Renzo Piano deslumbra con su "edificio volador" para el Centro Botín
A sus casi 80 años, el arquitecto italiano Renzo Piano no ha defraudado a sus seguidores. Su edificio para el Centro Botín, que hoy se inaugura en Santander, entusiasma y desconcierta tanto a los expertos como a la población de la ciudad del norte de España.
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"Es increíble. Parece que el edificio flota y va a echar a volar", aseguraba uno de los visitantes durante la inauguración de este nuevo centro artístico y cultural.
El Centro Botín está formado por dos grandes bloques de cristal, acero y hormigón unidos en la parte central por un entramado de escaleras y pasarelas. Ubicado en la bahía de Santander, se apoya en columnas que le elevan unos siete metros sobre el suelo, para no perder la vista del mar Cantábrico.
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"Estoy un poco triste. Hasta ahora el edificio nos pertenecía. Ahora se va. Como un hijo que deja el hogar", confesó Piano, galardonado con el prestigioso Premio Pritzker en 1998. Se trata del primer edificio que diseña para España el "padre" del Centro Pompidou de París o de la Potsdamer Platz de Berlín.
La fachada está recubierta con 270.000 piezas circulares de cerámica que reflejan la luz de la bahía, el cielo y las zonas verdes. "Durante nuestra primera estancia larga en Santander llovió prácticamente a diario durante meses", explicó el famoso arquitecto.
"Pero no era una lluvia normal, producía una luz especial y cambiante. Esa es la atmósfera, el espíritu de esta ciudad, hemos capturado este espíritu".
Las creaciones de Piano siempre han estado caracterizadas por la apertura, la ligereza y el movimiento. Ahora, a una edad en la que muchos ya llevan años retirados, vuelve a sentar cátedra con su "edificio volador".
"Nos dimos cuenta inmediatamente de que el edificio tenía que volar. La idea de movimiento, como el edificio fuese una película, ya la tuvimos en el Pompidou, en el (museo) Whitney (de Nueva York). Pero aquí se impuso directamente", relató el arquitecto genovés.
Según Piano, el arte no es lo único que cuenta al construir un museo o un centro cultural. "Se trata sobre todo de la gente", la belleza "es el arte de reunirse", asegura.
El Centro Botín está concebido como un lugar para la gente. Con el edificio de Piano y la ampliación de los jardines que lo rodean se moderniza además un barrio que durante años estuvo descuidado.
Los santanderinos han vivido mucho tiempo de espaldas a una bahía que quedaba oculta por grúas, trenes de carga, una carretera y varios parkings. "El Centro no sólo impulsará el arte y la cultura en Santander, sino también el bienestar", afirmó el presidente de la fundación que lo ha impulsado, Javier Botín.
Se aspira a emular el "milagro de Bilbao": en 1997, la inauguración en la ciudad industrial del País Vasco del Museo Gugghenheim desató un boom económico y turístico.
Los entre 80 y 100 millones de euros que ha costado el Centro -según distintas estimaciones- corren a cargo de la Fundación Botín, creada por la familia del mismo apellido y vinculada al Banco Santander. La apertura, prevista para 2014, llega con tres años de retraso.
La intención ahora es que los proyectos educativos ocupen un lugar central en el Centro. El edificio este, destinado a la educación y la cultura, cuenta con un auditorio para 300 personas y aulas formativas. También hay un anfiteatro al aire libre y una gran pantalla en una de las fachadas para proyectar películas. Habrá conciertos, proyecciones y cursos para estudiantes.
El ala oeste está dedicada al arte y cuenta con 2.500 metros cuadrados para celebrar exposiciones. Las primeras que podrán verse son una dedicada a dibujos de Francisco de Goya, otra con obras de la colección Botín y una muestra del belga-alemán Carsten Höller, famoso por sus vertiginosos toboganes.
Piano demuestra que para celebridades como él nunca es tarde para estrenarse en algo. En este caso se estrena como arquitecto en España después de haber construido edificios en medio mundo, como el Centro Paul Klee de Berna, el aeropuerto de Osaka o el estadio San Nicola de Bari.
El arquitecto italiano no desvela por ahora sus próximo planes. Pero asegura que el reto al que se enfrenta la arquitectura en los próximos años es solucionar los problemas de los "agujeros negros". Es decir, buscar soluciones para los barrios y zonas deprimidas.
"Ahí están los mayores problemas", insiste Piano, que está convencido de que "la belleza transforma, hace mejor a las personas". ¿Tendrá él tiempo y energía para ayudar a solucionar esos problemas? No contesta a la pregunta, pero por lo ágil que sube las escaleras de su nuevo edificio hay motivos para el optimismo.
Por Emilio Rappold (dpa)