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La contaminación sonora afecta al 80% de los argentinos

Los altos decibeles experimentados día a día pueden generar efectos diversos como: trastornos de sueño, aprendizaje e irritación. Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba al tope del ranking.
Foto: Web
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Desde muy temprano las grandes ciudades del país se ‘despiertan’ y con ellas, llegan los automóviles, colectivos, bocinas, sirenas y por qué no, el bullicio también.

Así fue como Buenos Aires se convirtió en uno de los centros urbanos con mayor nivel de contaminación sonora y sus habitantes en los más disconformes.

GAES Centros Auditivos, informó que cerca del 100 por ciento de los porteños considera que vive en una ciudad con exceso de ruido, pero algo parecido ocurre también en otros puntos del país como Santa Fe y Córdoba, en dónde el 74 y el 70 por ciento respectivamente de los encuestados no está conforme con el nivel al que se ven expuestos.

En este sentido, el ruido –entendido como un factor de estrés ambiental- puede intervenir en trastornos del sueño y del aprendizaje, la memoria, la motivación, la resolución de problemas y en el incremento de la irritabilidad y la agresividad.

Tal es así que el 48 por ciento de los encuestados afirma que le cuesta dormir por la noche, en mayor medida por los ruidos de la calle y los ladridos de los perros y solamente el 1% de los argentinos utiliza tapones para dormir.

También influye en el estado de ánimo, ya que un 24 por ciento reveló que su humor cambió luego de exponerse a niveles muy altos.

Las alteraciones producidas por estas situaciones suprimen algunos de los aspectos del sistema inmune.

Según la Organización Mundial de la Salud, el límite de “ruido molesto” comienza con 70 decibeles y si se supera puede implicar un riesgo.

Hay que tener en cuenta que el daño no sólo es provocado por el nivel sino también con el tiempo de exposición al mismo.

Por ejemplo, 70 decibeles equivalen al sonido de una aspiradora y 80 al de un tren. El tráfico o una pelea entre dos personas ya alcanza los 90 (dB).

Es importante: proteger la casa de ruidos, limitar el volumen de los aparatos electrónicos, limitar el uso diario de los auriculares y celulares, utilizar protección en los oídos ante ruidos ambientales, hablar con voz moderada, cuidar a la mascotas: por ejemplo, evitar ladridos excesivos y evitar el uso de electrodomésticos en horario nocturno.