Mandaste un email agresivo: ¿ahora cómo la arreglás?
La gente se agredía verbalmente entre sí mucho antes de la llegada de Internet. El correo electrónico y los mensajes de texto lo han facilitado: ahora podemos responder de manera instantánea, mucho más rápido de lo que nuestro cerebro racional puede intervenir, señala Elizabeth Bernstein, en un artículo escrito para The Wall Street Journal.
Te puede interesar
Vendimia, luminoso paso de Andrea Colamedici entre las penumbras
Sin embargo, las palabras escritas, a diferencia de las palabras orales, no se desvanecen; pueden permanecer en la pantalla para siempre.
La tecnología nos hace sentirnos alejados de las consecuencias de insultar a los demás.
Cuando recibimos un e-mail que nos ofende, el impulso a una respuesta furiosa puede ser muy veloz. A menudo nos arrepentimos de nuestra reacción, en ocasiones porque nos percatamos de que malinterpretamos el mensaje ofensivo en primer lugar. Y aunque técnicamente podría ser posible retirar, o “desenviar”, un e-mail imprudente en algunas circunstancias cuando se usa Gmail o Outlook, en muchas ocasiones no funciona.
Pamela B. Rutledge, directora del Centro de Investigación de Psicología de Medios en Corona del Mar, California, considera que es posible reparar un daño hecho por un email impulsivo. "Requiere humillarse", afirma la profesional. Eso implica disculparse sinceramente, y preferiblemente no por e-mail. Tome el teléfono, o mejor aún, hágalo frente a frente.
“Cuando ataca a alguien, lo empequeñece”, afirma Rutledge. “Humillarse es una forma de mostrar la vulnerabilidad propia para que el otro se sienta lo suficientemente seguro para perdonarlo”.
Pandora MacLean-Hoover, una trabajadora social clínica certificada de Lexington, Massachusetts, señala que "mucha gente pide perdón diciendo y luego diciendo que ese realmente no era yo, y esto es un gran error".
“Fue una parte de usted que quizás no le agrade, pero negarlo no lo beneficiará ni a usted ni a la otra persona. Asuma la responsabilidad”, sostiene y deja la fórmula para arreglar el problema:
“Realmente valoro nuestra relación. Realmente lamento el texto que envié. Me encontraba intensamente molesto y lo escribí enojado y apresurado. Fue extremo y ofensivo. He tenido más tiempo para pensar al respecto y espero que me des la oportunidad de hablar sobre la situación de una forma más respetuosa”.
Los tiempos que se manejan
Si alguna vez ha enviado un e-mail del que se arrepiente, establezca reglas a seguir para la próxima vez que reciba un mensaje que lo enfurezca. Decida cuánto tiempo esperará antes de responder: ¿10 minutos? ¿24 horas? Depende de cuánto tiempo le toma tranquilizarse.
Si siente que el silencio está empeorando la situación, envíe un mensaje breve indicando que está sorprendido y no quiere decir algo de lo que después se arrepentirá, y que por eso está respirando profundamente. Sugiera: “¿Podemos hablar?”.
Antes de redactar su respuesta, imagínese a la otra persona. Quizás incluso vea una foto. Recuerde la última vez que se rieron juntos. Considere su punto de vista. “Un buen negociador busca asegurarse siempre de que hay algo sobre la mesa para ambas personas”, señala Rutledge. “No puedes saber lo que necesita la otra persona sin pensar al respecto”.
Fuente: The Wall Street Journal

