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Galgos (Legislar no es prohibir)

¿Humanizar la vida animal? ¿Animalizar la vida humana? Seguramente debe haber mejores leyes por sancionar en el Parlamento. Nos metieron el perro.
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Del latín vulgar Gallĭcus (canis). (Perro) de la Galia.

1. Perro muy ligero, con la cabeza pequeña, los ojos grandes, el hocico puntiagudo, las orejas delgadas y colgantes, el cuerpo delgado y el cuello, la cola y las patas largas.

La senadora Magdalena Odarda de la Coalición Cívica logró que un proyecto suyo se convirtiese en ley, gracias a una abrumadora mayoría obtenida en la Cámara de Diputados que prohíbe "en todo el territorio nacional la realización de carreras de perros, cualquiera sea su raza".

Hablan y hablaron de los galgos. 

Argos era el perro de Ulises en un libro tan clásico como la Biblia. Me refiero a La Odisea, ese largo poema de Homero, escrito según es conclusión general 8 siglos antes que la Biblia. Argos tiene su lugar en el derrotero del héroe del texto. Cuando se habla de nobleza suele  referirse a este perro, Argos, que por las descripciones es un galgo. 

El animal aguarda a su amo dos décadas, y tras volver a casa luego de una guerra, Argos lo reconoce de inmediato. El pasaje homérico es breve, pero, aún así , alcanza para describir el vínculo


La poeta y crítica británica, Edith Sitwell, como buena nacida en aquella isla, solía decir, para revalorizarse en plan cínico: "Si uno es un galgo, ¿por qué tratar de parecerse a un pekinés?".

En la mezcla de animales también hizo una aguda descripción otro escritor Arthur Conan Doyle: "¡Qué criatura era! Nunca he sentido tal caballo entre mis rodillas. Sus grandes cabellos se agolpaban bajo él con cada zancada, y él se alejaba cada vez más rápido, estirado como un galgo, mientras el viento golpeaba mi rostro y silbaba por mis oídos".

Y hasta el supuesto padre del capitalismo (nunca sabremos quién fue la madre de semejante ocurrencia, pero sí la pléyade de hijos), Adam Smith, también dijo lo suyo al respecto: "Por naturaleza un filósofo no está en el genio ni en la mitad de disposición tan diferente a la de un portero de la calle, así como un mastín de un galgo".

En la literatura argentina existe una novela mítica, también por la calidad de su autora, que no he leído hasta ahora, cuyos protagonistas, además de los dueños de los perros, son Corsario, obviamente se trata de un galgo, y su novia, llamada Chispa. Lo que afirman sobre esta novela alcanza como para asomarse en caso que fuese tan así: "Inolvidable historia de amor y vigoroso retrato social, Los galgos, los galgos, (es una) novela impregnada de lirismo y de un perspicaz sentido del humor, considerada la cima de la madurez narrativa de Sara Gallardo".

  

¿Por qué los legisladores han priorizado oponerse e incluso prohibir "carreras de perros, cualquiera sea su raza"? O la ley está incompleta o algo anda mal. Como cientos de personas sensatas lo están haciendo desde la promulgación de esta norma, vale preguntarse:

¿Los caballos no son también animales? ¿Terminarán y prohibirán deportes como el polo, el pato y las actividades hípicas? ¿Es legal el uso de palomas mensajeras? ¿Acabarán de difundirse en televisión dibujos animados con animales como protagonistas? ¿Exhibiremos los mejores exponentes bovinos y ovinos como hace décadas sucede en el desfile anual de la Sociedad Rural? ¿Los San Bernardo, en invierno, llevarán agua mineral, como promotoras? ¿Y las riñas de gallos?


Más allá de cualquier ironía, en Mendoza existe esta actividad de corridas de galgos desde hace décadas. Posiblemente no los mueva ninguna razón demasiado filantrópica, ¿pero, acaso, a los casinos sí? Hay muchos criadores de galgos en esta parte del país. Lo hacen de modo profesional y exponen a sus ejemplares a planes de vacunación. Habrán otros menos rigurosos. Y siempre hay crápulas. Posiblemente el Estado deba contemplar no solamente la fotografía, sino la película entera. Se supone que eso es lo que hacen aquellos que legislan.

La ley intenta una solución apelando directamente a la prohibición. Nadie discute que lo más fácil es dictar una, tres, ochenta prohibiciones. Y es más que comprobado que hecha la ley estamos más cerca de la trampa. En especial por estas latitudes. De modo que esta sanción legislativa con fuerza de ley no es más que otro parche para un problema que, aún legítimo, está lejos de terminarse.

Dicho de otro modo: se fuerza la "ilegalidad". Una vez más. Un deporte argentino de antaño


No se acabarán las carreras. Serán más rentables para sus organizadores, para los criadores y se fortalecerá aquello que oficialmente queda al margen. Pese a que hablemos de perros (galgos o de cualquier raza), quizá la discusión deba centrarse en términos más amplios.

¿Podemos prohibir la pobreza? Todos los legisladores votarían por unanimidad, sospecho. 

¿Y si prohibimos la indigencia?

¿Y si, de paso, prohibimos especular en el mercado financiero?


Sergio Levin aportó un dato que fuerza aún más el carácter inapropiado de esta flamante ley, extraña:  "Por organizar una carrera de galgos 4 años de prisión efectiva. Por matar a una persona en un accidente de auto, 3 años y excarcelable".

Por último, para dar más polémica, es impostergable analizar lo que piensa el abogado y especialista en derechos de los animales, Gary Francione, quien considera que "la humanización de los animales es moralmente negativa ya que les impone sufrimientos innecesarios. Los dueños les imponen reglas humanas irrespetuosas que van desde los peinados hasta el maquillaje, y que atentan contra la identidad del animal".

Para cualquier buen liberal siempre está prohibido prohibir.