¿Por qué nos cuesta tanto ser felices?
El ser humano tiene una falla de fábrica en su mente.; convierte los deseos en necesidades. Analizamos todo de modo lineal, sin curvaturas. Por ejemplo, creemos que si un chocolate nos gusta mucho, mil chocolates nos van a producir un placer infinito. La sociedad actual promueve ese error y lo estimula creando una necesidad de consumo permanente. Las personas sufrimos por no poder alcanzar esas metas.
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Uno de los temas sufrientes que más escuchamos los psicólogos es el amor y el desamor en las parejas, ya sea porque no encuentran pareja o porque la pierden o si la tienen no es cómo quisieran que fuera, etc. Se cree mucho la idea que si no estamos en pareja somos infelices, que necesitamos alguien que nos ame para ser felices. No se discute que cuando se da esta situación es muy gratificante. La idea no es que haya una falta afectiva sino una manía que nos impulsa a pensar que necesitamos amor sentimental. Se puede ser feliz sin estar en pareja.
Con otros temas es lo mismo y la lista es larga. Culturalmente se han instaurador tantas ” necesidades” de consumo desde tener un cuerpo bello y joven hasta ser exitoso en todo lo que para cada persona simbolice ÉXITO Esta forma de vida es agotadora. La sociedad nos hizo creer que tenemos que progresar y que eso es sinónimo de felicidad, ya sea en lo profesional, económico, amor, familia , etc
Vivimos pensando en todo lo que nos falta, nos quejamos constantemente de todo, y con esto no se propone dejar de lado una observación objetiva de áreas que podemos mejorar. La propuesta es lograr cambiar, modificar o negociar aspectos propios con tal fin. Aquello que por el momento es inmodificable lo dejamos así y lo aceptamos o lo dejamos
O sea que para mejorar nuestro estado de ánimo y sentirnos un poco más felices tendríamos que evitar tantas teorías. No decirse “necesito esto o aquello”, sino disfrutar de lo que nos rodea. Apreciar las oportunidades en cada momento. Encarar la vida como un juego donde practicar las estrategias necesarias para encarar las situaciones conflictivas Para ello es necesario ejercitar nuestra mente y espíritu, de forma constante, para cambiar nuestro comportamiento. La rutina y la repetición son, pues, elementos fundamentales de una receta motivadora.
Rafael Santandreu es un fiel seguidor de la llamada psicología cognitiva, o psicología del pensamiento, que se basa, en boca del autor, en la máxima según la cual “hacerse fuerte es aprender a controlar lo que te estás diciendo a ti mismo a cada momento.” En otras palabras, si tomamos las riendas de lo que pensamos y dominamos nuestra actitud frente a los problemas de la vida, podremos solucionar estos y alcanzar cierto grado de felicidad.
· Es posible cambiar aún en las peores circunstancias, como demuestran casos sobresalientes (como el del fundador de Alcohólicos Anónimos, por ejemplo).
· Para ello debemos empezar por erradicar las llamadas creencias irracionales, es decir, aquellas que nos plantean un futuro aterrador o que nos presionan demasiado a conseguir resultados óptimos. De igual forma, no tiene sentido preocuparse por lo que no tiene solución (como la muerte, por ejemplo).
· Debemos acostumbrarnos a cierto nivel de conformidad con lo que somos y tenemos. Esto es básico para alcanzar la felicidad.
· Es necesario desprendernos de nuestros complejos, que nos limitan más que nuestras propias incapacidades.
· No vale la pena preocuparnos en exceso por las molestias cotidianas, incluyendo las dificultades económicas, entendiendo que algunos niveles de incomodidad son perfectamente soportables.
· También es positivo tratar de no pelearse con las personas, aceptando sus defectos con mayor comprensión.
· Si sufrimos de un nivel alto de ansiedad, tenemos que aprender a “ralentizarnos”, esto es, a tomar las cosas con más calma y a hacerlas más pausadamente.
· No nos dejemos aturdir por las responsabilidades; aún las más complejas son asumibles si lo vamos haciendo sin tensiones.
· Tampoco debemos temer al dolor físico, que es parte normal de toda existencia y que, la mayoría de las veces, es totalmente superable.
· El quid está en tomar las cosas con optimismo, y tratar de hacerlas lo mejor posible, tratando de dar lo mejor de uno.
(*) Patricia Frascali es psicóloga, especialista infanto juvenil y familia

