Poemas de verano: Teny Alós
Más Fácil
Sería más fácil mirar para otro lado.
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Sería mucho más fácil llamarse a silencio.
Hacer como si no pasara nada.
Decirse a sí mismo que el tren de lo importante va por otra vía.
Se trata de bajar las orejas como perro ante las moscas.
Cerrar los ojos y pensar que ya va a pasar.
Consolarse con la idea de un futuro próspero.
Sería más fácil concentrarse en la imagen del otoño rasgado por un colibrí.
Concentrarse en la postal de lo bello impreso en lo hermoso.
Sería conveniente, para facilitar el escapismo, entrar en la habitación new age almidonado con ideas anticonceptivas.
Camuflado de un poshippismo patéticamente florido.
Sería todo un gesto antinatural de la inteligencia.
Debiéramos aflojar los músculos de la cara, ablandar los nudos de la espalda.
Y, mirando como un faro el horizonte, tontamente sonreír, con ganas.
Como si la felicidad, los días felices, los sueños posibles, no existieran.
Ni fueran a existir.
Quieto
La noche de una vieja apuesta.
El amigo que un amor aplastó.
Los viajes míticos.
Las herramientas leves del sueño.
Una dirección de correo electrónico.
La única razón que existe para olvidar.
Los caballos inmóviles.
El raro encuentro de las fantasías.
Las maniobras del alma.
Los miedos escondidos.
La furia del universo.
El avance nocturno de las ratas.
La robótica del entusiasmo.
El poema leído en el baño.
Lo que aparece debajo de la tristeza.
Las cachas de un revolver clandestino.
Las sinagogas que se han dormido.
La caja fuerte de la memoria.
Las voces perdidas en la neblina.
Quietos en el azar.
Hasta que lo escribo.
En redondo
Pensar
en redondo
buscando
dentro de la red
ese pez
secreto,
tanteando
entre las luces
que encandilan,
extrañando
-entre las sábanas-
una sombra
que escapó.
Pensar
en uno mismo
como
en un boxeador
noqueado.
Y ya
no pensar.
Sentir
a la oscuridad
apoderarse
de tus músculos.
Respirar
a contramano
en la autopista
del ser ahí,
como invierno
contra el fuego.
Todas las puertas
cerradas.
Todos los candados
asegurados.
El vigía
apuntándome.
Ofreciéndome
el tiro de gracia.
Hay cosas
que uno debe hacer
por sí solo.