Indio (Solari y una despedida fatal)
Indio
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4.Perteneciente o relativo al indio (‖ grupo de lenguas). Léxico indio.
La misa era esta vez en Olavarría. Casi todo el mundo coincidía que este show en vivo quizá era el último del músico, en tanto su padecimiento de Parkinson iba reduciendo sus posibilidades de subirse a un escenario.
Lo cierto es que a esta hora, pasada las 8 de la mañana, y cuando sabemos que el recital de anoche fue un verdadero caos, todavía no se sabe la nómina de víctimas fatales. Un poco más de locura para quienes siguen con devoción a uno de los emblemas musicales de un país que no por profundo, desnuda errores de organización.
No es la primera vez que un show que protagoniza Solari acaba en tragedia, esto es, en muerte.

Anoche un cuarto de millón de personas esperaron que el músico saliera a escena, para renovar lo que dicen es una misa pagana. No hay distinciones sociales o económicas entre sus seguidores, aunque la mayoría del público ricotero provenga de una cultura rock arraigada desde lo familiar o pibes y pibas que seguramente la yugan todos los días para liberarse en estos encuentros.
Son multitudinarios desde hace años y no siempre están a la altura de las cantidades de personas que participan. Algunos creen que eso es el rock.
Más allá de estas consideraciones, la despedida de Solari de los shows en vivo -en caso que efectivamente la de anoche haya sido su última presentación- tampoco está a la altura de un fenómeno cultural y de un hecho artístico muy curioso en todo el mundo.
Nadie podrá restarle méritos a uno de los tipos más influyentes entre las nuevas generaciones del país, pero las muertes que se suman a su historial, y en especial las de esta despedida, hablan muy poco bien sobre el profesionalismo desde lo organizativo. Y hablar en estos términos, en 2017, nos remite a una situación anacrónica.
Es sabido que uno de los baluartes de Solari, incluso perteneciendo a Los Redonditos de Ricota, era la independencia de las compañías y agencias de producción que supuestamente integran el establishment del rock argentino. Solari decidió, en solista, continuar este camino de autogestión, pero que nadie se confunda: apenas trazó una improvisada ruta de aventuras. A lo mejor es lo que seduce a sus fans.
Pero más allá de cualquier fascinación, el valor de la vida humana parece más importante que cualquier postulado independentista.

Solari ha escogido ciudades fuera del circuito tradicional del espectáculo y hasta del rock. La mayoría sin infraestructura para estas aglomeraciones. Se ha asociado para ello con entidades gubernamentales y ha provisto de zonas liberadas en campings para sus fans.
Si alguien que pregona desde sus discos la dignidad propone estas condiciones, evidentemente algo falla en el medio: no hay dignidad en la idea de "es así, es lo que hay". Más bien todo lo contrario: impotencia por mejorar servicios, imposibilidad o desinterés.
Las sumas de dinero que recauda el músico nunca están en conflicto: sus fans y acólitos le aguantan todo.
Es una lástima que el Indio Solari termine su carrera de esta manera.
Pero peor la han terminado quienes han fallecido en sus shows. Y esa mancha le baja el valor a un artista que debiera haber pensado más en los otros que en él mismo.



