Presenta:

Ocho bajistas

Una nueva lista, caprichosa y arbitraria, sobre los mejores músicos –en este caso los héroes del bajo eléctrico- de la historia del rock nacional.
Foto: www.telam.com.ar
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Hoy voy a hablar de bajistas. Me refiero a bajistas eléctricos y no contrabajistas. ¿Es fácil o difícil la elección? Creo que muy fácil. ¿Qué criterios se tomaran en cuenta a la hora de evaluar? Nadie es igual al otro, cada uno tiene su estilo. Los hay mas rápidos y furiosos, los hay lentos pero con onda, los hay sólidos y sin estridencias. Las virtudes pueden combinarse en dosis distintas. Lo único que diré es que los bajistas que mencionaré a continuación han sabido ganarse una página en la historia del rock argentino.

Quizás el primer gran héroe de las cuatro cuerdas fue Alejandro Medina, también conocido como “el Negro“ y que solía frecuentar las jam sessions de Cueva de Pasarotus en los sesenta. Medina sería elegido por Billy Bond para grabar los discos de La Pesada del rock and roll, y por el baterista Javier Martínez para la formación de un nuevo trío, Manal. Los dedos del negro son como palos de escoba recortados. Su corpulenta humanidad le dio un estilo frenético, casi de “zamarrear“ el bajo. La pulsión de los dedos sobre las cuerdas le ha dado un sonido que es grave y agudo a la vez. Con Manal y su mezcla de blues, rock y jazz en formato trío, encontró espacio donde desplegar sus bases.

Las características del guitarrista Claudio Gabis, quien inauguró un estilo de guitarras no tan omnipresentes, entrando y saliendo de la base, respetando los matices y la dinámica de los temas resultó la combinación perfecta con la ametralladora de notas del bajo de Medina. Tiempo después, con Pappo Napolitano en Aeroblus la cosa se pondría mas intensa. Todos (incluido el baterista brasilero Junior Castello) tocarían sin parar. Pero esa es otra historia. El negro Medina es el gran bajista del primerísimo rock.

El segundo en orden de aparición es Emilio del Guercio, bajista de Almendra, que supo encontrar un lugar interesante desde su rol de co-compositor de los temas de la banda como cantante (alternando con Spinetta) y sólida base junto al baterista Rodolfo García. Otro capitulo interesante lo escribe Willy Quiroga de Vox Dei, quien también cumplió roles de cantante y bajista, alternando con Ricardo Soulé. Y ya van tres.

El cuatro es otro gran bajista surgido pocos años después es Rinaldo Rafanelli , con algo del legado del negro Medina en sus animadas bases y también un importante componente pop como bajista eficaz y dueño de un gran sonido personal.

Los años setenta estarían marcados por la sutil magia de Machi Rufino, nuestro quinto gran bajista de esta lista, un músico con intenciones jazzísticas, pero que supo ponerle el pecho a Pappos Blues y seguir los solos del Carpo con encarnizada fiereza. Su paso por Invisible es soberbio. Las inspiradísimas zapadas del primer disco (aquel llamado simplemente Invisible) son mágicas. Varias canciones arrancan de acoples o divagues grupales para convertirse en endemoniados pasajes de rock sinfónico a la King Crimson o la Mahavishnu Orquesta de John Mc Lauglin.

Los ochenta nos darán el sexto, una década gobernada en el bajo por le reinado de Pedro Aznar. Un verdadero marciano musical. Toca con idéntica habilidad el bajo, la guitarra, los teclados, la percusión y hasta el saxo tenor. Ahora, como cantante, también es excelente. En otras palabras, y como diría Victor Hugo “¿de qué planeta viniste?”.

Cuando tenía 15 años sorprendió a sus amigos con las inmaculadas versiones de los temas de los Beatles, con absolutamente todos los arreglos vocales, orquestales y de guitarras, todos sacados de oído por él y grabados posteriormente adoptando el rol de cada músico. Después vendrían temas de jazz o pasajes clásicos de Ravel o Satie. Con 16 años y un bajo en las manos sorprendió a todos con su grupo Madre Atómica, compartido con Lito Epumer y el entonces baterista Mono Fontana, que después deslumbraría en los teclados.

Cuando escuchó por primera vez a Jaco Pastorius, se le partió la cabeza y al otro día tocaba como él. Le sacó los trastes a su bajo eléctrico y lo hizo frettless.

A fines de los 70, Charly García, Oscar Moro y David Lebón tenían sus vitrinas llenas de premios y condecoraciones pero para su nuevo proyecto necesitaban un bajista. Entonces dieron con este jovenzuelo de nombre Pedro, al cual convocaron a Brasil para una audición. Según contó David Lebón, se miraban con Charly durante el ensayo porque no entendían de dónde surgían tantas notas. Era Pedrito.

El sueño terminó varios años después cuando Pedro planteó dejar Serú Giran (eran el grupo más importante del país por esos años) para estudiar música. Sí, dejó Serú Giran para estudiar música en la Berkley School, en Boston.

También en los ochenta, y casi como un sombrío chico del oeste, Diego Arnedo le aportaba al grupo Sumo un sonido de una intensidad pocas veces vista. Siempre Arnedo reconoció al negro Medina como influencia fundamental. Sus posteriores años en Divididos nos muestran la versión mas zarpada de este bajista descomunal. Es nuestro séptimo gran bajista.

Spinetta, dueño de un talento único para descubrir músicos, le toma una audición a un amigo del mono Fontana. Un tal Javier, hijo del maestro de jazz Walter Malosetti. Javier venía de tocar la batería durante varios años con su papa y ahora se animaba al bajo. En los días previos a la prueba, Javier sacó todos los temas de Spinetta y los estudió de memoria. Repito: sacó todos los acordes de los temas de Spinetta. Solo diez minutos bastaron para que el Flaco aprobara a Malosetti, quien se quedo 10 años tocando con él. 

Fuente: Télam