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Deambuladores: Turquía nos abre sus brazos

Los jóvenes mendocinos que recorren el mundo viviendo al día, ahora están en Turquía y nos cuentan cómo marcha esta aventura.
Foto: Juan Niemetz.
Foto: Juan Niemetz.

Abandonamos Israel, con una salida un tanto accidentada, nos paró la policía aeropuertuaria y nos preguntó de todo, hasta cuanto tiempo llevamos juntos, o si habíamos viajado juntos antes y montón de cosas así, pero pudimos salir, y para no perder el toque después de una entrada más que fácil a Turquía (ni nos miraron y nos pusieron el sello) el amigo que nos iba a buscar al aeropuerto se confundió y nos fue a esperar al otro aeropuerto que queda básicamente en el otro continente, pequeño error ; pero ya hace poco más de tres semanas que estamos deambulando por Turquía.


El recibimiento ha sido maravilloso, primero nos ofrecieron un departamento absolutamente gratis en el centro de Estambul, imaginen nuestra alegría, el único detalle, a tener en cuenta para la gente que viaja alquilando casas, era que el departamento tenía “Baño Turco” y no precisamente el baño turco de los masajes, las piedras calientes y esas cosas (que si van a Estambul con plata, son altamente recomendables y hay varios por toda la ciudad) sino, el baño turco de las casas, que es, ni más ni menos que nuestra letrina, sin inodoro, era el único detalle en un departamento increíble en un lugar de la ciudad impresionante.

Ahora… ¿qué decir de Estambul? Pareciera que todo, todo en la ciudad estuviera hecho para sorprender a la gente, mires donde mires se ven mezquitas imponentes gigantescas, que transforman el paisaje de la ciudad y le dan magia. En general se puede entrar en casi todas aunque no sean turísticas, los únicos requisitos son sacarse los zapatos y mucho, mucho respeto, si por fuera son edificios increíbles por dentro… no hay palabras. Es muy impresionante y (salvo la Mezquita Azul que era un mundo de gente empujando) transmiten mucha paz.


En general lo que hicimos en Estambul fue caminar, la caminamos toda, nos metimos por todos los recovecos que encontramos, tomamos té cada vez que nos daba sed, en lugares para nada turísticos y fumamos narguile rodeados de gente que se moría de risa de que no entendiéramos una palabra y que no paraban de repetirnos: ¡Messi, Messi, Maradona!

Nuestra primera parada, después de Estambul, fue Yalova, un pueblito que queda del otro lado del mar de Mármara, a una hora más o menos de distancia. Llegamos ahí y teníamos que tomar un mini bus a otro pueblito Kurtkoy, cosa nada fácil cuando uno no habla el idioma y hay 10 pueblitos con el nombre parecido. Con paciencia, riéndonos mucho y mostrando la mano con el nombre del lugar escrito en ella conseguimos lo que buscábamos.


El objetivo en Kurtkoy era llegar hasta una granja en el medio de las montañas (un lugar muy parecido a punta del agua, en San Rafael, para quien conoce) de una pareja de ingleses, que han armado un proyecto de huerta y granja que la filosofía es cero basura. Sí, no producen nada de basura todo se recicla, hasta los papeles del baño terminan en un compost. En la cocina hay 3 tachos de basura diferentes, uno para restos vegetales, que son comida para los animales, otro con restos orgánicos no vegetales (pelos de perro, cascaras de huevo, cartón) que terminan en el compost y el último es para plásticos que son utilizados como combustibles para encender el fuego en la cocina a leña que sirve para cocinar y calefaccionar. Al principio, debemos admitir que era un poco estresante y que nos parecía que se iban un poco al extremo, por ejemplo, casi no usaban jabón para lavar los platos, sólo agua (que funciona muy bien) pero si había sido una comida con mucha grasa que sólo el agua no iba a poder limpiar, se ponían los platos y las fuentes en el piso para que los perros lo lamieran (sí, así como lo leen) y después se lavaban con cenizas (que también son muy efectivas) pero nosotros no éramos demasiado fanáticos que digamos de dejar que los perros lamieran los platos y las fuentes donde comíamos.

Esa experiencia duró sólo una semana, nos volvimos a poner la mochila al hombro y salimos a dedo con el objetivo de llegar a Gocek, en Mugla, lo que quiere decir atravesar Turquía de norte a sur, unos 700 kilómetros aproximadamente. Al final del viaje nos habíamos subido a cinco autos, cinco camiones y dos trafics, conocimos gente increíble, sin hablar ni una palabra de turco, y con un promedio de espera de unos cuatro minutos entre vehículo y vehículo.

Hicimos unos 60 km con un tipo que manejaba a 170 kilómetros por hora, viajamos casi seis horas un camionero que iba a no más de 60, y que hasta nos invitó a almorzar. Otro se desvió casi 10 kilómetros para dejarnos en un buen lugar para hacer dedo, unos hippies que venían manejando desnudos y que habían salido a pasear hacía una semana y decidieron, así como quien no quiere la cosa, ir hasta la India manejando (cuando les dijimos que habían varias fronteras cerradas en el camino hasta allá no lo podían creer y quedaron en que por ahí tendrían que chequear alguna información). Otro, no tan divertido, nos invitó a pasar la noche en su camión, pero sólo tenía lugar para Marian, o por lo menos es lo que pudimos entender de lo que nos quiso decir, igual, decidimos pasar la noche en la terminal y no fue tan malo como algunos pensarían.


Al segundo día, a eso de las 2 de la tarde llegamos a Gocek donde nos vino a buscar Deborah que es la encargada junto con su esposo Tayip del lugar donde estamos ahora, ellos están empezando un proyecto de permacultura, en medio de las montañas, a unos 700 metros sobre el nivel del mar, pero con una vista increíble del mar Egeo y rodeado totalmente de un bosque de pinos gigantescos, parece de cuento.

Vaya cantidad de cosas ¿no? Turquía nos ha traído todo un concentrado de experiencias y se vuelve más y más interesante cada día… Pero si hay algo que tenemos que destacar eso serían los mismos turcos, pareciera que estuvieran esperando que te acerques a preguntarles algo para poder ayudarte, le ponen mucha onda, sonríen de a montones y nos hemos divertido muchísimo (tanto ellos como nosotros) tratando de entendernos.

Aún no hay planes de dónde continuar, por ahora estamos disfrutando del lugar dónde estamos y ya veremos dónde seguimos… después de todo no hay nada que nos apure, y es el objetivo del proyecto Los Deambuladores es meternos a fondo en cada cultura y poder compartirlo con ustedes.

Juan y Marian, Los Deambuladores