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Coetzee regresa con la segunda parte de un Jesús muy singular

En "Los días de Jesús en la escuela", el Nobel 2003 sigue los pasos del pequeño David y de Simón, su padre postizo. Con los códigos de la danza, el niño revelará que tiene más para enseñar que para aprender.

En La infancia de Jesús, publicada en 2013, J.M. Coetzee nos llevaba de la mano de un hombre y un niño que cruzan el océano para empezar una nueva vida. Dos extraños en territorio extraño. Dos entrañables signos de pregunta. 

A Simón y David, como se rebautizaron al pisar tierra firme, no los une la sangre si no un destino incierto, donde deben aprender a hablar en español y, sobre todo, a darle forma a un vínculo especial ya que se conocieron de casualidad en el barco y desde entonces ya no pudieron separarse más.

En esa tarea de echar raíces, la adaptación a una cultura ajena no será tarea fácil, como tampoco, como veremos en Los días de Jesús en la escuela, lo será educar a un niño de 6 años que destella por su personalidad desbordante, pero más por una peculiar visión filosófica de la vida que todo el tiempo desconcierta a propios y ajenos. 

David es un niño que lo pregunta todo, pero para todo ya tiene una respuesta. Quizás un efecto colateral de tener al Quijote como su libro de cabecera.

Simón e Inés, quien asume el rol de madre pero no de pareja del tutor de David, reformulan sus proyectos personales en función de lo que creen lo mejor para el chico, aunque esto nunca sea suficiente. A tal punto apuestan todo por él que huyen de una ciudad a otra para recomenzar una vida de a tres. 

Instalados en la ciudad de Estrella, no habrá escuela ni maestro que contenga al niño. En busca de un sostén educativo, David recaerá en una academia de danzas que es todo menos un ámbito ortodoxo para el aprendizaje. 

El baile será para el pequeño un apasionante camino a recorrer sin el cuidado amoroso de sus padres postizos. En esa pugna por no perderlo, Inés y Simón harán todo lo posible para alejarlo de personajes que parecen salidos de una obra de Shakespeare.

Con su habitual estilo depurado, de un lirismo contenido, Coetzee se vale de un relato alegórico para reflexionar, desde la mirada y la lógica de un niño, acerca de los tópicos clásicos de literatura, que no son otros que los de la vida misma. Una pulseada constante entre emoción e intelecto donde, cuando creemos que uno ha superado al otro, en un giro maestro el Nobel del 2003 da un volantazo inesperado.

Si en La infancia... Coetzee dejaba abierta la puerta a una segunda parte, en Los días... queda una vida por delante para contar. Queda ni más ni menos que el futuro de David, ese niño que asegura que "cuando estás bailando cierras los ojos y puedes ver las estrellas con la mente". Un Jesús ad hoc con más para enseñar que para aprender.

Los días de Jesús en la escuela

J.M. Coetzee
Trad: Javier Calvo
Random House
255 págs.
$249