Él (y la sombra terrible de la viuda)
¡Pero qué se esperaba de la Sombra Terrible de la Viuda! ¿Piedad? ¿Comprensión? ¿Generosidad? ¿Una mirada entusiasta sobre las producciones literarias contemporáneas? Nada nuevo ha ocurrido bajo el sol como para que ella altere su larga y fructífera obsesión proteccionista, y esta vez le tocó al escritor y editor Pablo Katchadjian, como a muchos otros antes, estar en el centro de la picota. ¿Y cómo no estarlo? ¡Si hasta de la mismísima imagen del vate fallecido en Ginebra se ha ido adueñando esta samurái! ¡Ella, la embajadora plenipotenciaria de la obra de su difunto esposo, nuestro ciego dilecto! ¡Y no hablemos del otro, del ensayista Sábato, el falso suicida que, por incapacidad mimética, no pudo convertirse en el Dostoievski criollo! Pobre, ni eso le dejaron. Yo digo que esta señora es muy mala y vengativa, y que nos lleva a aceptar por válido aquel consejo que recomienda no dejar viudas en el camino. Para no hablar de aquellas que, so pretexto de legitimar un lugar de poder, real o simbólico, en el mundo, usufructúan la memoria encallecida de su cónyuge. Por eso hay que morirse soltero o ser como la estupidez humana: ¡inmortal! El tema de si hubo o no plagio supongo que servirá para engrosar la siempre lábil doctrina jurídica, servir de alimento por unos cuantos meses a suplementos culturales de todo tipo y calaña, dinamizar las discusiones habidas en mesas redondas o afines, y, por último, colocar la propia obra de Katchadjian, una de las más “experimentales” de sus generación, en una circulación de lectura que, por sí misma, jamás hubiera alcanzado. Situación que a los ojos de este escriba mundano ni la desvaloriza ni desmerece, si no todo lo contrario. ¡La hace bailar como una vedette desaforada! Me pregunto cómo se puede llegar a ser más papista que el papa al punto de objetarle a Katchadjian un aprovechamiento vil de la fama del maestro. ¡Cuando todo el orbe sabe que Dios, en su infinita bondad, nos dio la posibilidad de contar entre los nuestros a Maradona, Messi, Borges y Bergoglio! Ahora bien, en caso de secuestro y si por esas cosas del destino se encuentra en un país en el que nada se sabe de la lengua de Cervantes, no se le ocurra mencionar el nombre del autor de Ficciones. No. Seguramente retornará a su patria feteado dentro de una bolsa de plástico. Cuando un autor asume su pertenencia a un idioma, sabe que sus palabras ya no le pertenecen y que su voz está atravesada por una plétora de voces, algunas veces reconocibles y otras, no tanto. Esto es tan viejo como el verso yámbico. Nuestra literatura, cualquier literatura, es el producto de un constante ejercicio de mutación y síntesis, y todo el tiempo, pese a la opinión adversa de cierto medievalismo crítico, está en estado de reescritura. Por eso el trabajo de Katchadjian debería leerse en sintonía con las reescrituras paródicas y antimodélicas de Leónidas Lamborghini quien, dicho sea de paso, no levantó tanta polvareda al despostar poéticamente La Razón de mi vida o el Martín Fierro.
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-Pero eso está mal, usted no puede comparar la obra de un genio con la de un experimento basado en la supuesta creación de una actriz de cuarta. -Justamente porque usted se indigna, señor, es que realicé esa comparación. Y le hablo porque usted representa a muchos otros para los cuales la literatura es algo absolutamente terminado y rígido, con todos los rasgos de una verdad absoluta. Me hace acordar a esos académicos que con tanta unción hablan de Borges, sospecho que ya no por la calidad de su obra sino porque vivió con su madre hasta el final y en apariencia, sólo en apariencia, murió célibe.
¿Quién puede negar a esta altura del partido la importancia de la experimentación en toda creación literaria original? La obra de Borges resulta ejemplar al respecto. Toda ella es la puesta en funcionamiento de un mecanismo bestial de absorción, deglución y procesamiento. Es un como un kraken poderosísimo y creo que Katchadjian ha sido consciente de eso al realizar su “engorde”. Si el resultado es bueno o no es otra cosa.
-¿Pero esta no es una mesa debate sobre La figura del autor y los mecanismos alternos de escritura. Una mirada desde el piedemonte? Eso fue lo que leí en el face o mis sentidos me han engañado otra vez- se preguntarán algunos con las narices escarlatas por el frio. -Bueno, sí, pero resulta que éste es el verdadero experimento de esta noche: observar cuánta gente ociosa se congrega en un lugar para escuchar hablar de un tema que, la verdad sea dicha, a muy pocos importa y a nadie, salvo al mismo Katchadjian, claro, y a la Kodama, desvela. Y vender algún libro, claro está, porque ésta es una librería aunque no lo parezca. Y hay algunos escritores presentes aunque sea difícil de creer.
Pablo Grasso

