Sínodo se escribe con "s" de serpiente
Desde los primeros tiempos la Serpiente se encargó de que la humanidad no pudiera tener una relación sana y madura con su Creador; que el hombre no pudiera acceder a un diálogo equilibrado, pacífico y en comunión con Dios.
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Con su astucia, cuenta el Génesis, se llenó la boca de mentiras, presentó su propio relato de la realidad, impuso su interpretación del mandato divino, y disfrutó luego creando en el hombre una deuda permanente por haber desobedecido a las órdenes y reglas de Dios.
Se disfrazó de “ángel de luz” y embaucando con sus mentiras, nos hizo creer que era la dueña de la verdad y que podía decodificar y entender cuáles eran en el fondo los verdaderos planes y designios de Dios sobre lo que se debía o no hacer con el Árbol del Bien y del Mal. El final de esa historia lo sabemos todos. Adán y Eva quedaron excluidos, segregados del Paraíso, y tuvieron que emprender un nuevo destino, alejados de su antiguo hogar.
Un nuevo capítulo del Génesis (Gn 3, 1-24) se está escribiendo en el Sínodo de la Familia. La Serpiente se está encargando de volver a generar en la humanidad una aversión hacia Dios y alejarla de él una vez más. Al menos ese Dios que la Iglesia creepregonar.
Es que Sínodo se escribe con “S” de Serpiente. Se escribe con “S” de segregación, con “S” de separación.
Es muy probable entonces que la historia termine de un modo similar; en el Paraísosólo deberían quedar aquellos que “se porten bien” y “obedezcan las reglas”; el resto seremos excluidos de las puertas del Edén.
Un nuevo capítulo del Génesis (Gn11, 1-9)se está escribiendo en el Sínodo. Los Obispos y Cardenalespretenden construir una nueva Babel, participantes de todas las lenguas del mundo, vuelven a crear confusión y enfrentamientos, sin poder comunicarse, porque pretenden hacernos creer que ellos sí pueden acercarse a Dios y contemplar su rostro (o leer la Voluntad de Dios sobre los hombres).
Es que Sínodo se escribe con “S” de Soberbia, de arrogantes seres humanos que pretenden equipararse con Dios.
Un nuevo capítulo del Génesis (Gn 19, 1-29) se está escribiendo en el Sínodo. Los Obispos y Cardenales no quieren dar hospedaje “en su casa” a los extranjeros, aquellos que “de paso” por Sodoma, querían solamente pasar la noche. No, ellos se empecinan en volver a cometer uno de los peores pecados en los códigos de los pueblos seminómadas, ese pecado que condena la correcta y verdadera interpretación del texto: la falta de hospedaje, el dejar “al otro” a la intemperie, expuesto a las inclemencias y no querer refugiarlo o recibirlo bajo un mismo techo.
Es que Sínodo se escribe con “S” de Sodoma, aquella tierra donde llovió azufre y fuego porque sus habitantes se llenaron de egoísmo.
Ojalá Francisco pueda con las resoluciones de este encuentro, ir más allá en el tiempo, y en lugar de reescribir nuevos capítulos del Génesis, imite a Dios, separe la luz de las tinieblas, y del caos de este Sínodoredacte una encíclica que sea expresión de la primera frase con la que Dios irrumpe en la Biblia: “hágase la luz”.
Que renueve la frescura del mensaje evangélico, que reproduzca la Valentía del Buen Pastor y pueda prevalecer, como en la verdadera Historia de Salvación, la Misericordia sobre la Condena.
Para finalizar, de algo estaremos siempre seguros. El Génesis nos enseña que haber salido del Paraíso nos hizo autónomos y empezamos a depender de nuestras propias acciones y decisiones. Es hora de hacerse cargo de esa parte de la historia y dejar de pedir permisos para lo que es un derecho adquirido. Tenemos la vida por delante, ysomos constructores de nuestro propio destino. Sólo nosotros deberemos dar cuenta de nuestras decisiones y de nuestra felicidad que se forja día a día.
Ya nadie debe decirnos qué es lo que podemos o no podemos hacer. Ya nadie puede prohibirnosel acceso a los sacramentos. Como mucho podrán solamente aconsejar o exhortar. Y sino que revisen la doctrina, donde los sacramentos no son “premios por portarse bien”, sino más bien “alimento y gracia para continuar la peregrinación”.
Entonces, si un divorciado que se dio una nueva posibilidad cree en conciencia que puede acercarse a comulgar, pues no tiene que esperar ningún edicto que redacten desde Roma; basta con mirar a su interior y descubriren su conciencia, siempre informada y formada, si decide y desea acercarse al Sacramento. No debe ser una imposición externa.Nadie es dueño de prohibir la Comunión con Dios.
Ya no hay que subestimar a nadie. Es tiempo de dejar de lado la Fe infantil que se desentiende de las decisiones personales depositándolas en otros, sus pastores.Cada uno lo sabe en su intimidad. Cuando algo nos corresponde, pedir permiso es evadir la responsabilidad.
Cuántos divorciados se animaron a poner punto final, muchas veces con dolorosa renuncia, a situaciones de violencia, ya sea física o psíquica; a situaciones de indiferencia; a situaciones de engaño; a situaciones de desamparo; o simplemente a situaciones de insatisfacción. Y no sólo fueron capaces de dar ese paso significativo de dejar atrás lo que los dañaba, sino que decidieron correr el riesgo de recomenzar su camino y darse una nueva posibilidad, un nuevo sendero de liberación. ¡Vaya ejemplo para capitalizar! ¡Vaya testimonio de vida de quienes no se quedaron mirando hacia atrás, sino que siguieron caminando!Recordemos que en el Génesis quienes miran hacia atrás se convierten en estatuas de sal (Gn 19, 26).
Pedir permiso es evadir la responsabilidad. Y cuántos riesgos se corren. Muchas veces atrás de una mujer golpeada hay una persona que intentó seguir el consejo o la recomendación de un cura obtuso que le dijo que debía seguir al lado de su marido a pesar de todo. O atrás de un matrimonio infiel y desdichado hay una insistencia desmedida en preservar el valor de un sacramento a costa de la mentira, el ocultamiento y la falta de respeto.
Estas máximas se extienden del mismo modo a los demás cristianos de la periferia. Si un homosexual quiere creer, o un creyente salir del armario y reconocer su identidad sexual, nadie puede restringirles ese derecho. Es tiempo de dejar de repetir mentiras ya reconocidas y asumidas por cuantiosos estudios teológicos y bíblicos. En la Biblia no hay textos objetivos que condenen las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo. Y si una pareja de homosexuales o lesbianas, quieren conformar una familia y llamarla de ese modo, no tienen que pedir permiso a la religión. Tienen todo el derecho humano, y hasta la obligación de llamarse familia. Y no es un insulto ni una burla hacia esa institución, sino un enriquecimiento y una contribución a la diversidad y un reconocimiento de la creatividad de la creación de Dios. Es reconocer y aceptar que las relaciones humanas crecen, maduran y se repliegan a lo largo de la historia, con respeto y diversidad. Nadie puede arrogarse el derecho de restringir ese nombre por discriminación de algún tipo, ni impedir la posibilidad de llamar con esa palabra tantas valiosas experiencias familiares. Y menos aún podrán negarles que sus hijos o hijas puedan ser bautizados, o excluirlos de algún Sacramento por arrogancia o capricho.
Porque en el fondo, Sínodo, si se trata de un Sínodo de Familias, debería escribirse con “S” de Solidaridad, con “S” de Sencillez, con “S”de Sensatez, con “S” de Sexualidad, con “S” de Servicio. Con “S” de Sabiduría.
(*) Andrés Gioeni. Ex sacerdote católico mendocino. Actor, escritor.