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Cuentos del secano lavallino

Bettina Ballarini reúne una serie de voces del desierto mendocino que narran la rica historia cultural tradicional de nuestra provincia.

Dicen que la gran obra de Mendoza es el agua. Canales, zanjones, acequias, hijuelas, surcos conducen y distribuyen en el valle de viñedos los ríos de la montaña. Muchos definen como "oasis" esta provincia del oeste argentino recostada sobre la imponente Cordillera de los Andes. Un oasis donde el hombre construyó su agua.

Pero a poco de andar camino del agua, se abre otra realidad opuesta al próspero valle vitivinícola y a las ilustres arboledas urbanas. Más allá de los cauces de riego, en el ángulo noreste de la provincia, donde los ríos Mendoza, Desaguadero y San Juan desembocan en exiguos hilos o en socavones secos, principalmente en el Departamento de Lavalle, ha brotado el desierto. Este territorio, que fuera en otros tiempos la locación del complejo de humedales más vasto de la Argentina, en buena parte se desertizó como consecuencia de la "construcción" del agua del valle

La palabra desierto suele referirse a un espacio yermo y despoblado. Se supone que la aridez extrema pone de manifiesto un ámbito limitante para la instalación humana. No obstante, desde épocas primigenias, se desarrolló en estas tierras una población ligada al complejo de las lagunas del Guanacache y, fundamentalmente, a la población originaria de los huarpes. Hoy, aunque escaso y disperso, también hay un asentamiento poblacional, unas tres mil quinientas personas, cuyas características nos permiten profundizar en una realidad mendocina de grandes contrastes: oasis y desierto conviven en el mismo territorio geográfico como doble rostro cultural.

Los ojos del desierto es un libro de cuentos de Bettina Ballarini armado sobre la base de tradiciones orales del secano lavallino, que la autora recopiló durante un proyecto de alfabetización de puesteros jóvenes y adultos que desarrolló entre 2000 y 2004 en la Reserva "Bosques de Telteca" y zonas aledañas.

El título intenta recrear la contradicción de que el desierto, ese territorio cuyo nombre supone el vacío, el despoblado, está habitado por ojos y miradas que le dan vida e identidad.

A través del hilo vertebrador de la voz de una maestra y de las propias voces de los puesteros y habitantes en general (los diálogos están reproducidos al modo de los regionalismos cuyanos), desfilan con mirada fotográfica sobre los arenales y socavones de ese "desierto", trece cuentos breves sobre brujas, animales fabulosos, "almas en pena", apariciones del "Innombrable" en la Salamanca de los Altos Limpios, bandidos laguneros, "encantamientos". Así: "Los ojos del desierto" (cuento que da título al libro), "El tiempo de la chicharra", "El algarrobo de Santos Guayama", "La encantada", "El familiar", "El ojo de mar", "El abanico", "La corzuela", "Los dibujos de la Rocío", "La cifra del cuyano salamanquero", "Los pescaderos y la Brunegilda", "El trigo" y "Una historia sin basilisco", buscan en las creencias más originarias de nuestra cultura mixturadas con la del conquistador, para representar esta dicotomía que nos define como oasis/desierto y como occidentales y cristianos pero con reminiscencias de las prácticas legendarias de los originarios.

Los ojos del desierto es una buena fuente para quienes tengan sed de leyendas y, particularmente, para nuestros jóvenes que desconocen la mayoría de nuestras tradiciones populares.

Ejemplares físicos en venta en "Payana" (stand de los sábados en La Alameda), en García Santos Libros y por correo electrónico a jagüeleditoresmza@gmail.com. A partir de abril, en formato e-pub por Amazon.