Presenta:

Un todo musical

Tendrías que ver con qué atino se desliza arriba del escenario, a la manera de un majo cisne que se ufana por sus dotes de belleza.
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(...) sí, cerca de los cisnes de alas níveas, vayamos a juntar lotos azules. Lakmé. Léo Delibes.

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Sus pies decantan en un todo musical. Quizás resulte vana mi búsqueda al querer dar con aquellas palabras que se acomoden a una fiel descripción de su porte y talento sin igual; puesto que lo que un par de ojos puede llegar a apreciar, no lo es tal para otro. Tendrías que ver con qué atino se desliza arriba del escenario, a la manera de un majo cisne que se ufana por sus dotes de belleza. Es ducha como ninguna otra bailarina que haya visto, y esto se justifica por el hecho ineluctable de que no existe un antes, luego de haber sazonado el espíritu con semejante deidad.

Su público todo respira la pasión que emana de su existencia; y consciente de tal efecto, su figura se eleva aún más tras cada movimiento ejecutado. ¡Qué bonita manera de decirle al mundo <>, con tan sólo un par de movimientos! ¡Movimientos deleitosos que enaltecen al universo todo!Dicen los más entendidos, que ninguna otra bailarina puede comparársele en técnica y armonía. Sería como intentar dominar las artes sin haber recabado antes lo suficiente en las vastedades de uno mismo. Pues, de ello se trata, ¿verdad? De permitirle al espíritu agolpar el cúmulo de posibilidades de que está hecho, para que luego sea partícipe de todo cuanto desee expresar. En verdad que esta bailarina lo invita a uno a formar parte de su ensoñación sin miramientos. Es como si susurrase sabias y divinas palabras al oído, a aquellos que tienen la dicha de poder disfrutarla<>. Ciertamente no hay vuelta atrás una vez que ello sucede. ¿Es que acaso alguien podría ignorar a un ángel que se diese a conocer en todo su esplendor? Por momentos, me parece irreal, y hasta en cierto punto imposible, la manera en que se conjugan los elementos del mundo; a saber, el arte y la vida; la belleza y la armonía; la pasión y el ímpetu; la interioridad y las vicisitudes del espíritu; uno y el universo. Todo este vasto conjunto se aúna en un todo secular-imperceptible las más de las veces- que se entreteje con el paso del tiempo, y que no busca otra cosa más que erigirse en las entrañas del hombre que siente y que piensa profusamente. Y como si todo ello no fuese suficiente para colmar a un corazón trastocado por el discurrir de la existencia-que por cierto, jamás lo es- nuestros sentidos, exacerbados por el candor de aquellos sentimientos sublimes que afloran desde las inmediaciones del fuero interno, tienden a interrumpir su cadencia habitual, para ponernos al tanto de lo que se yergue en dicho reservorio. Esto puede apreciarse algunas veces, mas otras no alcanza a percibirse cabalmente. Debes comprender, que son contadas las veces en que se nos presentan estos momentos de dicha; por lo demás, pueden resultar indescifrables para el espíritu humano. Por ello, se debe procurar asirlos con el mayor ímpetu posible una vez que han atracado en las aguas de nuestra turbia existencia, con el propósito de alimentar las más variadas emociones, puesto que acostumbran a zarpar sin previo aviso.

Volviendo a La bailarina de pies alados, como han dado en llamarla los periódicos más prestigiosos de Moscú; el quantum de lo que se exige a sí misma, es proporcional a la tesitura de cuanto irradia su ser.El cariz de su ánimo adquiere diferentes matices a lo ancho del cuadro, lo que produce un hondo sentimiento en el espectador, y una concomitante sensación de profundidad, por lo demás, inefable. Posee la capacidad para traducir con el cuerpo aquellas emociones que abona su delicado espíritu. Se trata de un discurrir entre lo que pretende guardar para sí, y aquello que desea compartir con el mundo. Ello se ve reflejado en la manera en que dialoga con su animoso público. Su corazón, embadurnado por el fulgor de una inconmensurable pasión, se amalgama al compás de los latidos de aquellas almas que se ven transformadas por los menesteres de su arte.Y a escondidas de los mortales -puesto que en talla y belleza se halla moldeada a la manera de una divinidad etérea- se ufana de aquella parte que le ha tocado en suerte en esta vida; y se piensa a sí misma, como un ser estrambótico que aventaja al resto, tanto en carácter como en virtud. A mi parecer, nada más cierto que esto último. No en vano se ensancha el corazón, y se aligera el peso del alma, cada vez que aparece en escena. Toda su vida se concentra allí; y es bien sabido por todos, que no existe otro lugar en donde pueda encontrarse más a gusto un alma, sino es aquel, en donde se le permita consumar todos y cada uno de sus derroteros. El costo para alcanzarlo, es alto y riesgoso, por ello hay tantas almas penando sin tregua, puesto que no todos cuentan con lo necesario para hacerse cargo de su sino.

En cierta oportunidad, dicha bailarina se lesionó de gravedad, en medio de una de sus presentaciones. Lo que parecía haber sido un movimiento soberbiamente ejecutado, no fue tal. Todos los allí presentes, hubieron quedado sumamente afectados, y por demás desconsolados ante semejante escenario. -¿En verdad está ocurriendo todo esto?- Tal fue la pregunta que se dibujó en aquellos rostros macilentos, apagados a causa del espanto. Mil pensamientos me asediaban, sin reparo. Todo se me presentaba como un mal sueño. Recuerdo que me dije a mí mismo que, de ser ello posible, me encontraría dispuesto a intercambiar de lugar con la extraña bailarina, sin siquiera pensármelo dos veces. Su dolor se hizo dolor en mí, y alcancé a experimentar todo lo que a ella le acongojaba en aquel entonces. Me esforcé por tratar de entender a qué se debía el estado actual de mi alma. No tenía sentido alguno que de mis ojos brotasen lágrimas de abatimiento, y que un tajante desasosiego me fulminase por dentro, o al menos eso creía. Pero luego de un insondable escrutinio, caí en la cuenta de que mi corazón hallábase dispuesto de ese modo, porque allí se sentía vivir. Tratábase de la mejor de las existencias posibles, y cuando al fin pude descifrarlo, me entregué por completo a aquel fecundo estado de dicha, acompañado por un dejo de zozobra regocijante para un espíritu que acostumbra a desfallecer con los avatares que lo abruman.

Ansío que puedas leer más allá de estas breves líneas, y que alcances a atisbar el fondo de lo que quieren significar.Deseosas se hallan más que nunca mis palabras, por ello debes procurar desnudarlas con parsimonia. Por el momento, sólo me resta decir: ¡Bailemos aquí y ahora!

N. 

Manuel Arias