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Salvador Dalí, el hombre que fue su propia obra

Máscara, marca, provocación, proyecto deliberado de convertir la propia persona en obra maestra: el surrealista español Salvador Dalí fue todo eso.
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Una máscara, una marca, una provocación, un proyecto deliberado de convertir la propia persona en obra maestra: el surrealista español Salvador Dalí fue todo eso y mucho más a lo largo de una vida que marcó como pocas el arte del siglo XX.

"Dalí es más importante que mi propia obra", definía el excéntrico genio de Figueres, la ciudad del noreste de España en donde el mito de Dalí (1904-1989) sumó esta noche un nuevo capítulo cuando su cadáver fue exhumado por una demanda de paternidad.

Nacido el 11 de mayo de 1904 en la localidad catalana, Dalí exhibió desde niño un desbordante talento natural que le inspiró pronto su proyecto de vida: "Seré un genio aunque el mundo diga que no", escribió en su diario de juventud a los 16 años.

El camino le exigió una pirueta personal: esconder su vergüenza y su timidez patológica tras una máscara exhibicionista que terminó convirtiéndose en toda una marca famosa a escala mundial.

Su extraña forma de hablar, su indumentaria, sus poses y su estrafalario bigote -que sigue erguido e intacto tres décadas después de su muerte, según revelaron hoy quienes vieron el cadáver- no fueron más que un parapeto para ocultar "una patológica timidez", formuló su biógrafo Ian Gibson.

Para el famoso hispanista irlandés, autor de la biografía "La vida desaforada de Salvador Dalí", el genio de Dalí es discutible, pero no así su mérito de haber creado una obra extraordinaria y de haber conquistado con creces la tan deseada celebridad internacional.

En opinión de muchos críticos, el Dalí auténtico es el de los años 1926 a 1938, cuando, en pleno auge del surrealismo, creó cuadros como "La persistencia de la memoria" (1931), que muestra sus famosos relojes blandos. De esa época datan también las películas "Un perro andaluz" (1928) y "La edad de oro" (1930), rodadas con Luis Buñuel. 

La decadencia del pintor, en cambio, comenzó para sus biógrafos a su regreso a España en 1948, después de haber vivido en París y Estados Unidos.

Ya en los años 30 Dalí había expresado su admiración por el fascismo y dictadores como Adolfo Hitler -lo que motivó su exclusión del movimiento surrealista-, y, de vuelta a la España de la dictadura de Francisco Franco, se mantuvo cercano al régimen.

"Es difícil saber si fue un franquista convencido", sostuvo Gibson, sin descartar que pudiera tratarse de una "adhesión irónica" como la que formuló en 1951 al compararse con Pablo Picasso: "Picasso es comunista, yo tampoco".

Gibson ha sondeado en otro capítulo complejo de la personalidad de Dalí: su vergüenza sexual y su terror a ser homosexual, que experimentó, por ejemplo, al sentirse atraído por el poeta Federico García Lorca.

Para el hispanista, la relación con Lorca, homosexual y ejecutado por los falangistas en 1936, fue decisiva en la vida de Dalí, si bien nunca se concretara en un contacto carnal. "Dalí nunca pudo olvidar a Federico, cuya presencia impregna su vida y cuyo fantasma lo persiguió hasta el final".

Aún más decisiva fue otra compañía, la de su esposa y musa Gala, con la que se casó por la iglesia en 1958. El pintor tenía entonces 54 años y ella 64. Se habían conocido en 1929 y contraído matrimonio civil en París ya en 1934.

De origen ruso, Gala fue el gran amor y soporte de Dalí. A diferencia del pintor, tenía una larga experiencia sentimental y había estado vinculada a Giorgio de Chirico, Max Ernst o Paul Eluard, con quien estuvo casada. Gala ayudó a Dalí a vivir con sus traumas sexuales y, como su agente, fue responsable del enorme éxito comercial de su obra.

Su muerte en 1982 impactó gravemente en Dalí. Convertido desde hacía tiempo en estrella mediática, emblema y objeto de culto, el genio surrealista vivió un progresivo declive con episodios oscuros, incluyendo un supuesto intento de suicidio, hasta su muerte en Figueres el 23 de enero de 1989, meses antes de cumplir los 85 años.

Sus restos fueron enterrados en la cripta de su teatro-museo en Figueres, donde había expuesto sus primeras obras siendo adolescente. Por primera vez desde entonces, la cripta se reabrió esta madrugada para tomar muestras de ADN que aclaren una demanda de paternidad presentada por una mujer de 61 años.

El nuevo giro en la biografía de Dalí pareció estrafalario y a la vez coherente a Gibson: la exhumación, comentó estos días, constituye un episodio "auténticamente surrealista".

  Por Jorge Vogelsanger y Pablo Sanguinetti (dpa)