El lugar del poema
Un lugar, el poema, entre encuentros aleatorios fluye, afirma Vanina Giraudo en el prólogo de libro, y habrá que creerle. Poner la maquinaria de la escritura al servicio de una cartografía literaria, entonces, constituiría uno de los tantos avatares de la crítica. Fijar, mediante un lenguaje preciso y lleno de resonancias, los límites de cierto paisaje de signos avizorado en el horizonte (selva, desierto o estepa). De ahí que Lo oscuro trabaja (Carbónico ediciones, 2015) pueda leerse como un artefacto textual o mapa capaz de poner en evidencia el estado de la poesía mendocina actual. Un estado que, a todas luces, habla de una estética patriarcal cuyo predominio y vigencia están resquebrajándose. ¿Qué quiere decir esto? Que se apaga el relincho, compadre, y que la costra metafísica de Ramponi, el telurismo izquierdista de Tejada Gómez, la épica barrial más ensoñadamente objetivista de los noventa y la hipertransparencia de corte futbolero (para no hablar de quienes, víctimas de un raro síndrome de Estocolmo, aún siguen escribiendo con las palabras, el estilo y las trampas del enemigo) van dejando de ser los andariveles obligados por los cuales discurre el género.
Las voces contenidas en esta antología privilegian la captación directa del mundo, el rechazo de las convenciones sociales, la presencia irrefrenable del deseo y la persistencia de la memoria corporal por sobre la constante victimización, el retoricismo académico y las neolenguas de trinchera, por otra parte tan en boga en este tipo de publicaciones. Con registros heterogéneos que oscilan entre la bizarría sarcástica, profundamente antipisconalítica, en Verónica Giménez (1983), el juego musical cercano al limerick anglosajón en Andrea Marone (1994), la reivindicación del cuerpo como soporte de la memoria en Sol Muñoz (1979), el ejercicio mixto de la crónica íntima y la reflexión metapoética en Agustina Randis (1986) y la indagación de la propia identidad "desblisteada" en Alejandra Zanatello (1988), Lo oscuro trabaja es una brevísima muestra de lo que ofrece la poesía cuando decide empoderarse.
| Alejandra Zanatello Escaso Quería seguir caminando Por caminos de tierra Susurrando “suicídate esta noche” Quería ver qué pasaba Seguir participando Ahora, es hora, de aparecer frente al espejo Frente a una sonrisa irreconocible Estoy dando vueltas a la manzana Esperando en un consultorio En una sala de espera como paciente Veía como los blíster se desblistaban solos Como sin necesitar las pastillas estaban todas dentro de mí Veía mi futuro aplastándome Sabía que estaba en la mira y en la boca de todos Pero como una visión… Baja, ahí llega mi futuro, me saluda En realidad solo huele a perfume común. Recuento mis palabras Lo único con forma que sale de mí Lo nombrado, y es tan escaso. Yo era una visión frente a mí misma Mi cuerpo no hablaba por mí Yo solo estaba dormida, como drogada Viendo todo distorsionado Yo no podía ver niños o perros Cosas que habían sido parte de mi Pedía un papel Todo estaba dispuesto a ser, como un papel en blanco Yo miraba mi cigarrillo Ya no le daba agua con azúcar a las abejas o hacía elefantes con tela. Pero seguía encontrando estrellas o brillos Si miraba para abajo, para el piso. Mis plantas, fuertes y carnosas, tipo cactus Habían sobrevivido, A todas las sequias, a todos los rincones A mis escasas donaciones de aguas, a mis escasas miradas. Estaba rodeada de los afectos necesarios Recibía toda la ayuda suficiente Pero me veía envuelta en situaciones indeseables. Yo no estaba sola. Necesitaba soledad. Debía generarlo por mí misma. Debía hacerlo sola. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Sol Muñoz El jardín ha resistido otro invierno la necesidad de ver todo cómo se transforma te ha llevado a lo más profundo del vacío mismo algunos objetos han cambiado su lugar y una suave melodía flota en el aire las paredes proyectan la historia de millones de años una y otra vez una y otra vez acá adentro se está muy bien: no existe el lenguaje no existe el cuerpo no existe el tiempo no existe Dios acá Dios no tiene nada que ver dijo es la belleza misma de la que estamos hechos una tela un tejido un polvillo un rayo había olvidado quien era: una nube errante, rebelde y solitaria que se estremece dando el gran salto pero afuera ellos se esfuerzan por seguir muertos son sólo el alimento de un orden: todos quieren ser el fruto de ese árbol todos quieren vivir y ser memoria cuando las palabras se caen a pedazos no eres más que otra parte de esa mujer que cuida un jardín que ha resistido otro invierno.
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Andrea Marone Canto a la alegría Alegría no tiene rostro Pero usa una máscara Y la desajusta para mirar por debajo, ¡Qué atrevida Alegría! Una gota de sangre inunda tu ombligo. Escena 1 Un plazo fijo de alegría Fui al banco y saqué doscientos de alegría Alegría bicéfala y morada con la cara de Evita, Yo creía que la alegría no se podía tocar. Escena 2 Alegría en un auto Descapotable Por las calles De Mendoza Con la pelusa de los plátanos ¿O era alergia? Escena 3 Alegría desde la burguesía me pago la cirugía aguante la carnicería, Alegría, descubrí que la alegría se toca y se compra. Escena 4 ¡Alegria, alegría! Bipolar, esquizofrénica y obsesiva compulsiva Alegría obsesiva compulsiva, quiero alegría, mas alegría, obsesiva compulsiva, alegría. Me encanta Escena 5 Éxito, Alegría Qué buena música Andy Warhol es lo máximo Mi valor personal Reside en tu impotencia social Reside en tu incapacidad individual Me río de tu impotencia sexual. Siempre estoy alegre Me muevo como delantero En tiempo de alargue. No sé, pensalo A veces la alegría Tiene forma de placebo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Agustina Randis Domingo con el gato pelea con el novio se manda a mudar lecturas: novela y poemas fernet con coca a las 17 hs con la ventana abierta the cure luego cumbia la gente pasa, se ríe gritan, van afuera sol adentro calor de colcha si está mal o bien no sé pasa el lampazo luego vuelve al sillón se hace preguntas existenciales se responde nimiedades se dice y desdice luego va a un recital de poesía en un bar escucha historias cotidianas de la familia, los hijos las esposas de los poetas o de algún personaje real de lo que corre por algún cauce seco y de los distintos tipos de personas no se siente identificada no lo necesita tampoco pero se da cuenta por eso lo digo a veces las cosas innecesarias al decirlas se vuelven necesarias las palabras se extrañan cuando nadie las pronuncia más aun ciertas palabras como amor cama gato o gilada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Verónica Giménez Venga otro (fragmento) [… ] ¿Por qué le brillan los ojos y se mueve tan sexy? ¿Por qué en aquél grupo la gente se ríe tanto? ¿Qué es lo gracioso de ese comentario? ¿Por qué ya hay dos botellas rotas, un vómito en la esquina y a nadie le molesta? ¿Por qué hablan a los gritos como declamando verdades? ¿Qué es lo que le hace pensar a ese tipo tan feo que tiene posibilidades con todas? Vedado el ingreso al enorme bacanal un rayo de sabiduría me reconviene a la salud, a la hermosa disparidad natural que en su manifestación más simple llama al reposo claro. Despertarse en las mañana temprano, tomar un té, hacer yoga, sacarle fotos a perros abandonados, regalar perros en la calle San Martín, iniciar un curso de pintura, todas esos pacifismos que no me han dado ni la mínima la distracción . La turbiedad de este momento me relega a la condición exacta de la que todo ser humano escapa cuando la Rutina cuela la ansiedad furiosa por lo bajo: estoy tan aburrida. Hace poco me dejó alguien. (Venga un trago) .Desde entonces suplí con comida y perros el vacío de una relación sostenida por años. Proyectada hacia la maternidad, con la consecuente resignación de asumir temas de conversación tales como: la lactancia, los pañales, las niñeras, Una Casa Fija, un auto, preocupaciones por las instalaciones de gas, pero estabilidad al fin. Y yo sin nada de eso. Necesitaba cosa. [… ] |
Pablo Grasso

