Alta performance y calidad de vida: La poderosa Ilusión
Hay personas que sacan fuerza de lugares profundos -como el honor, un recuerdo antiguo, una intensa rabia- o de diversos aspectos externos que las motivan. En mi caso particular descubrí, en muchas tareas que me he propuesto, desde las más simples a las más complejas, que el mayor motor para realizar las cosas encaja casi de manera perfecta en la definición de la palabra ilusión.
Ante la pregunta ¿qué me mueve?, respondo: me mueve la ilusión.
Según una definición formal, ilusión es “esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva”. También se define como “sentimiento de alegría y satisfacción que produce la realización o la esperanza de conseguir algo que se desea intensamente”.
La expresión con o sin fundamento real, me parece la parte mágica y especial de la descripción. Si tuviéramos siempre las pruebas precisas para suponer que algo se concretará, la ilusión sería certeza. Lo que siento único en el hecho de que algo sea posible y no seguro, es que esa incertidumbre impulsa en mí un sentimiento de confianza interna, profunda, en que aquello que me ilusiona realizar, tarde o temprano se concretará.
Percibo que gran parte de la probabilidad de que así sea, depende del tamaño de la ilusión con que realizo. Como si en el mayor o menor grado de ese sentimiento, residiera el mayor o menor poder de lograrlo.
Por lo tanto, para mí, poner ilusión a las cosas es darles fuerza, potencia y mayor probabilidad de concreción. Es ese impulso auténtico el que me mantiene en movimiento.
Natalia Aramburu, directora sede Mendoza método de Rose
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