Por qué la "nube" de Mendoza es menos tóxica que la de Santiago
Más allá de las obvias diferencias de dimensiones, una vista a vuelo de pájaro sobre Mendoza y Santiago de Chile en plena mañana muestra como primera coincidencia la nube de contaminación que cubre sus áreas metropolitanas.
Sin embargo la situación de un lado a otro de la cordillera, en términos científicos, es sensiblemente distinta ya que mientras que la capital trasandina lucha contra un verdadero drama ambiental, con permanentes emergencias, restricción de circulación y suspensión de industrias, en el área metropolitana mendocina la calidad del aire es “buena”, según lo indican los datos de los monitoreos oficiales.
“La calidad del aire es buena para una ciudad del tamaño de Mendoza”, asegura el director de Protección Ambiental de la provincia, Gonzalo Dávila, quien detalla que el ambiente en el radio urbano se encuentra lejos de los límites de nocividad establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La afirmación de Dávila se basa en los datos recogidos por las cuatro estaciones de medición permanentes que funcionan en el microcentro de Mendoza, que recogen la información a partir de la cual se realizan los estudios. Si bien la tecnología utilizada es un tanto antigua, ya que no ofrece resultados instantáneos sino que requieren de análisis que demandan al menos dos días de trabajo, permite al ministerio conocer las tendencias y los cambios mensuales o anuales.

“La calidad del aire en esos lugares que son críticos (el microcentro, donde están instalados los monitores) se mantiene estable desde hace muchos años y está dentro de los niveles-guía que Mendoza toma de la OMS”, asegura Dávila, aunque aclara que se trata de promedios de 24 horas.
“Puede ser que en un momento puntual se haga una medición con un equipo instantáneo y el nivel no sea el mismo porque pasaron tres colectivos juntos, con una humareda, entonces ahí sí se va a superar; pero en lo que respecta a la salud de las personas, en los niveles de exposición crónica, en los promedios durante un largo período de tiempo, estamos dentro de lo que se considera aceptable”, dice el responsable del área.
Parecidas pero distintas
Más allá de los datos científicos, una vista a la Ciudad desde el piedemonte deja en el espectador una innegable sensación de contaminación. “No es sensación; es así”, admite Dávila, pero aclara lo que representa la principal diferencia con Santiago de Chile: aquí la nube se dispersa con facilidad. Santiago ha declarado 10 alertas ambientales en lo que va de año.
Según explica el especialista, la cantidad de gases que se emiten durante la semana en el área metropolitana es similar. “Pero lo que sí cambia todos los días y hace que la calidad del aire cambie, es la condición de la atmósfera; con la misma fuente (de emisión de gases) puede haber mayor o menor nivel (de contaminación) por los cambios de atmósfera”, explica Dávila.
Mendoza tiene algunos días de mucha estabilidad, sobre todo en la época que va de abril a mediados de mayo, pero la mayoría del año la atmósfera es inestable, lo que hace que los gases se mezclen y diluyan más rápido y, en consecuencia, la calidad del aire sea buena.
En la capital trasandina, por el contrario, el fenómeno de la estabilidad de los gases -que son proporcionalmente mayores por el tamaño del parque automotor- se agrava por la proximidad del mar. “El mar hace que la atmósfera, a cierta altura, funcione como un techo que no permite que los gases sigan subiendo”, grafica el funcionario.
Más motores, humo estable
Si la cantidad de vehículos que circulan en el área metropolitana de Mendoza ha crecido con fuerza en la última década, ¿cómo es posible que la calidad del aire no haya variado?
Según Dávila, se debe a que los motores de autos nuevos emiten menos gases contaminantes y a que la calidad de los combustibles ha mejorado de forma notable. “Si todos siguiéramos andando en Ford Falcon o Renault 12, el aire sería peor”, comenta a modo de ejemplo.
En cuanto a la industria, todos los radares apuntan a la refinería de YPF en Luján de Cuyo, ya que su actividad hace que tenga un peso importante en la calidad del aire que respiramos. El jefe de Protección Ambiental aclara que lo que sale de la chimenea “no es tan malo, pero es una cantidad enorme”, por lo que es el primer punto de atención cuando se produce una situación de estabilidad atmosférica.
Otros focos de cuidado son las yeseras de Malargüe y las cementeras en la zona norte de la provincia, porque trabajan con partículas tan finas que se hace difícil que no escapen por la chimenea, cierra Dávila.

