Los Deambuladores mendocinos van de Georgia a Bulgaria
Se terminó nuestra aventura georgiana, fueron dos meses de los más intensos y ya varios kilómetros después, nos gustaría primero, contarles cómo fueron los últimos días, que por supuesto no fueron convencionales y segundo decir unas palabras finales sobre este maravilloso país.

Desde el sur de Georgia, nos escribieron unos amigos si podíamos volver a ayudarles en su hostel y restaurant porque era el inicio de la temporada y necesitaban gente, obviamente partimos para allá. Con un calor terrible, andábamos haciendo dedo por la ruta, cuando una camioneta para, le dijimos que íbamos hasta un pueblo muy chiquito en medio de las montañas, no porque queríamos ir hasta ese pueblo sino porque queríamos tomar esa ruta específicamente, nos dice que sí que nos puede llevar, contentos nos subimos a la camioneta y como siempre tratamos de entablar una comunicación, y por lo que nos decía el hombre él no iba en esa dirección, incluso él ni siquiera tenía que dejar el lugar dónde nos levantó. Ahí nos salió la desconfianza que tenemos incorporada y pensamos: nos quiere cobrar.
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En muchos países es común, paran como para llevarte pero te piden plata a cambio. Entonces, cuando vimos un pueblito (mucho antes de nuestro supuesto destino) que parecía un buen lugar para acampar le pedimos que parara que ese lugar estaba bien, no nos hizo caso y siguió, ahí empezamos a preocuparnos mucho, no sólo nos iba a cobrar sino que nos iba a cobrar mucho. Por fin, después de un par de intentos más para hacerlo frenar él paró, en la cima de la montaña con una vista increíble, un lugar muy impresionante, nos preguntó si estábamos seguros que no queríamos seguir, nos ayudó a bajar nuestras cosas, se despidió, dio la vuelta con su camioneta y volvió por dónde habíamos venido, sin cobrarnos nada. Lo que quiere decir, que el tipo nos estaba llevando de pura buena onda y nosotros por desconfiados pensamos cualquier cosa.
El lugar era maravilloso y empezamos a buscar dónde poner nuestra carpa para pasar la noche y preguntamos en una casa, la señora nos invita a pasar, nos sirve un té y “charlamos” (nuestro nivel de georgiano es extremadamente nulo, pero con voluntad, señas y sonrisas todo se puede) un rato, cuando le preguntamos si podíamos armar la carpa ahí nos respondió con un rotundo NO, que nos sorprendió, pero inmediatamente nos llevó arriba de su casa y nos mostró nuestra habitación, que durmiéramos ahí nos dijo. Felices empezamos a acomodarnos y comenzó a llegar gente, tíos, primos y hermanos que venían todos a cenar esa noche, y en el medio estábamos nosotros, tratando de entender un poco de qué pasaba, por suerte llegó una pareja joven que la chica hablaba algo de inglés y el muchacho es turco y nuestro nivel de turco es “un poco mejor” que de georgiano, así que gracias a ellos empezamos a entender un poco más, comimos muchísimo, aprendimos un juego de cartas, charlamos y tomamos mucho vino. Cualquier parecido con una reunión de amigos en Argentina es pura coincidencia.
Al día siguiente nos fuimos con la pareja a pasear por las montañas, casi toda la mañana estuvimos dando vueltas por ahí, y a la tarde nos dejaron en la ruta que necesitábamos tomar y nos invitaron y súper invitaron a su casa en Tibilisi, la capital del país, guardamos su número y seguimos viaje hacia el sur.
Trabajamos unos cinco días ayudando a nuestros amigos en el hotel restaurant, y lo increíble fue que en un momento mientras corríamos como locos de acá para allá, escuchamos un: “che, ¿será acá?” Los dos nos frenamos y como en cámara lenta nos dimos vuelta para ver a dos mochileros entrando al restaurant con pinta de muy perdidos y hablando español. Resulta ser que, coincidimos con otros dos argentinos, que están haciendo lo mismo que nosotros, en el medio del desierto del sur de Georgia, el mundo es un pañuelo. Ellos llevan algunos meses más que nosotros de viaje pero la modalidad de viaje es la misma y obviamente también han tenido montones de aventuras muy locas así que tuvimos la oportunidad de charlar en español largo y tendido porque ellos también venían con planes de quedarse a trabajar en ese lugar, contarnos aventuras y como si fuera poco… ¡tomar mate! Después de casi tres meses volvimos a tomar mate, esa sensación es difícil de explicar. (Estos chicos, Maga y Miguel, también tienen su página de Facebook: Solo un Paseo. Y tienen fotos y anécdotas increíbles)
Fueron unos pocos días juntos y nosotros teníamos que seguir viaje, llamamos a nuestros amigos que nos habían invitado a Tibilisi, fuimos con la idea de pasar dos días con ellos, para no abusar, pasear por la ciudad y no hacer nada. Cuando llegamos nos llevaron a su casa de fin de semana, sería como el “Chacras de Coria” de Tibilisi, nos dieron las llaves y nos dejaron solos en la casa. Ellos venían todas las tardes a pasar un rato con nosotros, o a llevarnos a pasear y los dos días se convirtieron en una semana, porque no querían que nos fuéramos, la legendaria hospitalidad georgiana. A la hora de la despedida, además de las lágrimas, nos propusieron llevarnos hasta fuera de la ciudad para que sea más fácil hacer dedo. Llegamos al lugar y había un camión parado, el conductor estaba esperando a su compañero, nuestro amigo se bajó y la preguntó si podía llevarnos hasta la frontera con Turquía. El camionero de Azerbaiyán aceptó y salimos…
Los cuatro días que pasamos con los dos camioneros de Azerbaiyán lo vamos a dejar para un próximo texto, intentando no abusar de la paciencia de nuestros lectores, pero, Georgia se merece una reflexión final… 
Francia, España, Italia, Inglaterra o Alemania son los países que se vienen a la cabeza cuando uno planea un viaja a Europa y eso está muy bien, son lugares maravillosos que tienen mucha relación con nosotros, con nuestra historia. Pero por estos lados dicen que cuando Dios creó el mundo reservó el territorio que hoy es Georgia por su increíble hermosura para sí mismo, pero fue tal la fiesta que le ofrecieron las personas de ese lugar que, al final, Dios decidió dejarles a ellos el lugar. Eso es Georgia un lugar difícil de creer, que tiene el tamaño del sur de Mendoza (Alvear, San Rafael y Malargue) y tiene valles, montañas, ríos, desiertos, mar y los diferentes pueblos que hoy contiene la cultura georgiana ( todos y cada uno de ellos) van a hacer hasta lo impensado para hacerte sentir en casa, porque para ellos: un invitado es un regalo de Dios. Entre personas increíbles, comidas, chacha (grapa), y mucho vino nos despedimos de Georgia, pero seguros que vamos a volver, y hoy brindamos por eso, por la gente de este país, y por volver algún día. ¡Salud!
Juan y Marian, Los Deambuladores
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