muchas veces de “sangre, sudor y lágrimas”, pero las consecuencias, más allá de las psicológicas (aumento de la motivación y autoestima, recompensas, etc.) son extremadamente positivas, porque nuestro cerebro crece, se especializa, modifica su fisionomía y enfrenta los embates del paso del tiempo.

¡A aprender se ha dicho! 

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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