¡La pantomima debe continuar!
Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos. Emil Cioran.
Te puede interesar
Llega el Festival del Alfajor: cuándo y dónde será
-----------------------------------------------
- Madre de un hijo que agoniza: ¡Oh! ¡Muerte imperecedera que todo lo malogras y reduces a la nada, te yergues hoy aquí, y sin más dilación, deseas arrebatarme a la estrella más bella que jamás hubo poseído alguien! ¡Mi pobre y amado hijo! ¡Mas llévame a mí, ominosa e inveterada Muerte! ¡No pierdas el tiempo con tus vanas estratagemas, pues jamás lograrás turbar el sosiego que anida en mi alma! ¡Piedad, sólo eso te pido, piedad para quien yace hoy aquí postrado y con el espíritu colmado de dolor!
- Muerte (deseosa por hablar. Parece indignada):conque esa tenemos. ¿Es que acaso mi sola presencia no os atemorizalo suficiente como para guardar silencio? ¿Quién sería capaz de desafiar a la Muerte y creer que no recibirá castigo alguno por semejante improperio? No en vano es mi fama en el mundo por las muchas vidas que he apagado y que he de apagar en lo sucesivo. Pero a decir verdad, cada vez entiendo menos a los humanos. Piensan en una inmortalidad que nunca ha existido para su estirpe, cual si fuesen dioses que lo observan todo desde el cielo sempiterno, y que nada ni nadie puede hacerles perecer, mas yo os demostraré todo lo contrario. ¡Traedme al desgraciado! ¡No sigáis dilatando más el asunto, sé muy bien lo que traman sus pobres mentes! No estoy para juegos, ni mucho menos para perder el tiempo escuchando súplicas y lamentos. Estoy seguro de que no querrán verme enojado, porque cuando me enojo...
- Vida: y pensar que albergaba otros planes para ti, pero por lo visto, las estrellas han sabido engañarme una vez más con sus encantos de mujer. ¡Embusteras de por vida! Tratar de convencer a la Muerte de que no haga su trabajo, es como pretender extinguir el fuego que anida en el corazón de un Romeo enamorado. Nada hay que yo pueda hacer para salvarte. Te he dado lo mejor de mí, y con ello debes darte por satisfecho. Las muchas piedras y nubes grises que se hubieron cruzado en tu camino durante todo este tiempo, así como también, los aciagos días en que la tristeza se hubo adueñado de tu efebo corazón, no han sido en vano, pues tu espíritu se ha visto fortalecido, y las enseñanzas se hicieron parte de ti. Has sabido resurgir de entre las sombras innumerables veces, y tu espíritu dará de qué hablar allí donde sea que te conduzca la Muerte.
- Espíritu: alguien ha pronunciado mi nombre, lo he oído muy bien. ¡Quien sea que haya sido, dé la cara ya mismo! ¡No estoy sordo ni tampoco de humor como para soportar tales jugarretas! ¿Quién está ahí? Que hable ahora o calle para...(Tose tres veces). Ya no puede uno descansar en paz, que al rato lo interrumpen. Por momentos pienso que sería mejor sumirse en un profundo letargo y no despertar jamás, pero aquí estamos. ¡Oh! ¡Tiempos dorados que ya no son más que escombros del pasado! (Con cierta nostalgia y pesadumbre). En dónde han quedado las buenas costumbres, que alguien me lo diga. Soy Espíritu, pero a veces siento que no se me respeta para nada. Cuando menos me lo espero, me apuñalan por la espalda. ¡Ay! Pero si yo llegase a descubrir quién es el que se ha atrevido a ofenderme de ese modo... -Vida y Muerte lo observan confusos. Piensan que Espíritu ha enloquecido.
(De pronto, todos guardan silencio y se esconden en distintos escaparates. Llega Tiempo).
- Tiempo (como apurado):¿Dónde se encuentran todos? Algo me dice que intentan evadirme, mas ello no supone un problema para mí, puesto que tarde o temprano todos se rinden a mis pies. A muchos los apremio, y a otros tanto los ilusiono en vano. ¡Ja, ja, ja! (Ríe maliciosamente). La mayoría de los humanos piensa que me tienen a su antojo, mas luego caen en la cuenta de que suelo desaparecer sin dar el menor aviso. Soy capaz de hacer reflexionar a muchos, y de amedrentar a otro tanto. Cada vez poseo mayor poder sobre la especie humana, o debería decir mejor, sobre mis esclavos. Acatan mis órdenes sin ninguna objeción, y ello me produce un gran regocijo, pues a todos aquellos que han querido burlar mis preceptos alguna vez, no les ha ido para nada bien. Nadie más que yo puede alargar la vida, o en su defecto, acortarla.
A continuación, la función se hubo interrumpido por un momento, y los actores, muy amenos en su trato, y con aquel humor rebosante que caracteriza al espíritu del artista, se dispusieron a interactuar con el público presente. Nicanor, quien hallábase deseoso porque la obra continuase sin mayores dilaciones, pensaba en la pasión que emanaba de aquellos seres tan soberbios y diferentes al resto, pero al fin y al cabo de carne y hueso. Sentíase a gusto entre aquellas gentes dispuestas a entretejer emociones tan misceláneas como íntimas, y que por lo demás, colmaban de alborozo la existencia de aquellos corazones tan expectantes, e inmersos en el entramado de una majestuosa ilusión. No era lo que pudiesen llegar a poner en palabras uno y otro personaje lo que aumentaba la complacencia y el estado de embeleso en que hallábase sumido Nicanor, sino, el cúmulo de magnificentes universos de que estaba compuesta la representación de cada una de sus vicisitudes internas, así como también, la posibilidad que detentaba su espíritu de poder asir los derroteros más sublimes del arte. Obnubilado, y a su vez, embriagado de amor por todo lo que significaba aquel misterioso juego de humores y humanidades que se desnudaban ante sí, y que de acuerdo al hilo de sus pensamientos era representado sólo para él, no podía menos que preguntarse a sí mismo si todo aquello no se trataba más que de un idílico sueño del que aún no había despertado.
De pronto, mientras aún hallábase prendado de extrañas cavilaciones, uno de los miembros del elenco, quien llevaba la voz cantante, y que demostraba sus dotes de seducción al momento de tener que conducirse a las masas, se hubo dirigido al público espectador:
- Damas y caballeros, si gustáis de seguir deleitándose con la obra, os sugiero que se acerquen un poco más hacia el centro. ¡Más, más aún, no sean tímidos!(Se dibuja una mueca en su rostro que produce cierto sobrecogimiento, como si ocultase intenciones malignas). Pues bien, ahora que todo se halla dispuesto y en orden, os debo haceros una última petición para que la función salga tal y como se hubo previsto. Quiero que cierren los ojos, y a continuación, se imaginen a sí mismos en otra parte. No importa en dónde, no es lo que nos interesa en este momento; sino que deben intentar poblar su mente de imágenes vivificantes que les permitan alejarse lo más posible de aquí y ahora. Muy bien, hecho esto, podrán volver a abrirlos pasados tres minutos, ¡pues el show debe continuar!
Dicho esto, y pasados los tres minutos, el público, que ahora se hallaba más próximo a la fuente de la plaza, en donde los artistas callejeros hubieron montado el escenario para consumar su espectáculo, se dispuso a abrir los ojos. Su desconcierto, y el intercambio de miradas escrutadoras entre sí, hubieron creado un ambiente grotesco, semejante al de una pesadilla que no termina por acabar nunca. Los actores, que hasta hacía un momento se encontraban allí presentes, desaparecieron sin más. Nicanor, por su parte, no podía salir de su estado catatónico, y aun cuando hubo sido el único en permanecer con los ojos abiertos durante toda la farsa, no pudo atreverse a delatar a los estafadores, quienes habían emprendido su huida con gran asombro por el extraño comportamiento de este. Tal y como aquellos malvivientes moradores del mundo oscuro,pudo satisfacer sus instintos más malsanos, y se vio transformado por la malicia que se hubo adueñado de su espíritu abyecto. Cayó en la cuenta de que en la esencia de todo ser no podían hallarse más que deseos despreciables y una siniestra oscuridad, y que uno se puede salvar sólo en la medida en que se acepte aquella pecaminosa disposición del espíritu, pues...¡La pantomima debe continuar!
Manuel Arias


