El poder de la vulnerabilidad: la lucha por la conexión
Estamos aquí para estar conectados, la conexión es nuestra razón de ser, es para lo que estamos aquí, es el propósito, lo que le da sentido a nuestra vida. De eso se trata, la conexión, la capacidad de sentirnos conectados, esto es lo más importante. Así es como estamos diseñados neurobiológicamente.
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La vergüenza es el miedo a la desconexión, el pensar que hay algo en mí que si los demás lo descubren, entonces no voy a ser digno de contacto. Es universal, todos lo tenemos. Nadie quiere hablar de esto, y cuanto menos hablamos de la verguenza, más la tienes.
Lo que sustenta esa vergüenza es: no soy lo suficientemente bueno (sentimiento que todos conocemos), y a la vez eso genera una vulnerabilidad insoportable, por esta idea de que para poder conectarnos tenemos que dejarnos ver, dejarnos ver de verdad.
Hay dos tipos de personas: por un lado está la gente que tiene una sensación de dignidad, un profundo sentido de amor y pertenencia; y por otro, los que siempre están luchando para conseguir esto, los que siempre se están preguntando si son lo suficientemente buenos. Solo hay una variable que diferencia a unos de otros, y es el sentido de amor y pertenencia que los hace sentir que son valiosos a pesar de sus defectos.
Lo que evita que nos conectemos es nuestro temor a no merecer la conexión. Las personas que se sienten merecedoras de esa conexión tienen coraje, compasión.
Permítanme definir las palabras coraje y compasión:
1. Coraje: proviene de la palabra latina ‘cor’ que significa corazón, y la definición original era contar la historia de quien eres con todo tu corazón. Esta gente simplemente tiene el coraje de ser imperfectos.
2. La compasión: ser amable primero con contigo mismo y luego con los demás, porque no podemos practicar la compasión con los demás si no nos tratamos amablemente a nosotros primero.
3. Tienen conexión, como resultado de su autenticidad. Están dispuestos a dejar ir la idea de quien deben ser para ser quienes son, lo cual has de hacer absolutamente para tener conexión.
Lo otro que tenían en común era la vulnerabilidad, la abrazan totalmente. Ellos creen que lo que les hace vulnerables los hace hermosos. No hablan de la vulnerabilidad como algo cómodo o insoportable, sino necesario. Hablan de la voluntad o disposición de decir ‘te amo’ primero, la disposición a hacer algo sin garantías, de la disposición a seguir respirando a la espera del resultado de una mamografía, de invertir en una relación que puede o no funcionar..,, piensan que esto es fundamental.
Vivir es aceptar la vulnerabilidad y dejar de controlar y predecir.
La vulnerabilidad es el núcleo de nuestro miedo y vergüenza y nuestra lucha por la dignidad, pero parece ser también el punto de partida de nuestra dicha, nuestra creatividad, de la pertenencia, del amor.
Podemos entumecer, callar, ocultar nuestra vulnerabilidad, pero no podemos adormecer selectivamente una emoción, y decir: aquí está lo malo, aquí está la vulnerabilidad, el temor, la vergüenza, el sufrimiento, la decepción. No quiero sentir esto, me voy a ir de fiesta o como algo rico, etc.. No puedes adormecer estos sentimientos duros sin adormecer las otras emociones o afectos, no se puede hacer selectivamente. Cuando adormecemos éstos, adormecemos también la alegría, la gratitud, la felicidad. Y entonces nos sentimos miserables y nos ponemos a buscar el propósito y el sentido de nuestra vida, y luego nos sentimos vulnerables y hacemos algo para compensarlo, y entramos en un círculo vicioso..
Otra cosa que hacemos es tratar de convertir lo incierto en cierto. Queremos certezas y solo certezas. Y cuanto más vulnerables somos más miedo tenemos. La culpa es un modo de descargar el dolor y la incomodidad, Intentamos perfeccionarlo todo, a nosotros mismo, nuestro trabajo, A nuestros hijos también intentamos perfeccionarlos, al menos ése es el mensaje. Tan solo podríamos decirle: “mira, eres imperfecto y vas a tener que luchar, pero eres digno de amor y pertenencia”
Además, hay otra cosa: permitirnos que nos vean, que nos vean en profundidad, con nuestra vulnerabilidad, amar con todo nuestro corazón aunque no haya garantías, practicar la dicha y la gratitud en momentos de temor y decir: estoy agradecida, porque sentir esta vulnerabilidad significa que estoy vivo.
Y lo último y más importante: creer que somos suficiente. Porque cuando actuamos desde un lugar que dice: “soy suficiente”, entonces paramos de gritar y empezamos a escuchar, somos más considerados y amables con la gente a nuestro alrededor y más amables y considerados con nosotros mismos.
(*) Psicóloga infanto juvenil y de familia

