La increíble historia de los nazis en América
La historia comienza en 1915, con la fuga de Wilhelm Canaris de Chile y se extiende hasta ya entrada la década de 1990. A lo largo de esos años, el nazismo se hizo fuerte en Alemania, invadió buena parte de Europa, tendió sus tentáculos de negocios y crímenes a varios países del mundo y siguió siendo parte de la Historia en buena parte del mundo.
América latina no fue la excepción. Por el contrario, se convirtió en una suerte de paraíso para muchos criminales de guerra que encontraron en estas tierras no sólo un hospedaje amable y u territorio en el que seguir haciendo negocios, sino también la protección de gobiernos, tanto democráticos como de facto.
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La historia de la red alemana que en 1915 se comenzó a tejer en América latina y de su utilidad tanto durante la Segunda Guerra Mundial como (especialmente) una vez finalizada esta parece por momentos una película de espías. Pero no es ninguna película, y lo peor de todo es conocer detalles de cómo esos nazis que llegaron hasta América, en muchos casos, colaboraron con gobiernos locales (el argentino, el boliviano, el chileno...), pero también con otros, como en el de Estados Unidos, que reclutó a varios criminales nazis para sus tareas de espionaje (amén de que de sus cárceles se escaparon tantos de ellos que resulta más que sospechoso).
Camarasa y Basso Prieto también ofrecen detalles de la relación entre Perón y el nazismo, tanto que algunos de los criminales alemanes trabajaron para él y su gobierno, e incluso ponen al descubierto importantes depósitos en efectivo “a nombre de la conocida actriz de radioteatro María Eva Duarte Ibarguren”.
Estrechos colaboradores con los gobiernos militares, dueños de propiedades usadas como centros clandestinos de detención, empleados de estancieros para lograr más reproducción vacuna, traficantes de armas, protectores de narcomilitares... El abanico de actividades ilegales o disfrazadas de legalidad en el que se desempeñaron les permitió lograr los favores de políticos y empresarios locales, y hasta de la justicia, que en casos particulares negó infinidad de veces las extradiciones.
Adolf Eichmann, Josef Mengele, Klaus Barbie, Walther Rauff, Friedrich Schwend, Erich Priebke... Experimentadores sobre cuerpos humanos vivos, inventores de sofisticados sistemas para matar en masa, asesinos que mandaron a las cámaras de gas a niños, ladrones, traficantes, falsificadores, espías, delatores. La gama es amplia, y los autores de América nazi logran exponer cómo, gracias a una compleja telaraña de relaciones (beneficiadas por el dinero, los intereses particulares y hasta por las afinidades ideológicas), estos criminales hallaron en el subcontinente un lugar en el que pudieron sentirse, en la mayoría de los casos, protegidos, incluso hasta usando pasaportes expedidos por los gobiernos.
América nazi cuenta una dolorosa historia que es necesario conocer.
Alejandro Frias