Prostíbulo VIP: horas de definición
El expediente que investiga el prostíbulo VIP capitalino desde fines de abril —más conocido como “el 1114”— está a punto de ingresar en etapa de definiciones. Se trata de la voluminosa causa judicial que mantiene tras las rejas a media docena de protagonistas de una historia que la justicia disparó desde Buenos Aires y que llevó a cerrar las puertas del burdel más célebre de Mendoza.
¿Es el funcionario el techo de la investigación judicial? ¿Hay algún responsable por sobre el inspector?
Las fuentes municipales admiten que, por sobre este, aparece clara la figura del director de Comercio e Inspección General, Carlos De Pasquale y, por carácter transitivo, de su cuñado, el intendente Víctor Fayad.
“Habrá definiciones antes de la feria judicial”, había dicho la semana pasada a MDZ el fiscal Fernando Alcaráz. En las últimas horas, intentó aclarar ese concepto: “Ojo, es solo intuición de mi parte”, dijo.
Más allá del “sexto sentido” del funcionario, otras fuentes consultadas por este diario coinciden con su corazonada: entre hoy y mañana el juez Walter Bento definiría la situación de los detenidos.
“No voy a confirmar ni desmentir la versión”, dijo el magistrado a MDZ con cierta incomodidad. “Yo hablo a través de mis fallos, nada más”, aclaró Bento ante la repregunta periodística.
De paso, aprovechó para aclarar que el expediente no ostenta ninguna lentitud, como publicó MDZ hace unos días: “Es una causa compleja y muy amplia, no se puede resolver rápidamente. Debo tomarme mi tiempo antes de tomar una decisión”, advirtió. No obstante, hay un dato que no es menor:
Fue el propio fiscal Alcaráz el que reconoció la falta de rapidez a la hora de definir la suerte de los detenidos.
Como sea, en las próximas horas Bento refrendará con su firma el destino de los que hoy purgan detención en el marco de una de las causas más escandalosas que tocó vivir a la provincia de Mendoza.
¿Confirmará el juez los rumores municipales? ¿Fallará de manera dividida, inculpando a unos y exculpando a otros?
Más allá de las posibles respuestas a ambas preguntas, una cosa es clara: nadie en estas horas cree que la responsabilidad del funcionamiento del prostíbulo VIP llegue apenas hasta el umbral de los desaguisados de un desdibujado inspector comunal.
Peor aún: mientras estas líneas terminan de escribirse, media decena de burdeles siguen operando en Mendoza con una impunidad que espanta.
