La preferencia por el alcohol puede transmitirse prenatalmente
“Es un fenómeno muy general que se da con la comida también. Por ejemplo, si la madre consume una comida muy picante durante el embarazo, el niño va a estar más predispuesto a comer esa comida. Es por la familiaridad que se produce cuando estas sustancias, que atraviesan la barrera placentaria, llegan al líquido amniótico, estimulando el sistema gustativo y olfatorio del feto. Sabemos que las dietas se transmiten prenatalmente; todo esto se encuadra en un concepto que se denomina ‘programación perinatal’. Hoy entendemos que el feto es mucho más complejo y activo que lo que se pensaba en el pasado”, explica Juan Carlos Molina, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba e investigador principal del Conicet.
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“Ahí empezó a hablarse de nuestro grupo como el que había descubierto una programación perinatal de tipo farmacológica”, remarca Molina.
La investigación en humanos
Para investigar estos efectos en humanos, la doctora Ana Faas, en ese entonces becaria del grupo, inició un estudio en convenio con el equipo de Neonatología de la Maternidad nacional. Lo que hizo Faas fue codificar movimientos de un bebé recién nacido y diseñar un estudio muy sencillo, en el cual se tomaron dos grupos de mamás: uno en el que las madres habían consumido eventualmente alcohol durante el embarazo y otro grupo en el que las madres no habían consumido nada de alcohol.
“Nacieron los bebés y ninguno tenía un síndrome fetal de alcohol o un problema neurológico. Lo que hicimos fue controlarlos a las 24 horas cuando les hacen la evaluación pediátrica. Los poníamos en una cuna térmica, en la situación menos invasiva posible, y poníamos una videocámara. Les presentábamos un hisopo con un poquito de alcohol y uno con limón, y veíamos sus reacciones. El resultado fue que los bebés de madres con consumo moderado reconocen el alcohol e inmediatamente su reactividad comportamental es distinta a la de bebés cuyas madres no consumieron nada de alcohol”, explica Molina.
Los investigadores aspiran a que este tipo de evaluación no invasiva pueda llegar a ser un método de diagnóstico muy temprano de la eventual exposición prenatal al alcohol. “Que la enfermera dentro de la rutina de pruebas que les hacen a los bebés les acerque también un hisopo con alcohol para ver la reacción y si ve que el sujeto reacciona significativamente, se pueda indagar luego qué pasó ahí con la madre”, dice Molina.
Esta detección tendría gran importancia en el tratamiento temprano de distintas patologías asociadas al consumo materno moderado. “Por ejemplo, el síndrome de hiperactividad y déficit atencional que muy comúnmente se detecta en edad escolar puede ser producto del consumo de alcohol por parte de la madre durante el embarazo. Si uno puede detectarlo en forma temprana e intervenir podría ayudar a mejorar el desempeño futuro de estos chicos. También hay ciertos rasgos faciales, rostros parecidos a los que indican síndrome de down, que muchas veces no se sabe a qué remiten y pueden tener que ver también con esos consumos. Si estos chicos son detectados a tiempo, se los puede estimular más temprano y así tener resultados mejores antes”, explica Abate.
Por todo esto, los investigadores afirman enfáticamente que durante el embarazo la recomendación es siempre alcohol cero, “no hay una dosis de alcohol permitida en el embarazo y tampoco en la lactancia”, remarcan.

