Palabras vivas
A lo mejor escribir no sea más que una de las formas de organizar la locura. Isidoro Blaisten.
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- Me hube hecho a la idea de que tu estadía en la capital se prolongaría hasta pasado mañana. Lo siento, en verdad, pero es que no pude evitar adentrarme en los confines de este vasto lugar. El aire que se respira aquí es tan puro, que lo fortalece a uno por completo, a la vez que exacerba todos los sentidos. No tiene parangón alguno. -se excusó Nicanor, quien se hubo aventurado a explorar el jardín del palacio real, en donde la escultural Mrs. Chauchat solía dar largos paseos en las tardes.
- ¡Mi estimado Nicanor! Jamás se me hubiese ocurrido encontrarte aquí, en los rincones de mi preciado jardín; tan apartado del mundo. ¿De veras? Pues ha de ser maravilloso poder cultivar el espíritu con una cultura tan rica; me gustaría ir contigo en otra oportunidad, si no es mucho pedir claro está. Pero qué cosas digo; yo aquí planeando viajes y divagando como siempre, sin siquiera haber reparado en preguntarte cómo te encuentras, después de tanto tiempo sin saber de ti.Bueno, quiero que me pongas al corriente acerca de tu vida, qué te trae por aquí; ya sabes, todo aquello que uno necesita saber al momento de reencontrarse con un amigo del que hace mucho tiempo no se sabe nada al respecto. -el rostro de Mrs. Chauchat se ruborizó por completo, al momento de percatarse de la presencia de su entrañable amigo Nicanor; y entre medio de sutiles sonrisas y una acostumbrada coquetería, se dispuso a recorrer el jardín y a conversar con su flamante visitante.
- Mi vida ha estado algo convulsionada, como la de tantos otros supongo. Continúo trabajando para el diario que me hubo abierto las puertas desde un primer momento, y a veces, colaboro con algunos artículos para el Mercure de Francia.Por otro lado, me encuentro embarcado en una obra de teatro que ansío poder publicar más adelante. Creo que algo bueno puede resultar de todo ello, siempre y cuando el viento sople a mi favor. -aunque no lo demostrase, Nicanor se regodeaba por dentro, cada vez que se le presentaba la oportunidad de comunicar sus proyectos personales.
- Siempre me hubo parecido más que insuficiente, el reconocimiento otorgado por el diario, a tu esmero y crecimiento profesionales; aunque eso tú ya lo sabes. ¡Pero qué delicia! Una obra de teatro siempre tiene algo que decir a la sociedad, ¿no lo crees? ¿Y cómo vas con ese asunto? Algunos opinan que lo más importante en el complejo mundo del arte, consiste en poder apreciar el volumen de aquello que se va gestando durante el proceso artístico en sí, y que todo lo demás, no es sino, un decorado pintoresco y superfluo.-las palabras de Mrs. Chauchat resonaban como un eco profundo en lo más hondo del corazón de su amigo Nicanor.
En el rostro de Nicanor, alcanzaba a vislumbrarse un atisbo de ensoñación que propugnaba camuflarse. Sabía muy bien que, todo cuanto le comunicase a su amiga, permanecería guardado bajo llave, y es a causa de ello que le prodigaba una férrea confianza en torno a sus asuntos. Mrs. Chauchat, consciente de semejante entramado, procuraba arraigar aún más aquellos cimientos de confianza erigidos, y al mismo tiempo, despertar los más tiernos sentimientos en el corazón indulgente de su buen amigo. En cada encuentro, el uno sacaba provecho del otro, puesto que ambos hablaban y entendían el lenguaje poético de las palabras. Y llegado el caso en que sus caracteres colisionasen debido a un choque conflictivo de fuerzas, entonces, se esforzaban por reconciliar dichas asperezas y retornar al punto de partida de dicho asunto.
- Pues, resulta ser que escribir es todo una odisea. Por momentos, el trabajo se torna pesado y agobiante, puesto que lo que en un primer momento se presenta como un puerto seguro donde atracar, pronto deja de serlo, para convertirse en un lugar sumamente peligroso y sin salida alguna. Pero por otra parte, se trata de una tarea que no tiene punto de comparación con ninguna otra actividad humana.La manera con que uno puede dibujar la vida a través de las palabras, es para mí y para muchos otros que se hallan abocados al noble oficio de escribir, el aliciente que dota de sentido a todo cuanto nos rodea.
En cuanto a mi obra de teatro, albergo un halo de esperanza respecto al producto final, no obstante, ciertos puntos de la trama aún permanecen oscuros, por lo que no me termina de convencer del todo. Quizás puedas ayudarme a encauzar por buena senda mi historia; eres buena a la hora de encontrar caminos transitables para los demás.-dijo solícito Nicanor, quien deseaba con sumo fervor que su amiga le tendiese una mano en dicho asunto.
- Oh, querido Nicanor, hace ya bastante tiempo desde la última vez en que alguien hubo solicitado mi consejo para algo. No sabes cuánto bien le has hecho a mi solitario e inseguro corazón. En este preciso momento, daría lo mismo si se acabase la vida en la tierra como si no. Nos veo juntos aquí y ahora, y siento como si nuestras vidas hubiesen sido creadas para encontrarse y perderse una y otra vez. Por supuesto que pienso ayudarte en lo que más pueda.
Creo que, antes que nada, deberías preguntarte por qué escribes esa historia en particular y no otra. Tal vez allí puedas comenzar a disipar un poco la niebla que te impide ver con claridad.-Mrs. Chauchat era de las pocas mujeres en la vida de Nicanor, que lograba acertar a la primera con sus respuestas. Y es por ello, que gustaba de escuchar lo que tenía para decir respecto de sus asuntos.
Es un buen comienzo. Ahora que lo pienso, no hube reparado en ello hasta este preciso momento. Creo que, en definitiva, el porqué de lo que pretendo contar con mi historia, se halla en consonancia con lo que bulle en mi interior, y no con otra cosa. Tal vez, deba ajustarme a los lineamientos que vaya dictando mi interioridad, con el fin de poder acercarme a eso que tanto busco: la plena y libre escritura. -dicho esto, ambos clavaron sus miradas fijamente en el otro y el cielo se disipó.
Manuel Arias

