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Alta Performance y calidad de vida: Mudanzas de crecimiento

La mudanza como una oportunidad más allá del estrés y la crisis.
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 El pasado fin de semana realicé mi mudanza formal número diez en los últimos 18 años. Con pereza para armar las cajas, guardar la ropa y cargar las cosas, pero con una sensación familiar de que comienza una nueva etapa. Hubo, entre una y otra, cortos momentos de estar temporalmente viviendo “de visita” en casa de amigos, similares al que estoy experimentando ahora.

La idea de mudanza tiene tantos aspectos agradables, que nunca sentí que “cambiarme” de casa o de ciudad fuera algo negativo, ya que siempre obedeció a decisiones tomadas con planes y expectativas de algo mejor y, la mayoría de las veces, esos planes se concretaron superando incluso lo previsto. Reflexionando, se me ocurrió que tal vez esa cantidad de traslados de vivienda -y a veces de ciudades- puede transmitir una sensación de inestabilidad, pero en mi caso siempre hubo ansias de crecimiento y nunca decisiones impulsivas. Suelo ser miedosa para realizar cambios, pero a pesar de mi ritmo lento pude actuar en coherencia con mis sueños.

Así, hago un balance y observo que cada partida de un hogar hacia otro generó en mí varias transformaciones, algunas casi imperceptibles incluso para mí misma. Otras, mucho más notables. Y lo que más rescato es el reciclaje material, emocional y mental en todo el proceso de “levantar los bártulos” de un lado y llevarlos al otro. Casi como una sensación de cambio de piel.

Pienso en personas que a veces no se animan a cambiar cosas mucho más pequeñas, y que tal vez guardan, en esa posibilidad, una verdadera renovación de sí mismos. Sería genial que al menos hicieran el intento.

 Por Natalia Aramburú , directora de la sede Mendoza del Método DeRose