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Olivares: así viven en una de las villas más antiguas

Un relevamiento de la Nación ubicó a Mendoza entre las cinco provincias que mayor cantidad de asentamientos tienen. No es solo pobreza: vivir en una villa significa enfrentarse a otra mirada del resto de la sociedad.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Mendoza se ubica en el quinto lugar entre las provincias que más asentamientos tienen. En el país hay un total de 4.100 villas y 205 están en la provincia. ¿Qué significa para sus habitantes?

Los datos son parte de un relevamiento de la Nación que conforma el registro Nacional de Barrios Populares -el criterio utilizado fue la presencia de ocho o más familias con carencia de dos de los servicios básicos (luz, agua y cloacas), pero se trata más que de eso, la misma mirada de la sociedad a veces les impide salir de una vida de necesidades básicas insatisfechas que heredan a sus hijos y nietos. 


¿Pero qué significa vivir en una villa, además de no tener servicios ni caminos?

Del total de las villas relevadas, 23 se ubican en Ciudad, sin embargo, de acuerdo con la comuna, solo quedan dos asentamientos sin los servicios básicos, ambos en el Oeste del departamento: el Flores y el Olivares, y en este último ya se iniciaron las obras para llevar todos los servicios.  

En el barrio Olivares, uno de los tantos barrios ubicados al oeste de la Capital, hay poco menos de 500 casas, pero hay más de un hogar por vivienda (de dos a tres).

Cierres, techos y paredes improvisados sirven de resguardo para más de una familia por casa.

En el barrio funciona un aula satélite de la escuela 3-126, en donde jóvenes y adultos reciben clases. Allí, cerca de 12 mujeres buscan completar sus estudios y aprender un oficio para encontrar un futuro mejor para ellas y para su barrio.

Paola nos contó que está estudiando como parte del programa "Ellas hacen", del ministerio de Educación de la Nación. Su plan es terminar la secundaria y después capacitarse en la construcción.

Paola vive en el barrio con sus seis hijos y pese a que se esfuerza por progresar nos contó las dificultades de vivir "en el Olivares", en donde el código postal es una complicación.

"Si vas a pedir trabajo tenés que pedirle la dirección a algún pariente, porque si saben que sos del Olivares no te lo dan".

"Vivir en una villa es no existir para la sociedad porque llamás a la Policía y no entran, las ambulancias no entran. Si vas a pedir trabajo y decís que vivís en el Olivares, no te lo dan. Querés sacar un crédito y no te lo dan", dijo.

"Tenés muchos problemas con la sociedad, no todos son iguales en las villas, muchos trabajan, pero nos meten a todos en la misma bolsa", finalizó Paola e insistió en que "el problema es con la sociedad".

Julieta, lleva 36 años en la villa, sus papás construyeron un salón que hoy funciona como aula satélite.

Pero las villas también funciona con sus propios códigos: "Nos cuidamos entre todos", contaron las mujeres que suspendieron un momento sus clases de lengua para hablar con MDZ.

Críticas al Estado, sin importar quien conduzca

"Porque nos hagan una calle, ¿creen que esto va a dejar de ser una villa?", comenta una de las mujeres en el aula satélite, ante la consulta de qué piensan ellas que significa vivir en una villa.

Es que se trata de familias que han sido visitadas por funcionarios y punteros políticos de todos los colores durante años, siempre con promesas incumplidas. "Vienen cada vez que están en campaña y nos prometen cosas, después  nada. "Con un palo y unos nylons no se soluciona la cosa", agrega.

Un entorno violento

Las razones por las que el hacinamiento en las villas crece son muchas, pero una de las más tristes es que a muchas de las "familias ensambladas" no les quedó otra. Ese es el caso de Nelly, una mujer de 57 años que vive con sus 6 nietos porque los padres de los niños fallecieron.

Nelly prefirió no decir lo que les sucedió a sus hijos, por el contrario, nos contó cómo sus nietos son su alegría, y ella y su marido se preocupan porque estudien. "Él va a la escuela Eva Perón (señala a un niño de 7 años que juega al lado suyo), lo mandamos ahí no porque le den de comer, sino porque ahí aprenden mucho más que en la escuela del barrio, al otro nieto mío lo mandamos a la de acá y repitió", contó, orgullosa de que hoy todos sus nietos saben leer y sumar.

Nelly es una de las vecinas que más tiempo lleva viviendo en el barrio. Ella y su marido se mudaron allí cuando ambos tenían alrededor de 15 años. "Compramos una casa de adobe, y después los vecinos fueron llegando, mi marido ("el Pescado") los fue ayudando, el siempre va a la municipalidad y consigue cosas para que todos estén mejor", señaló.

Al lado de su casa tienen lugar reuniones políticas y los vecinos suelen acudir al marido de Nelly en busca de soluciones.