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Quedó fuera del sistema porque no es discapacitado, tampoco "normal"

Milo tiene un síndrome compatible con autismo. No puede estar con mucha gente ni expuesto a ruidos molestos, y conseguir escuela se ha vuelto una odisea para sus padres.
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Milo tiene tres añitos. Nació el 20 de mayo de 2014, cuando su mamá cursaba el séptimo mes de embarazo. Por ser prematuro se le hizo un seguimiento constante y, finalmente se le diagnosticó "síndrome hiperquinético compatible con autismo de leve a moderado".

Esto hace que hoy el niño esté fuera del sistema, no es discapacitado por lo que la Supervisión de Discapacidad no puede atenderlo, pero tampoco puede cursar en compañía de muchos niños y en las escuelas no lo reciben.

Los síntomas de la condición que padece Milo:

-Se aísla y le molestan las multitudes;

-Reacciona a los ruidos (la máquina para cortar el pelo, o el sonido de mucha gente hablando al mismo tiempo provocan que el comience a gritar para acallar los sonidos);

-No controla esfínteres, por lo que usa pañales (esto podría estar relacionado con su corta edad, más el hecho de haber nacido prematuro, por lo que los médicos que lo han atendido no mostraron gran preocupación).  

"Las mamás de los otros niños se quejan, porque mi hijo muerde si él quiere aislarse y los otros lo buscan. 'No te juntés con ese niño', les dicen", contó la mamá de Milo.

   

Priscila, su mamá, contó que al año y medio fue inscripto en un jardín de Las Heras, al que también asiste una pequeña con síndrome de Down, una institución en la que nunca se hizo diferencias entre su niño y el resto. Sin embargo, atienden a niños de hasta 3 años, y Milo tiene que comenzar salita de 4 el próximo año.

"El síndrome de Milo lo mantiene inquieto, pero no es una discapacidad", explicó su mamá.

Los papás de Milo comenzaron a buscar escuela para el niño desde antes de que el cumpliera el año y medio, por lo que sus visitas a organismos públicos y privados en busca de una respuesta son algo a lo que ya se han acostumbrados, pero las negativas siguen siendo un problema. "Fui a todos lados, pero le niegan su entrevista, o lo entrevistan y nos dicen que no hay lugar para él", agregó Priscila.

El niño ya tenía su lugar en una institución (colegio Pablo Besson), pero cuando su mamá fue a completar la inscripción y Milo tuvo su entrevista con la coordinadora, le dijeron que quedaba fuera de la escuela porque no era un niño integrado.

Después lo vieron en una escuela "inclusiva", pero nuevamente le cerraron las puertas a Milo, porque no son una institución "integradora". "En todos lados lo tildan de diferente, pero los que excluimos somos los grandes", dijo Priscila.

En la Supervisión de Escuelas Privadas le recomendaron que cambie de doctora de cabecera, para que le den un certificado único de discapacidad que le otorgue el beneficio de un docente en casa, entre otros. Pero el diagnóstico de Milo no puede ser incluido como discapacidad y en el informe madurativo que sus papás llevan a las escuelas se hace evidente. 

Milo ya ha ido a 6 entrevistas en diferentes escuelas, pero en todas el cupo está lleno. Una psicopedagoga fue muy cruda al admitirle a Priscila las razones por las que su hijo queda afuera: "en la escuela privada los responsables legales son los dueños y ellos no quieren a un niño con ese síndrome en la escuela".

En la escuela pública no se niegan a recibirlo, pero "no pueden brindarle lo que él necesita: un aula reducida, con pocos alumnos", según explicó Priscila.

Desde la DGE aseguraron que el niño tendrá lugar en un establecimiento adecuado y que mañana habrá una nueva reunión con los padres y las autoridades escolares, para definir el camino que más le convenga a Milo y a su desarrollo intelectual y personal.