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Plan Malvinas

Los castillos nacieron como fortalezas y continuaron como símbolos de lujo. Los de arena, en cambio, suelen ser los de causas más nobles.
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No es exactamente un castillo, aunque a la distancia lo parezca. Y tampoco una construcción de arena convencional. Es un tanque de guerra, sin dudas, cuando me detengo a un metro de este coloso.

Quien lo ha diseñado es uno de los chicos que aparece en esta foto. Le pregunto si lo hizo solo y me responde que sí. Quedo maravillado. Podría ser la envidia de Milani, un represor "progresista", para algunos, un mal bicho, para las mayorías, un inútil más de los que tuvieron (y tienen) poder..

El constructor de este tanque me invita a recorrerlo en cada detalle. Me muestra los detalles. Frente suyo ha diagramado un comando con piedras y cañas que funcionan como perillas y botones. Deben ser peligrosísimos si los activa. Por eso no le pregunto por los efectos de cada uno de ellos, ya que no es cuestión de despertar el ánimo bélico así porque sí.

Luego pasamos a la ingeniería pergeñada para ambos lados del asiento del único piloto de esta nave. Allí encontramos un radar, realizado con uno de esos discos de playa (un típico frisbee). "Es importante saber si hay naves enemigas", me dice el chico, ante cierto estupor que intento disimular.

A su mano derecha, en cambio, ha dispuesto de una serie de relojes y un único botón, que, sospecho, es el que desencadena los cañones ubicados al frente de este prodigio armamentista.

No soy el único que se detiene frente a este ofensivo castillo que tampoco es castillo. Sí soy el único que habla con el chico mientras me deja tomarle algunas fotografías. El padre de la criatura me hace una seña con el pulgar hacia arriba. Y sonríe con cada intervención de su hijo.

- ¿Con esta arma podemos recuperar las Malvinas?- pregunto. Para reírnos un rato más.

En ese instante salta el amigo del constructor, que había permanecido en silencio, y me responde:

- Y se las sacamos a los ingleses, de una buena vez- explica.

Son chicos. Largo la carcajada. Los saludo, Me voy yendo.

Por suerte que son chicos y más afortunados somos todos nosotros, ya que ninguno de ellos es presidente y decide un guerra al calor de un Chivas Regal con 21 años de añejado. Por suerte.