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Memorias y desmemorias de un sobreviviente

A partir de los escombros de su historia personal, el señor Watanabe reivindica la belleza de las cosas rotas. Con su novela "Fractura", Andrés Neuman se consolida como uno de los narradores más sólidos en español.
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La vejez como esa edad ideal para revisitar toda una vida. Para viajarse a sí mismo y ver otra vez esas fotos olvidadas que nunca terminan de cicatrizar. Yoshie Watanabe es ese hombre maduro al que un movimiento telúrico lo sacude hasta sacarlo de su zona de confort y darle una buena excusa para hacer memoria. U olvidar selectivamente.

Fractura es tanto la metáfora personal como el testimonio cuasi periodístico de aquel cuya existencia se vio sacudida por las desgracias personales como las de su propio país. 

Watanabe, un sobreviviente de la bomba atómica y sus interminables resonancias, pierde a su familia con las letales detonaciones en Hiroshima y Nagasaki, pasa a vivir con sus tíos de Tokyo y es a partir de esa falta de raíces que se convertirá en una suerte de ciudadano del mundo. 

(Sobre)vivir en Francia y en Estados Unidos le hace ver a su Japón natal con una perspectiva ideal para sentirse un poco adentro, otro tanto afuera. Demasiado occidental para los orientales y muy oriental para los occidentales, tal su íntima fractura.

Un terremoto previo al accidente de la central térmica de Fukushima provoca, además del movimiento de placas, un profundo remezón en su pasado. De tal forma que resurgen las mujeres que marcaron su vida y que inevitablemente ahora reavivan recuerdos, ecos, evocaciones de ciudades como Tokio, París, Nueva York, Madrid o Buenos Aires.

La reacción del pueblo japonés ante la fuga de la central de Fukushima lo retrotrae a aquellos días en que las bombas dejaron yermos por igual ciudades y corazones. Los fantasmas del pasado visitan a un Watanabe que pretendía una vejez sin sobresaltos, recuperando las tradiciones, los olores, los gestos, de su tierra, después de tantos años de residir en otros países, donde más que en busca de un buen pasar económico había ido en plan de autoconocimiento o de pretendida sanación espiritual.

El pulso poético de Andrés Neuman (que también es un avezado poeta) atraviesa toda la historia en busca de testimoniar "la belleza de las cosas rotas", pero el mayor logro del autor es haber logrado que Fractura "funcione como una metáfora de la memoria colectiva". 

Más que el personaje central, Watanabe termina siendo el símbolo del sobreviviente que recién al recordar profundamente puede armar su propio rompecabezas y vivir -los días o años que le queden- en paz.

Rubén Valle

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Fractura

Andrés Neuman
Alfaguara
492 páginas
$469

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