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Pensar la cultura: menos gasto y más inversión

Para creer en una Mendoza como un polo artístico que genere trabajo y sustentabilidad, es imperioso mirar la cultura desde una óptica desarrollista y estratégica, con un Estado presente pero no monopolizador.
Foto: Secretaría de Cultura
Foto: Secretaría de Cultura

"La libertad no es un estado sino un proceso; sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe. Sólo la cultura da libertad. No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura. Sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba". Fragmento del discurso de Miguel de Unamuno pronunciado en el Ateneo de Valencia, en 1902.

En Mendoza, generalmente los gobiernos han proyectado las políticas públicas culturales como herramientas de distracción, promoción, entretenimiento o, en algunos casos, como armas comunicacionales para transmitir conceptos ideológicos; tampoco hay que ser pesimistas, hay quienes elaboran las actividades culturales como herramientas de inclusión y de combate contra la pobreza. Sin embargo, estos usos estatales no se dedicaron a consolidar una verdadera identidad cultural para la provincia, nacida y mantenida más por la iniciativa de los propios artistas, los interesados en este tipo de actividades y el público que accede a ellas.

Si bien podríamos hablar de "industria cultural", para no confundirnos con el concepto de Adorno y Horkheimer, es preferible decir que se trata de pensar en Mendoza como un importante polo de desarrollo cultural que no solo fortalecería el arte local, también generaría un aporte sustancial a la alicaída y oligopólica economía provincial. Claramente, las instituciones gubernamentales correspondientes son las que deben fomentar y propiciar el desarrollo de las actividades culturales sin someterlas a la arbitrariedad y el nepotismo.

La Secretaría de Cultura, encabezada por Diego Gareca, está abocada a un concepto fundamental: la federalización de la cultura. Es decir, la desconcentración de las actividades artísticas del área metropolitana del Gran Mendoza hacia los demás departamentos de la provincia, trabajando con los municipios sin importar el color político. Se trata de una estrategia fundamental para el fortalecimiento de la identidad cultural, y un paso esencial para posicionarnos como un centro de producción artística a nivel nacional y regional. 

A pesar de un presupuesto estanco (200 millones de pesos anuales, los mismos de los últimos tres años), Gareca y su equipo priorizan la efectividad de sus políticas públicas ante la fastuosidad que caracterizó los últimos cuatro años de la gestión justicialista, con interesantes resultados los cuales revelan que una buena administración es tan importante como la cantidad de fondos recibidos. Cabe destacar que todavía pesa la deuda de 50 millones de pesos heredada de la exministra Marizul Ibáñez, cuyo saneamiento, según Gareca, permitirá destinar en los próximos años más recursos a la cultura.

Más allá de los esfuerzos que se están haciendo en la Secretaría de Cultura, con figuras idóneas en los cargos subalternos y con decisiones que pueden gustar más o menos, es imprescindible que empecemos a pensar a Mendoza como un centro destacado de desarrollo cultural. Talentos y propuestas, a decir verdad, no faltan, pero escasean los recursos, y no solo los estatales. Aunque la mayor responsabilidad pesa sobre el Estado, es imperioso no depender de su voluntad, tan voluble con los cambios de gestión, y las inversiones de índole privado son claves para romper esa dependencia.

Tenemos infraestructura, pero casi monopolizada por los distintos niveles de gobiernos; tenemos recursos monetarios, también concentrados en manos estatales; y las iniciativas que están por fuera de esos sistemas, éstas muy nobles e importantes, deben aferrarse a un estilo de supervivencia que las mantengan a flote de la bravura económica. Un circuito cerrado no es positivo para el Estado, ni para los artistas ni para los ciudadanos.

Los que piensan que hay vagancia por parte de los mendocinos para disfrutar del arte, están equivocados, al menos es lo que demuestran las importantes convocatorias a las propuestas culturales locales. Entonces, ¿que es lo que falta? Cambiar el chip: dejar de pensar a la cultura como un gasto y empezar a mirarla como una inversión productiva y fructífera, que contribuya al motor económico de la provincia y al fortalecimiento de nuestra identidad cultural, que nos enriquece como pueblo y otorga nuestra libertad.