Poemas de verano: Crush Dummie
Alicia en el país de las matemáticas
Por la mañana el número, la hora
encabrona su calendario
de pocas ganas de sumar.
Las cartas no son impredecibles
si es que cargan la vida del jugador
que a los pies remite su juego.
Se conoce como conejo,
pasa de a saltitos
la emboscada maravillosa.
Alicia se va cada tarde un poco
Cada conejo algo más.
Se va aburrida.
Pobre Alicia.
Transicional
Tenía en la heladera postales de viajes que capturaba de los sueños ajenos en todo el mundo. Guardaba tesoros, como arroz para la noche y mate para la mañana. Llevaba un bolso con un anotador, un par de lápices y una lapicera. Nunca una goma de borrar. A veces, llevaba dinero, a veces amigos.
Buscaba, entre lo que encontraba, una forma de fuego desconocida para mí…. Lo hablaba como si supiera de qué se trata abrir la puerta y encontrar una carta de un amor nunca olvidado. Hablaba como si de lo universal sólo existiera la melancolía. Como si de la noche sólo existiera música para funeral de Sol Mayor con cambio de Mi menor.
Un día tuvo la muerte en sus brazos. Acariciándola para mañana. -Es una mujer hermosa- decía. Desparramó en su sexo la carga de milenios de humanidad. La gozó como aquél que espera morir en el intento de engendrar el alma. Dominó el fuego del hombre en los labios de esa mujer.
Desde aquél día vive. Desde aquél día en que se mató.
Darwiniano
Ensordecido grito nostalgias inquieta
reloj carcelero de pocas palabras.
En un sonido cabe toda historia
Y en cada historia cabe un nombre.
Pinceladas derruidas
ennegrecido ocre
Existen ocasos también por acaso.
La definición que espío necesita concepto
Precepto, pretexto, gesto correcto, yerto
no puedo, no quiero, no creo que deba.
Percepción altiva, sin serenidad obliga
a cansar de temple silenciosa tu alarido
allá por el tiempo de las cuevas y los ríos.
Hoy he callado por última vez
al hombre, tropiezo del destino,
para bajar del árbol testigo de mi suerte.
Encontraste la máquina de la muerte.
Por Crush Dummie

