Tonga: 15 años, dos homicidios y varios robos
El “Tonga”, el principal sospechoso de asesinar a Gustavo Pelegrina en la emboscada mortal del 26 de diciembre pasado en la final de futsal disputada en el Poliguay, en Guaymallén, está pronto a quedar libre y no por falta de pruebas: su corta edad lo hace “inimputable” frente a todo delito que cometa.
Varios testigos lo relacionan con el caso porque lo vieron en el Poliguay esa noche, aunque él lo niegue e incluso haya declarado frente a la fiscal a cargo del caso, Claudia Ríos, que no tenía armas y que no sabe cómo usarlas.
Una mentira que salta a la vista con solo visitar su Facebook, donde comparte fotos portando pistolas automáticas y escopetas. Imágenes que servirán al personal de investigación para comparar las armas que portaba con los resultados de las pruebas balísticas, según informaron fuentes policiales.
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A su vez, en medio de su declaración y en un intento de desligarse del asesinato, el acusado reveló otro nombre. El delatado fue Leonardo Sosa, un joven de 19 años, señalado como uno de los participantes del ataque a los hinchas, a quienes querían quitarles los bombos de la Lepra como trofeo de guerra. Sin embargo, a Sosa otros testigos lo acusan de darle la orden de disparar al “Tonga”.
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En su prontuario carga con varios asaltos, algo de lo que ostenta en su cuenta de Facebook, y dos cargos más por homicidio.
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Analizar el caso del “Tonga” es poner en la mira a miles de chicos que, como él, juegan con armas desde pequeños y crecen en la marginalidad, donde el valor por la vida propia y ajena no existe. La expectativa de vida es corta y agitada, porque nadie sabe cuándo le puede tocar el disparo o puntazo final. Un ajuste de cuentas, un “trabajo” mal hecho, una bala perdida o un enfrentamiento con la policía puede pasar cualquier día.
Sobre la familia del “Tonga” poco se sabe. La calle los adopta y los amigos de fierro terminan siendo más fuertes que toda escuela o familiar que quiera ayudarlos a salir del circuito y optar por una vida distinta. Las aspiraciones y motivaciones son otras, no se proyectan en un trabajo, sino tomando lo que necesitan en el momento y aprovechando el día a día, lo único certero que tienen, como lo explicó el "Tonga" en un texto que publicó en su muro de Facebook días atrás:
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Criarse en la marginalidad, en la violencia y la delincuencia, y entender la vida como un constante enfrentamiento. Llevar un arma como símbolo de poder, sabiendo que solo así serán capaces de doblegar a cualquier otro ser, a la fuerza y sin razonamiento o lógica mediante. Así es la vida de muchos de estos jóvenes, que terminan presos de un círculo del que después no pueden, no saben cómo, o no quieren escapar.
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Sus enemigos: la policía y los pibes de bandos opuestos. Su poder: tener armas. Su límite: perder la vida
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