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Las "zonas rojas" del Parque San Martín

El crimen de Daniel Maldonado (29), ocurrido el pasado lunes a la mañana en el interior del parque General San Martín puso nuevamente bajo la lupa la cuestión sobre la seguridad en el predio, pero al presuponerse la connotación sexual del asesinato, ahora otro tópico entra en escena.
Foto: Federico Croce/MDZ
Foto: Federico Croce/MDZ

La investigación por el crimen de Daniel Maldonado (29), ocurrido el pasado lunes a la mañana en el interior del parque General San Martín, no ha registrado avances en las últimas horas, principalmente por la falta de testigos.

El hombre fue encontrado por un cuidacoches en la zona ubicada en avenida El Libertador y calle Padre Contreras, cerca al ex Eureka, lugar donde se encuentra un denso bosque en el cual fue acuchillado.


La última vez que el Parque fue escenario de un crimen ocurrió durante el asesinato del turista neozelandés, Nicolás Edwards, de 31 años sucedido el 28 de abril, pasadas las 15:30 en el paseo mendocino. Dos motochorros lo ejecutaron a balazos cuando estaba tendido en el suelo.

Luego de ese hecho, se convocó a una marcha para reclamar seguridad, allí mismo, en el Parque, donde se abucheó al ministro Leonardo Comperatore cuando quiso hablar con el grupo de 2.000 personas que se convocaron para el pedido. Este puso su renuncia a disposición y hasta se pensó en declarar la emergencia en seguridad en la provincia, algo que finalmente nunca ocurrió.

Se aumentaron los patrullajes y que se colocaran tres puestos policiales fijos (en el ingreso al Zoológico y la UNCuyo y en el puente de calle San Vicente), se puso a disposición exclusiva una ambulancia todos los fines de semana y se inició el plan de arreglos de luminarias dañadas.


Según transeúntes que se ejercitaban el viernes por la tarde en el Parque, y que suelen hacerlo hace años, el patrullaje aumentó luego del crimen del neozelandés, pero volvió a mermar. “Se vieron más móviles policiales luego de abril, pero ahora se ve muy poco y no sé si lo que hay sirve”, dijeron a MDZ.

De hecho, la fiscal del caso Maldonado inició una causa paralela contra los dos policías acusados por el cuidacoches de no actuar en un principio en la escena del crimen. Según sostuvo el trapito, ambos efectivos que patrullaban a pocos metros del lugar desoyeron sus pedidos de auxilio e incluso lo trataron de manera peyorativa.

Sin embargo, el crimen de Maldonado no causó la misma conmoción. El joven changarín fue hallado con pocas pertenencias identificatorias, aunque sí con un par de preservativos y prendas íntimas femeninas que vestía debajo de su jean y camisa. Se trata de una bombacha y medias de mujer. Por caso, el lugar donde fue atacado Maldonado está señalado por los investigadores como “zona roja”, es decir, un sitio donde generalmente por la noche se llevan adelante encuentros sexuales.

Lo cierto es que ya sea el origen humilde de Maldonado, la connotación sexual de su crimen o el hecho de ese (mal) acostumbramiento que suele producir la reiteración de un hecho conmocionante este asesinato sacudió algo menos que el crimen del turista.

Un secreto a voces

Las zonas rojas, según aportaron algunos guardaparques, son “vox populi” entre la sociedad mendocina, y cuando cae la noche, lo que pasa atrás de los Portones no tiene relación alguna con lo que sucede de día.


Si bien en otros lugares similares la oferta de sexo es explícita –el Parque San Martín de Salta y los Bosques de Palermo de Buenos Aires, por caso- en Mendoza es más solapada.

La rotonda que une las calles De La Virgen y Las Pichardas, aledaña al club Regatas y denominada históricamente “Villa Cariño”, y la zona ubicada en avenida El Libertador y calle Padre Contreras –donde fue encontrado Maldonado- son reconocidas zonas rojas dentro del núcleo histórico diseñado por Carlos Thays en 1896.

Una corta caminata por el Parque General San Martín sirve para detectar una importante cantidad de profilácticos usados tirados en el suelo.

Si bien los encuentros en las mencionadas zonas son sobre todo entre hombres homosexuales, no todos estos están relacionados con la prostitución.

Intimidad donde “no queda otra”, abuso de menores y dogging

Si bien muchas parejas recurren a llevar adelante sus encuentros íntimos en el Parque porque carecen de un lugar propio donde tener relaciones sexuales, adolescentes a quienes les he prohibido tener sexo bajo el mismo techo que sus padres y no pueden costearse un hotel alojamiento –de hecho hay un grupo cerrado en Facebook llamado “Quién no tuvo sexo en el Parque General San Martín”- otros lo hacen por el puro placer del exhibicionismo.


El “dogging” consiste en tener sexo en zonas apartadas y convocar a otras parejas a realizar actos sexuales en lugares abiertos, frente a la mirada de voyeurs o fisgones que pueden, o no, ser invitados a participar. El nombre deriva de “pasear el perro” (dog), ya que los dueños de los canes aprovechaban el caminata para espiar a las parejas que tenían sexo al aire libre; para otros, la palabra hace referencia a tener sexo en público tal como los perros.

La oscuridad y soledad de ciertas zonas del Parque también favorecen el abuso.

Un hecho indignante ocurrió en abril de 2011 a la madrugada en el Prado Español, a la altura de las churrasqueras del Club Regatas. Un hombre de 40 años fue descubierto teniendo relaciones sexuales con una niña de 13.

Fue una mujer quien dio aviso a la Policía, cuando caminando por el Parque observó que había una pareja teniendo sexo. A la mujer solo le había parecido de mal gusto el exhibicionismo del dúo, sin percatarse que se trataba de una niña. Ambos argumentaron a la Policía que se trataba de una relación consentida, pero por la edad de la chica fue un claro abuso sexual.

“No autoexponerse”

En Villa Cariño, la Policía patrulla cada una hora para retirar a las parejas que se encuentran estacionadas en sus autos. Alejandro Gil, director de Relaciones con la Comunidad del Ministerio de Seguridad de la provincia, aseguró a MDZ que, afortunadamente, es una práctica que “ya no se usa”.


“La realidad es que venimos aumentando el patrullaje en el Parque desde que asumió Ciurca para evitar todo tipo de encuentros en estas zonas”, dijo Gil.

“Cuando los vemos les pedimos que se retiren, porque hay riesgo de estar solos en un lugar solitario y poco iluminado. Si alguien está ahí verá que menos de una hora lo invitarán a ir a un lugar apropiado, porque tratamos de evitar que se pongan en riesgo”, añadió el funcionario.

“Lo que sucedió con el turista pasó en un lugar donde mucha gente practica deportes, entonces muchos se sintieron vulnerables e identificados. Lo que le pasó a Maldonado fue adentro de un bosque, donde no es fácil ver lo que sucede, por eso es que pedimos no autoexponerse”, agregó Gil.

Luego del crimen del turista se procedió también a cerrar algunas calles del Parque por la noche, con el objetivo de evitar riesgos a los transeúntes y que las actividades nocturnas en él se concentren en ciertos lugares más seguros e iluminados.

El hecho más macabro

El martes 13 de noviembre de 1990, una aberrante noticia conmocionó a toda la sociedad mendocina. El Parque fue el contexto de un brutal ataque en el interior de una casilla rodante estacionada frente a las canchas de tenis del Club Regatas.

Un grupo de cinco hombres ingresaron al vehículo a desvalijar a una pareja de 22 años de edad, golpearon y violaron uno a uno a la mujer y asesinaron a su novio de un golpe en la cabeza, luego de darle 20 puntazos con un gancho de carnicero. La sangrienta escena provocó el desmayo de más de un funcionario judicial que llegó al lugar.

La Justicia imputó a los cinco detenidos por homicidio calificado, violación calificada reiterada por los cinco hechos y robo calificado.

Colofón

El Parque abarca 307 hectáreas cultivadas y 86 en expansión con 17 km de recorrido. Las áreas frondosas y la realidad delictual que azota a la provincia y al país reclaman a gritos presencia policial. Una medida acertada viene resultado cerrar ciertas calles solitarias y poco iluminadas durante la noche, pero lamentablemente la formación de los efectivos policiales vuelve a ponerse en duda una vez más luego de las horas que pasaron antes de que Maldonado pudiese ser asistido.

Otro factor cultural y social que cuesta ser discutido dentro del seno familiar es el sexo seguro y responsable entre jóvenes y adolescentes. Al no tener lugar propio o dinero para costear un hotel, decenas de chicos recurren a los lugares públicos para tener intimidad. Aún resulta impensado para muchos padres que esta situación pueda darse en un marco acordado y bajo el mismo techo.

El tabú termina echando a la calle y poniendo en peligro a los jóvenes. Y es una situación que se da hace décadas.