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Misterio: no había pólvora en las manos de Andy ni en los gendarmes

Andy García Campoy es el chico que murió en el control de Gendarmería en la Ruta 7. Hay dos gendarmes imputados, pero no es aún un estado de sospecha. Los imputaron porque participaron del hecho y no se los puede interrogar como testigos. Siguen investigando todas las hipótesis, especialmente crimen, o suicidio.

Será ésta una semana clave en la investigación de la muerte de Andy García Campoy (20), el adolescente que murió de un balazo en la cabeza en un control de Gendarmería el viernes trece entre las tres y las tres y media de la tarde, y de quien se dijo –en un primer momento- que se había suicidado. No se ha determinado aún si estamos ante un crimen o un suicidio y las pericias recolectadas hasta el momento no resultan concluyentes, por lo que hacen falta el resto de los estudios balísticos y tecnológicos. Y completar los testimonios.

La familia y los abogados querellantes mantienen sospechas respecto de la mecánica del hecho y de cuanto ocurrió esa tarde en el control de Gendarmería. Recordemos que de acuerdo a la versión que sostuvieron los gendarmes, el chico se suicidó con su carabina Winchester cal. 22 Modelo 1890, un clásico de la marca que carga ocho tiros, luego de disparar un balazo al aire e increpar a los gendarmes, una versión que no cuadra de ninguna manera con el carácter de Andrés. A poco de andar, el fiscal provincial Jorge Calle caratuló la causa como homicidio agravado, se declaró incompetente y la envió a la Justicia Federal. Lo habría hecho bajo la presunción de que a Andy lo mataron con un balazo de 9 mm, algo que fue descartado casi de inmediato.

No obstante, el juez federal Walter Bento mantuvo la imputación sobre los dos gendarmes que pararon a Andy por el “Homicidio agravado” del chico García Campoy, aunque hay que decir que en la Justicia Federal, la imputación es un estado menor a la acusación respecto de la justicia provincial. Sólo significa que es posible que haya ocurrido un crimen, en tanto se interroga a los imputados y testigos y se recolectan las pruebas. Y era –dicen- la única chance del juez Bento de tener muy rápidamente un testimonio de los involucrados.

“El fiscal Calle lo que hizo fue caratular la causa como homicidio sin esperar pericias y suponiendo que al chico lo mataron con un arma 9 mm los propios gendarmes… es insólito, porque a la primera pericia se descubrió que esto no era así” dijo una fuente del caso. Es cierto: ya está demostrado que la bala que mató a Andy era calibre 22, muy probablemente de la carabina que llevaba en su auto nadie sabe por qué, y el barrido de metales dio negativo de residuos del disparo en las manos de Andy tanto como de los gendarmes, aunque en la justicia federal hubo quejas de “demoras” respecto de esta pericia, las que adjudicaron a la justicia provincial.

El caso de la muerte de Andy conmocionó. No sólo por ser un chico perteneciente a familias muy queridas de la Cuarta Sección de Capital y de San Luis, sino por la sola posibilidad de que haya sido asesinado, algo que aún está en debate. La investigación no está exenta de controversias. En la Justicia Federal los investigadores se quejan de que el fiscal Calle habría enviado pericias balísticas con una demora de cuatro días. “Los restos detectables en pericias de armas de fuego se mantienen unas horas en la piel y sólo unos pocos días en las ropas…” dijo un allegado a la causa. La versión es compleja: uno de los testigos que declaró en la causa dijo que vio entrar las armas a la fiscalía de Calle cuando estaba por declarar y a pocas horas de la muerte del chico. “Traían la carabina de Andy y cinco pistolas… envueltas en papel de diario… increíble…” graficó.

La versión oficial –la que dieron los gendarmes- de la muerte del joven dice que ambos uniformados estaban en un control vial en el momento de parar a Andy para hacerle los controles de rutina de cualquier automovilista. Contaron que el chico frenó cerca de la casilla de Vialidad Nacional que Gendarmería usaba como “oficina”, cocina y baño que fue removida al día siguiente, y que desde adentro del Peugeot 504 el joven profirió amenazas, y dijo algo así como “¡Mirá lo que tengo para vos!” y disparó un tiro de su carabina Winchester Cal. 22. Los gendarmes contaron que se “dispersaron” por el disparo, y que desde lejos oyeron otro tiro, con el que supuestamente Andy se disparó para matarse en la parte trasera de su propio auto. Los dos hombres de Gendarmería sostuvieron su versión ante los fiscales. Un grupo de penitenciarios pasaba circunstancialmente hacia San Rafael y pararon a socorrer. Así lo informaron por radio policial cerca de las 15:45 de aquel viernes 13. Uno de ellos, contó una fuente, intentó socorrer a Andy porque “todavía presentaba signos vitales”, y fue el que arrojó la carabina fuera del auto. Ese detalle explica por qué el arma de Andy estaba unos dos metros afuera del vehículo cuando llegó la Policía Científica.

De todos modos, las dudas sobre el hecho persisten. Las principales tienen que ver con el propio carácter de Andy –un chico querido, contenido, afable, trabajador, estudioso y con proyecto de vida que hacen virtualmente imposible su suicidio- y con la posición del balazo, que no fue en la nuca como se sostuvo en algún medio, sino sobre el hueso temporal derecho y por detrás de la oreja, una “posición igualmente insólita para suicidarse” dijo una fuente legal del caso.

 

En el caso de que haya sido un crimen y los gendarmes fuesen culpables, les cabría prisión perpetua por su condición de integrantes de fuerzas de seguridad.

 

Restan varias pericias por hacer, entre ellas las tecnológicas. Las pruebas sobre las llamadas de Andy que la empresa Movistar debe entregar aún no están listas. Es vital analizar el cruce de llamados, para ver si tuvo algún contacto para vender el arma, algo que había intentado hacer en marzo y no más tarde. De todos modos, en esa mañana ninguno de los miembros de su familia que trataron con él le vio hacer llamadas o intercambiar mensajes con persona alguna. Aún es un misterio por qué el joven se trasladaba por la ruta 7 hacia la cordillera con su carabina a bordo, sin haber avisado antes a ningún miembro de su familia. La computadora familiar que usaba Andy –además- fue incautada por la Policía Federal a pedido del juez el viernes último, dos semanas después de la muerte del joven.

Las pericias conocidas hasta ahora no permiten arrojar conclusiones definitivas. El jueves a la una y media de la tarde se supo que el barrido de metales, una prueba para detectar residuos del disparo, había dado negativo tanto en las manos de Andy como de los dos gendarmes imputados. Se trata del estudio solicitado para determinar si alguna de las personas que estuvieron al momento de la muerte del joven, accionó un arma de fuego o incluso si el propio chico lo hizo para suicidarse, como se dijo en un primer momento, utilizando la carabina 22 que tenía en su poder. Sin embargo, esta prueba es finalmente relativa por dos razones: la antigüedad de la carabina (¿puede no haber arrojado residuos?) y el tiempo transcurrido hasta la prueba, de lo que se quejan en el juzgado federal.

Ahora, todas las pericias estarán focalizadas en establecer la mecánica de la carabina que quedó secuestrada por la justicia y la que será sometida a varias pericias de balística para establecer ángulo de tiro, trayectoria del disparo, posición del tirador (si lo hubo), y otros aspectos técnicos.

El último estudio indicó que la carabina sí fue accionada porque en su interior se encontraba la vaina que no apareció en la escena de la muerte. También se descartó muy rápido el uso de balas 9 mm como las oficiales de las fuerzas de seguridad. “Esas balas están recubiertas de latón, y lo único que se halló en las pruebas fue plomo” contó una fuente. Lo que sea que haya ocurrido, fue con la carabina de Andy.

Es muy poco lo que ha trascendido de la causa, sobre todo porque aún no se puede determinar qué pasó aunque las sospechas sobre dos de los gendarmes son mayúsculas. Pero en las últimas horas se agregaron varios datos, producto de los testimonios. Uno de los amigos de Andy, que estuvo con él en la noche anterior a su muerte, dijo en sede judicial que el joven fallecido solía decir que la carabina no andaba, y que la había “arruinado en un procedimiento de limpieza”. Otro testigo contó que un año atrás en San Luis, Andy habría tenido un incidente también con Gendarmes y también en la ruta 7, y también con un arma –corta- aunque no trascendieron mayores detalles de ese testimonio.

Esta semana el juez Bento seguirá recabando información mientras llegan pericias sobre las comunicaciones de Andy y el resto de la balística, y que los abogados de la querella que representan a la madre de Andy; Diego Lavado, Sergio Salinas y Lucas Lecour; accedan al expediente. A pocos días de la feria judicial, la investigación va contrarreloj para obtener conclusiones lo más pronto posible.

Colaboró: Melisa Stopansky