Trevi, el último almuerzo
Era -aunque todavía es, por lo menos hasta la medianoche de hoy viernes- uno de los más antiguos restaurantes de Mendoza. Abrió sus puertas el 13 de junio de 1964. El gobernador era un tal Francisco Gabrielli, el presidente Arturo Umberto Illia y Lyndon B. Johnson era quien había asumido la presidencia de Estados Unidos, luego del asesinato de Kennedy.
Antonio y Federico De Caro, recién, junto a sus esposas Josefina y Elvira.
Siempre estuvo ubicado en pleno centro de la ciudad, en avenida Las Heras casi San Martín. Un amplísimo salón, perteneciente a Hotel Palace. Fue creado, cuidado y hasta atendido por sus dueños, los hermanos Federico y Antonio Di Caro. Hace un rato los vi: estaban emocionados. Buenos italianos.
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Comienza el último almuerzo. Los mozos históricos, igual que si fuese la inauguración. Lleno total cerca de las 14.
La cocina que ofrecieron en estas décadas era tan clásica como moderna. No fallaban nunca. Y aunque las pastas siempre fueron el atractivo se animaron a las carnes y a los mariscos, con resultados que lo convirtieron en un sitio al que siempre se vuelve, como al amor según ha escrito Alberto Moravia.
Las salsas en su salsa. Mientras sacaba estas fotografías y recorría la cocina me preguntaba qué destino tendrá este verdadero arsenal gastronómico, producto de una factoría irrepetible. ¿Todo lo que es bueno debe acabar? ¿O más bien todo, hasta lo bueno, inevitablemente se apaga?
La primera vez que fui a Trevi el gobernador era Bordón, el presidente Alfonsín y en Estados Unidos el actor Ronald Reagan era el 1. Fui con tres mujeres. Increíbles, todas. El resto no importa pero esto sí: mi pedido fue un plato de tallarines con salsa bolognesa. Apenas comencé a comer tomé el tenedor y el cuchillo. Desde la nada mismo apareció un señor retándome con gracioso grito que estaba prohibido cortar los fideos con cuchillo. Era uno de los dueños. Me enseñó a comerlos con tenedor y cuchara.
Valentín Amores, un histórico. El mozo estuvo aquí desde su inauguración. Hoy andaba por las mesas saludando y contagiando optimismo.
Casi las 15 horas. Me detengo a sacar fotos, entre plato y plato. Voy por allí, un poco por allá. No siento olor a despedida ni nostalgia. Por el contrario: hay como un ambiente a deber cumplido, a misión exitosa. En eso me conversa una mujer: "Cuando leí que cerraban estaba en una pileta en Potrero de los Funes. Me puse a llorar, por todo lo que ha significado este lugar para mi familia. Decidí regresar e invitarlos para compartir este momento". Le pregunto quién es. Me responde que ha sido la escribana de Trevi, Alicia Silvano.
Alicia, la escribana, junto a su familia. Su hermano fue intendente de Tunuyán.
A las 15,20 horas empiezo a oír un aplauso, que viene de las mesas más lejanas. Después progresan y es como la ola en las tribunas: el que no aplaude es de Finlandia. Aplaudimos todos. Y las miradas se concentran en la mesa en la que se han ubicado los familiares de los dueños. Más aplausos, algún brindis, sonrisas. ¿En serio que van a cerrar este lugar?
La reconocida maquilladora Federica Di Caro con su hijo Juan Urdaniz, entre los familiares presentes en la despedida de Trevi.
Será porque me gusta leer, será porque soy curioso, será porque me intrigan los libros de visitas. Me voy al de Trevi, como si fuera un postre. Leo los escritos. No se parecen en nada a los de las redes sociales. Estos son genuinos, sinceros, nada de caretear. Me tomo la licencia de publicarlos. La caligrafía es potente, se escriba lo que sea.
Comentarios que aparecen en TripAdvisor sobre esta catedral gastronómica de la ciudad: "Cada vez que visitamos Mendoza volvemos al Trevi. Nos alegramos de comprobar que todo sigue igual. Dueño entre las mesas sugiriendo y controlando que todo este bien Personal con experiencia, a veces excesiva autoridad, que puede anular los deseos propios al pedir".
Otro: "Nunca decae el Trevi. Siempre es un placer ir allí. Don Antonio (el dueño) tan atento como en cada visita. El personal atento a todo requerimiento ... y muy cercano. La cena siempre a su nivel: excelente. Saludos al osornino que nos atendió".
Amigos:
Cerca de las 16 horas salgo de aquí. Parece que hay un sol y calor tropical, allá afuera, en el mundo.
En algún lugar recóndito me marcho pensando que no hay pérdida que no deje algo bueno, salvo para los necios (que... tipo nada).
Este cierre se parece a esas películas de las que sabemos el final pero a la cual no dejamos de ver. El tono sería el de alegre melancolía. Como la de un portugués viviendo en cualquier lugar menos en Lisboa. Y antes de marcharme del todo mi amigo Valentín Amores me toma del brazo y me lleva hasta una mesa.
"Su padre venía a comer aquí", dice, cuando paramos en la que ocupa un matrimonio. El señor se da vuelta. Nos saludamos. "Es cierto lo de mi padre. Y cuando éramos novios yo la invitaba a comer aquí a ella". Y otra foto, obvio:
Medio siglo de Trevi: Tatana y Luis González Miri.
El último almuerzo de Trevi. Seguramente ya está naciendo algo similar. Es una ley de la vida.