El mejor libro de autoayuda será el que nunca se escriba
Cualquiera podría haber pensado que a partir de lo que pasó el domingo, un debate podía llegar a dispararse. Pero no, no pasó nada, no pasó de ahí, se quedó en el cierre típico que Mirtha Legrand, a lo Legrand, le da a la mayoría de los temas urticantes que la ponen en jaque.
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Por si no se enteraron (como yo, que me enteré el lunes por el diario), Legrand invitó a su programa a Pilar Sordo, la psicóloga chilena que se ha hecho famosa escribiendo libros de autoayuda, y mientras se desarrollaba la transmisión, Carolina Aguirre, autora de la tira Guapas, dijo, a través de redes sociales, que Sordo es “una reaccionaria, meteculpas, machista y homofóbica, que odia todo lo diferente. No es inofensiva. Es un peligro”.
Esto generó un breve diálogo en la mesa de Legrand, que terminó con un gesto al menos agresivo, que consistió en romper el papel en el que le habían hecho llegar lo que decía Aguirre y pedirle a la producción que no le pasaran ese tipo de mensajes.
Punto final para la historia. El debate no se produjo más que a nivel mediático, es decir, las palabras de Aguirre y la respuesta de Sordo estuvieron el lunes un rato en los medios de comunicación, pero de profundizar en el tema no hubo nada.
Pero, ¿es necesario debatir sobre esto de la autoayuda?
Por supuesto que sí, porque en una época en la que el individualismo se plantea como uno de los grandes problemas de las sociedades consumistas, que proliferen este tipo de libros en los que se potencia la convicción de que el otro tiene la responsabilidad de todo lo que me pasa y de que conmigo basta para vivir es al menos suicidad, socialmente hablando.
La idea que se sustenta desde los libros de autoayuda es, por lo general, que con un ejercicio de introspección parcial (hastá ahí nomás, no mucho, no vaya a ser cosa de que nos autocuestionemos en lugar de autoayudarnos) y el aprendizaje de memoria de un par de frases plenas de lugares comunes (para repetir cada vez que la situación lo amerite) ya todos nuestros problemas estarán solucionados.
Lo que no dicen los libros de autoayuda es que sin el otro no hay solución posible para ningún problema.
Un texto que se pretenda de autoayuda debe ser de lectura rápida y estar lleno de ideas simplistas que se asemejen más a eslóganes de publicidad que a conceptos a partir de los cuales cuestionarnos y reflexionar. No hay planteos profundos en los libros de autoayuda. Por el contrario, son una piscina hecha a la medida del lector, con agua a la temperatura justa en la que el autoayudado puede bañarse, sabiendo que no va a pasar frío ni calor y que de ninguna manera corre el riesgo de ahogarse.
Esto, por supuesto, las editoriales lo saben, de la misma manera en que saben que un material liviano como el de la autoayuda se vende como pan caliente, sencillamente, porque dice lo que una persona que no es capaz de revisarse y reverse quiere escuchar: que no es responsable de nada de lo que le pasa porque es una con el universo, son los demás los que invaden su espacio vital, así que si no es sola, no se salva.
Los autores de autoayuda convencen a sus lectores de que la única forma de vivir es en soledad, fomentando el individualismo extremo, para lo cual, por supuesto, es necesario reproducir modelos relacionales que enseñan a prescindir del otro.
En definitiva, el mejor libro de autoayuda será aquel que nunca se escriba.
El tono del ataque de Aguirre a Sordo era personal. Los anatemas que la guionista escribió tenían un destinatario claro, pero esto hubiera servido, como dijimos, para disparar el debate sobre los libros de autoayuda. Pero eso no sucedió, porque los que fomentan este tipo de publicaciones y creencias propias del siglo XXI no tienen nada que perder, pero sí mucho (dinero) que ganar.
Alejandro Frias

