El departamento de Amado Boudou en el edificio River View estuvo habitado en 2010 y parte de 2011 por quien justo para esa época desembarcaba al frente de la empresa Ciccone.
Según recuerda Infobae, se sospecha que Alejandro Vandenbroele, el habitante del departamento, es testaferro de Boudou y en condición de tal se quedó con la fábrica de hacer billetes. Boudou y Vandenbroele niegan conocerse. A pesar de que Vandenbroele dormía en el edificio, se zambullía en la pileta, recibía a su familia, pagaba el cable, el teléfono, las expensas y el servicio de internet, insiste en decir que no conocía a Boudou. La coartada presentada en combinación por las defensas de Boudou y Vandenbroele en el caso Ciccone -aunque no se conocen sus abogados arman estrategias en conjunto- es que el inquilino del lugar le prestaba la locación al hombre que comenzó a dirigir la imprenta Ciccone.
Ese misterioso inquilino es Fabián Carosso Donatiello, abogado, amigo de Vandenbroele, que no pisa la Argentina desde enero de 2009, tal como lo muestran los registros de la Dirección Nacional de Migraciones. Es decir que Carosso Donatiello no estuvo por acá pero igual le alquiló el departamento a Boudou. Sigue en Madrid y guarda prudente silencio.
El juez Ariel Lijo, a cargo de la investigación del caso Ciccone, mandó un exhorto a España para que las autoridades de ese país ubiquen a Carosso Donatiello y le pidan el contrato de alquiler que, supuestamente, firmó con el vicepresidente. Es que después de un año y cinco meses de iniciada la investigación judicial en la que Boudou está imputado por negociaciones incompatibles con la función pública, el contrato jamás apareció.
De haber aparecido se habría caído una de las sospechas que encienden el caso: que Boudou y Vandenbroele se conocían y por eso una ignota empresa llamada The Old Fund llegó a quedarse con el negocio de imprimir los billetes. Carosso Donatiello también tendría que explicar cómo pagó mes a mes el alquiler del departamento de Boudou. Vandenbroele en cambio tiene una relación admitida con José María Núñez Carmona, socio y amigo de Boudou. Pero a Boudou no lo conoce. Y eso, para la estrategia de defensa del vicepresidente, no lo acerca a los que se quedaron con la imprenta que luego fue expropiada -en medio del escándalo de corrupción- en nombre de la épica kirchnerista de la “soberanía monetaria”.