Presenta:

Los deambuladores: Escapada a Grecia

El paso a paso del viaje que estos mendocinos realizan por Europa, contado en primera persona. ¡Imperdible!
676392.jpg

 Llegamos a Cannakale, desde el sur de Turquía, a dedo hasta que nos alcanzó la noche y después decidimos tomar un colectivo para no dormir en cualquier lado (como ya hemos hecho un par de veces) porque en este viajecito al norte nos alcanzó el invierno y… la pucha que invierno. Así que en un día hicimos más de 650 km. Los últimos 100 en colectivo. Bastante bien para un día ¿no?

El primer camionero que nos levantó,(después de casi una hora esperando en la ruta, la primera vez que esperamos más de 10 minutos, eso subió muchísimo el promedio de espera entre auto y auto, peroen 2 meses y medio viajamos casi todo a dedo y esta fue la única vez que de verdad esperamos, así que no nos quejamos) nos podía llevar hasta Izmir, es decir más del 60% de nuestro recorrido, (valió mucho la pena esperar esa hora) sólo tenía que hacer una parada para descargar unas ruedas para unas ambulancias en una ciudad a mitad de camino y después ¡seguía viaje derecho hasta Izmir! Imaginen nuestra alegría, le ayudamos a descargar las ruedas y seguimos. En el plan original la idea era hacer noche en Izmir pero, como cuando llegamos aún teníamos casi 2,30 horas más de luz decidimos seguir haciendo dedo.


Esta vez no esperamos ni 5 minutos y otro camionero nos llevó casi 70 km. más hasta otro pueblito. Cuando nos dejó nos dimos cuenta de que estábamos en el medio de ningún lado, imaginen si hacen dedo para ir a chile y los dejan en Punta de Vacas. Una cosa así era el lugar dónde nos dejó esta buen hombre y ya casi con la noche encima. Probamos seguir a dedo, pero ya oscuro no teníamos muchas esperanzas y para colmo, la temperatura bajaba estrepitosamente a medida que el sol desaparecía. Cuando vimos que venía una trafic (en Turquía les dice Minibuses y los usan para transporte interurbano) le hicimos señas y paró, no entendimos bien hasta donde iba, pero dadas las condiciones cualquier lugar era mejor, así que ahí fuimos.

Llegamos a un pueblo ya de noche y nos dispusimos a buscar algún lugar para quedarnos, no hubo forma de encontrar algo que se adaptara a nuestro presupuesto y era más o menos lo mismo dormir una noche ahí, que tomarnos un colectivo hasta Cannakale y pagar un hostel allá. Así que partimos.


Así llegamos a Cannakale, la antigua Troya, donde una familia nos alojó y trabajamos en su jardín algunos días, con mucho frío y lluvia, ahí se puede decir que nos golpeó el invierno en la cara, se puso frio, muy muy frio.

Sólo estuvimos ahí una semana y partimos hacia la frontera, cruzamos el estrecho de Dardanelos y tratamos de seguir a dedo, pero teníamos que esperar a que llegara cada ferry cruzando el estrecho para que hubiera vehículos para hacerles dedo y hay un ferry a cada hora, así que después de un rato nos dimos cuenta de que iba a ser infructuoso esperar tantísimo y decidimos tomar un colectivo. Preguntamos por algún colectivo que llegara hasta Komotini, ya del lado griego dónde nos esperaba un amigo que nos iba a alojar, en la boletería nos dijeron que no, que hasta Komotini no llegaban (cosa que nos resultó muy rara porque la única ruta pasa por al lado de la ciudad) que nos podía vender sólo hasta Alejandría. Aceptamos.


Ya en el colectivo, nos dimos cuenta que fue una buena idea no cruzar a dedo, ir con una empresa y varias personas facilitó mucho el trámite de aduanas sobre todo en tiempos complicados con el tema de los refugiados, pero aun así hacen una revisión al “azar” de equipajes, adivinen cuáles fueron las únicas 2 mochilas que sacaron para revisarlas, obviamente, las nuestras. Nosotros no tuvimos ni un problema, lo único sospechoso que llevamos es medio paquete de yerba (mate) que todavía nos quedaba en ese momento (pero que no vieron) y nada más. Así que pasamos sin mayores problemas, y ¡pisamos tierras griegas!

Cuando llegamos a Alejandría el colectivo paró en medio de la ciudad, literalmente en medio, como si un colectivo de larga distancia parara en Espejo y 9 de Julio. Así nos dejó. Cuando bajamos, preguntándonos ¿y ahora qué hacemos, cómo seguimos viaje? Le pedimos a los choferes si nos podían explicar dónde había una terminal o algo para salir de la ciudad, les dijimos (como pudimos) que queríamos ir a Komotini, a lo que ellos nos dijeron: nosotros vamos a Komotini son 10 euros más. Nosotros que no habíamos cambiado aún dinero, optamos por la estrategia “gatito de Shrek” y pusimos nuestra cara de perrito mojado y… ¡nos llevaron! ¡Gratis!

Cuando llegamos a Komotini nuestro amigo fue a buscarnos (de nuevo el micro paró en el medio de la ciudad) y pasamos una buenísima noche comiendo y tomando Ouzo (una bebida fuertísima de anís, deliciosa) a la mañana siguiente, después de una helada bastante impresionante nos pusimos en marcha hacia la ruta para hacer dedo y ahí, se complicó todo, estuvimos más de 10hs para viajar sólo 100 km. Y al final un camionero turco nos levantó para acercarnos un poco hasta Tesalónica, cuando llegamos ahí ya estaba de noche, hacía un frío de perros y estaba prohibido dormir dentro de la terminal. Por lo que, sin muchas más opciones, decidimos tomar un colectivo. Ese viaje desde Tesalónica hasta Livadia, dónde nos esperaba nuestro próximo trabajo, significó más plata que 2 meses y medio viajando por Turquía, eso dolió, fue un golpazo a nuestro presupuesto pero… ¡llegamos!


Pero… siempre hay peros ¿no? El lugar donde tenemos que trabajar, aún estamos por aquí, es una casa de familia donde viven dos profesores de inglés retirados y su hija, y para serles sincero, no ha habido muy buena onda con ellos. Son, como diríamos en Argentina bastante “codos” (por no decir amarretes o agarrados) así que buscamos algún otro lugar de trabajo cerca, en la parte continental de Grecia (cruzar a las islas está, definitivamente, absolutamente, indiscutiblemente, fuera de presupuesto, 55 euros por persona por un viaje, sólo de ida y de menos de 2 hs. Es imposible) no hemos podido encontrar absolutamente nada.


Así que hace unos días encontramos una promoción de vuelos Atenas Roma por muy poca plata, por ende allá vamos, hemos comprado los pasajes sin saber bien qué vamos a hacer, por el momento estamos buscando algún lugar, contactando amigos y buscando trabajo, pero muy muy felices.

Juan y Marian, Los Deambuladores

Facebook: Los Deambuladores