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Luego de 16 años, siguen las secuelas del "motín Vendimial"

La Justicia ordenó al Gobierno a pagarle una indemnización a uno de los rehenes del violento episodio ocurrió en el año 2000. En el fallo aparecen detalles desconocidos de lo que fue ese episodio.

Pasaron 16 años del motín vendimial, uno de los episodios más conmocionantes y traumáticos que sufrió la provincia, y las repercusiones siguen. La violencia, la desidia y los traumas siguen generando secuelas entre quienes participaron  del episodio. Ahora la Justicia falló a favor de un músico que padeció como  rehén de los amotinados, y condenó al Gobierno provincial a pagarle una indemnización.

La decisión judicial benefició a Oscar Martínez, uno de los integrantes de la agrupación musical folklórica Grupo Amaneciendo, que fue convocado por el Gobierno provincial de entonces a participar de un festival llevado a cabo en la Penitenciaría Boulogne-sur-Mer el día viernes 3 de marzo del 2000. Durante la presentación se desató un violento motín entre un grupo de reclusos que tomaron a 20 personas como rehenes, entre ellos Martínez. En esa Vendimia estaba en la provincia el entonces presidente Fernando De La Rúa. Más de una década después, con la interminable sucesión de investigaciones, alegatos, recusaciones y demás burocracias judiciales, finalmente la Justicia avaló la demanda de Martínez por daños y prejuicios y obligó a la Provincia a pagarle una indemnización de 85.600 pesos más intereses acumulados hasta el 1 de agosto de 2015.

La historia

En el fallo se relata el padecimiento que el músico tuvo que soportar durante esa violenta madrugada del 2000. "Los reclusos rompieron las banquetas, usando las maderas de las mismas como armas, exhibiendo, además, armas punzantes por ellos construidas. [Martínez] indica que antes estos episodios aparecieron seis uniformados disparando escopetas de repetición sin tener en cuenta la cantidad de personas civiles que estaban en el lugar, ni medir las consecuencias por el riego que corrían sus vidas".

Los 15 rehenes fueron trasladados a un baño de la cárcel, donde permanecieron encerrados de pie mientras se desarrollaba el motín. Allí, los cautivos tuvieron que soportar respirar "el aire contaminados por las emanaciones cloacales, permitiéndoseles, ingresar, solo unos minutos, al salón para poder respirar menos viciado, porque muchos, entre ellos, su mandante sufrieron descomposturas".

Incluso trascendió un episodio poco conocido del motín: "Hicieron los amotinados explotar una garrafa de gas, lo que motivó que cayera parte del techo sobre los rehenes y durante varios horas le hacían tapar los oídos y les decían que se protegieran porque iban a hacer estallar otro garrafa, lo que no sucedió, pero estas manifestaciones aumentaban el estado de pánico en el que se encontraban".

Luego de varias horas, los amotinados advirtieron a los rehenes que iban a ser utilizados como "escudos" mientras intentaban escapar en dos automóviles que habían solicitado a las autoridades. Sin embargo, durante más de cuatro horas estuvieron yendo y viniendo del portón de salida, hasta que los cautivos fueron trasladados a un pabellón, donde permanecieron hasta que fueron liberados.

Las heridas y secuelas postraumáticas que sufrió Martínez, al igual que los demás rehenes, derivaron en daños físicos y psicológicos que requirieron (y requieren) muchos años de tratamiento, según los fundamentos de la sentencia, por lo cual la demanda a la Provincia se apoya en esas concepciones, sumadas a la negligencia del Estado para garantizarles protección.