Años (casi treinta no es nada)
Del latín annus.
1.Tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol y que equivale a 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.
2. Período de doce meses, a contar desde un día cualquiera.
Pasaron 30 años y han sido 30 minutos, apenas. Ni yo puedo creerlo, que creo en todo y en nada. Y con razones para ambas variantes.
Un reciente encuentro con personas que conformamos, hace casi tres décadas, un grupo dentro de la organización Amnesty International, me ha disparado el tango. Sin querer o pretenderlo.
Amnesty tuvo aquí bastante gloria e impacto a fines de los 80. Y el mayor momento de efervescencia sucedió cuando se anunció como acción "global" una gira con artistas de rock, periplo que increíblemente pasó por Mendoza, debido a que en Santiago todavía dominaba el país un tal Augusto Pinochet. De allá llegaron miles a esta celebración.
Parece en blanco y negro pero todo era bastante colorido en aquellos días de 1988. Somos lo que somos y somos los que estamos y somos lo que pudimos.
Bruce Springsteen, Sting, Peter Gabriel, Youssou N'Dour, Tracy Chapman, con el soporte de Markama y los chilenos Inti Illimani y Los Prisioneros, protagonizaron la penúltima etapa de una extensa gira, que, al día siguiente, culminó en River Plate, con Charly García y León Gieco. Sucedió el 14 de octubre aquí, el 15 allá. Ya militaba para Amnesty Mendoza, en el grupo formado por estos seres a quienes acabo de ver hace unas horas, luego de muchísimos años de no frecuentarlos.
El grupo restante de Amnesty, y pongamos que fue el más serio de la organización, estaba integrado por Carlos Varela, Diego Lavado y un colado de los servicios, José Leopoldo Galera (me vine a enterar ahora), entre otros. Cubrí el último concierto de la gira mundial "Human Rights Now!", en Buenos Aires, para mi especie de academia profesional. Hablo de un diario llamado "Hoy", que en ese tiempo era parte del Estado.
Allí comenzó mi romance con Charly García, declaradamente, a cielo abierto y a ciegas (siempre voy a estar de su lado, hasta en la sinrazón, canto).

Charly comienza el coro y termina en Bruce Springsteen. Real realidad.
¿Por qué nos reunimos aquellos que éramos, casi 30 años después? Vaya a saber lo que el destino nos reservó. A mí el rock ya casi que no me importa. Los derechos humanos, si. Como siempre. Yo no cambié mucho en esto, sino los "campeones" de esta disciplina, que se comieron los amagues como rivales de Messi. En fin.
No deja de extrañarme que la noche que nos juntamos fue la del debut en prisión del ex mandamás del Ejército, este tal Milani, socio de Moreno, otrora capanga con ínfulas de militar puesto a entender la política.

La "izquierda". Casi que ser de "derecha" es una especie de obligación.
Pasaron 30 años y han sido 30 minutos, apenas. Suena un bandoneón, parece Goyeneche pero soy yo, amigos.
Tuvo que organizar este encuentro la única del grupo que no vive en Mendoza, ni siquiera en Argentina. Ella llegó desde Berlín, donde vive hace décadas. Poli Quintana, si quieren precisiones. Se dedica al diseño editorial y es una free lance, feliz, en una ciudad en la que garpa ser free lance. Increíble que todo haya sido orquestado desde allí (o sea, allá) y no logro explicarme todavía cómo se las arregló. Cosa de alemanes.
Cuando llegué, con las reservas que supone una clase de encuentro así, estaba otro viejo compañero de rutas, el no tan pequeño de porte pero gran republicano, el fenómeno Martín Ramírez. Siempre que lo veo tiene el mismo tono, aplomo y una sutil decencia en sostener sus ideas políticas. Fue quien inventó este grupo B, de Amnesty. Y también es el inventor de la Fiesta de la Cerveza de Godoy Cruz. La que bebe en su intimidad casi siempre es la que produce en sus confines, del modo más artesanal posible, pero léase artesanal, del verbo que se las rebusca para tomar lo que le gusta y a su modo. Es de River. Nadie es perfecto, ya sabemos. Capo, igual.
Si Leopoldo Moreau lo escuchase solamente 15 minutos sentiría verguenza de definirse como radical alfonsinista. O radical, a secas.
Andrés Torres, otros de los que mostraron dudas en llegarse hasta ese bar en La Alameda, en cambio, es de Independiente de Avellaneda. A la cerveza número 9 le hablo de Bochini, de Alzamendi, de Barberón. Me agarra el brazo, con onda, cariño. Dice: "querés hacerme llorar". Este ha sido un salvaje en el sentido de aquel huraño que encuentra su caverna y, sin embargo, es el más sociable de todos. Hasta el día de hoy me pregunto cómo ha procesado tanta información sobre la cultura rock y la cultura en general. Quizá sea el punk más cabal que haya conocido. Hoy reporta la siguiente condición: casado hace cinco años, y ya con celular, como innovación, a la que se negó sin demasiado circo (espíritu punk, boys). Gente grande haciendo ridiculeces. Bienvenidos al club.
Javier, desde hace todas estas décadas, ya era un distinto. Y un tipo abierto que podía estudiar en el Martín Zapata y vivir a cuadras de la cancha de Huracán Las Heras, sin ningún conflicto. Era un adelantado en cagarse en los prejuicios. Y vivía como los surrealistas en Paris: abriendo caminos. ¿Quién imaginaría que hoy sería sindicalista y defensor de lo que conocemos como kirchnerismo? Su "radicalidad" fue de lo más impactante esa noche.
Pensándolo bien sigue haciendo lo mismo: cagarse en los prejuicios. Estuvo más de un año sin hablarse con su familia más directa, a causa de sus ideales. En la cerveza número 13 le conté que pasé el peor Año Nuevo de mi vida, hace algunos veranos, por culpa de Hugo Chávez, al que un idiota que no sabía nada de política (no saber de política es no saber casi de nada en la vida, aclaro) defendía y "militaba", como si en eso le fuera la vida. Nos entendimos con Javier en ambas historias. Y brindamos, creo.
Dejo para el final a un tipo sencillamente genial, increíble y tan hermoso como siempre. Le decimos Nani pero se llama Fernando. Y cuando yo pensé que ya "sabía" qué onda con cada uno, el tipo dijo (y lo repitió hasta la cerveza número 18), que había sido atrapado por las matemáticas. Y todos asintieron porque sabían de él, menos yo.
Nani llegó a Amnesty desde la revista "Pelo" y de sus ganas de hacer su propia revista, Ramirez, que nunca ha sido lento para captar inquietos, le hablo de Amnesty. Y entonces Nani trajo a la monada de Las Heras. Y nunca hizo su revista pero sin saberlo se metió en la historia como un tipo al que fácilmente diremos que representa la izquierda. Pero tiene ese costado salvaje, a la Lou Reed, la que no entienden los boluditos de Godoz Cruz, por ejemplo, y entonces es más de izquierda que la izquierda caviar. No ha cambiado nada. Y desde las matemáticas ha entendido su lugar en el mundo: la lógica, al final, es la magia.
Si pudiera resumir aquí lo que pasó seguramente sería un escritor de esos que las editoriales organizan charlas y todo el auditorio hace silencio. Simplemente quería reafirmar aquello que pasaron 30 años y han sido 30 minutos, apenas.
Ni más ni menos.
¿Quién habrá inventado el porvenir?






